Cerca del cielo II: terrazas

Por Juan Carlos Vicente.

Ajardinar una terraza admite muchos complementos. Desde jardineras en el perímetro o frontal, celosías, vallas, macetas aisladas o incluso conjuntos de muebles para jardín. Todo dependerá de las dimensiones de que dispongamos.

Lo primero que debemos plantearnos es el uso que le damos a la terraza. ¿Hacemos vida en ella? ¿Tenemos armarios, bicicletas u otros objetos voluminosos? ¿Colocamos un tendedero que ocupa gran parte de la misma y llenarla de macetas o mesas y sillas sería poco práctico? Estas son las preguntas básicas que debemos hacernos antes de iniciar un proyecto de ajardinamiento en una terraza. Una vez que tengamos claro el uso que hacemos y que haremos del espacio, empezaremos a considerar las posibilidades reales de que disponemos.

En las terrazas estrechas, lo ideal es aprovechar el espacio hacía fuera, es decir: jardineras que se puedan colgar de la barandilla y en las que la plantación este fuera del espacio que ocupamos físicamente. En caso de que no podamos o no nos guste, optaremos por jardineras y macetas de porte cuadrado y rectangular, ya que las formas redondas ocupan un mayor espacio y son difíciles de integrar unas con otras formando un conjunto compacto.

La elección de las jardineras y macetas es algo muy personal, pero hoy en día tanto en resina como en fibra, hay modelos que desbancan en originalidad y calidad a los pesados y clásicos contenedores de terracota y cerámica. Además las composiciones que podemos realizar con macetas rectangulares, cuadradas, cubos con diferentes alturas, etcétera, son más que interesantes.

En los pequeños espacios que no sean de paso y no usemos, podemos colocar macetas aisladas (aquí sí podríamos decantarnos por macetas redondas o cilíndricas) ya sea con plantas o naturalezas muertas (cañas de bambú barnizadas, planta artificial e incluso fuentes de porte pequeño).

Una vez que hayamos elegido las macetas o jardineras, comenzaremos con el llenado de las mismas. Hay que considerar siempre, antes de acometer un jardín, los accesos que tenemos al mismo. En este caso, lo más habitual es que para llegar a la terraza tengamos que atravesar la vivienda, esto significa que tendremos obstáculos por medio, tales como: sofás, mesas, muebles, etcétera. Haremos lo más accesible y diáfano posible la zona que sea nuestro recorrido, ya que las macetas, plantas y el llenado de las mismas, estará formado por objetos que pesen y de un volumen que debemos considerar.

Las jardineras o macetas hay que llenarlas de tierra y dotarlas de un buen drenaje que evite el encharcamiento y la aparición de hongos o Sciara, para ello usaremos sustrato y arlita, descartando la tierra vegetal y la grava, dado que el peso es mayor y se manipulan peor. La arlita que usaremos será específica de jardinería, que no es la misma que se usa como aislante o drenaje en construcción (obra). Este dato es importante ya que el PH de la arlita de obra es muy elevado, lo que acabaría afectando a las especies que plantásemos provocándolas la muerte. El sustrato que elijamos debería ser un sustrato universal que contenga perlita, para facilitar el drenaje y la aireación. Si la plantación estuviese formada por plantas como las hortensias, camelias, azaleas o rododendros, podríamos utilizar un sustrato más ácido, aunque si no lo hacemos, ese detalle podemos corregirlo equilibrando el PH y la conductividad mediante el abonado. En maceta abonaremos siempre de forma líquida. Los abonos sólidos como el mantillo, guano, entre otros, acaban perdiéndose rápidamente por el drenaje, y los granulados de liberación lenta suelen necesitar una mayor cantidad de agua para disolverse correctamente.

La elección de las especies debería considerar la orientación de la terraza, las horas de luz y la altura de la vivienda. No es lo mismo una terraza en un primero que una en un octavo. La del primero recibirá menos luz, sobre todo si hay enfrente otros edificios a corta distancia o hablamos de patios interiores. Aun así, en ambas nos encontraremos con que cada cierto tiempo, y si es posible, deberemos girar las macetas para que las plantas reciban la misma cantidad de luz por todos los lados. Aunque pueda parecer un trabajo pesado, es la única manera de conseguir que el porte de nuestras plantas esté compensado.

Lo ideal sería utilizar especies que funcionen sin la necesidad de una exposición total y constante al sol. Deberíamos considerar plantas como: las acidófilas antes nombradas, Pieris, Pytosporum, Phormium (solo como ejemplar aislado), Euonimus (cuidado con los hongos y el agua sobre la superficie foliar), Rosamarinus Postratus, Lavándula, Callistemon o coníferas de porte pequeño (por ejemplo, Thujas nana). Por supuesto, la planta ornamental de temporada no de debe faltar para dotar de color y vivacidad a nuestro jardín, ya sea en composiciones exclusivas o combinadas con los arbustos antes citados, al igual que las aromáticas que posteriormente utilizaríamos para cocinar.

Podríamos considerar el utilizar algún árbol en porte muy pequeño, pero lo cierto es que a la larga, la utilización de árboles en terrazas techadas acaba dando más problemas que alegrías.

Tampoco recomiendo la utilización de enredaderas de crecimiento muy rápido (hiedra, glicinia, madreselva, parra virgen), y mucho menos si crean raíces aéreas para su sujeción o son de hoja caduca. Si nos decantásemos por alguna enredadera, cualquier falso jazmín (Rincospermun, Trachelospermun) será mucho más fácil de mantener.

El riego lo realizaremos por medio manual o automático. Si disponemos de un grifo en la terraza, lo ideal es colocar un programador de pilas para la instalación de un riego por goteo o micro difusión. En ambos casos deberíamos tener platos para recoger el agua sobrante del riego, y así evitar que nuestro jardín sea un problema para nuestros vecinos de los pisos situados en plantas inferiores.

Otras ideas podrían ser el forrar la pared interior de la terraza por medio de celosías, o a la contra, si disponemos de una terraza grande y ancha, colocar las celosías en el frontal. Todo depende del tiempo y el presupuesto que queramos dedicar a nuestro jardín.

En el próximo artículo hablaremos y ajardinaremos un ático, viendo que, a mayor espacio, mayores son las posibilidades de creación.

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