MI VIAJE . JORDI TUÑÓN

Por Melania Santamaría

 

Jordi Tuñón en La Muralla China

¿ Cuál es el viaje más apasionante que ha hecho ?

Sin duda de todos los viajes que he hecho el más apasionante, por lo diferente que fue, por la sensación de encontrarte “en otro planeta”, fue el mes que pasé recorriendo China.

P. ¿Qué lugares visitó?

El viaje empezó en Hong Kong, siguió en Shangai, después en Xi’an y finalmente Pekín. En cada uno de esos lugares pasamos una semana.

P. ¿Lo mejor del viaje?

Lo mejor del viaje fue la continua sensación de sorpresa, la cantidad de cosas que te descolocaban. Como he dicho antes, tienes la sensación de estar “en otro planeta”. Antes de ir a China había recorrido casi todas las capitales y grandes ciudades europeas, había visitado Estados Unidos en alguna ocasión y, como en todos los viajes, disfrutar mucho y descubres un montón de cosas nuevas. Pero en ninguno de ellos había dejado de tener la sensación de “estar en casa”. Sin embargo, en China, hay costumbres tan diferentes, los sabores, los olores, la arquitectura… pasear por las calles de Hong Kong o de Pekín, probar su gastronomía (la auténtica, nada que ver con los “restaurantes chinos” de España), hablar con sus gentes… eran experiencias increíbles.

P. ¿Cómo fue el recorrido?

Salimos de Barcelona e hicimos escala en París antes de llegar a Hong Kong. En total, 14 horas de avión. Por favor, que alguien invente el teletransporte ya, que al final no sabes dónde meterte en viajes tan largos. Aterrizamos en Hong Kong y el primer gran impacto nada más bajar por la escalerilla del avión es el sofocante calor. Era verano y tenías la sensación de estar en un horno. La temperatura superaba por poco los 30 grados, pero lo peor es la inmensa humedad del ambiente. No os exagero nada si os digo que siente como si varios secadores de pelo de aire caliente te estuvieran apuntando a la cara y a todo el cuerpo constantemente. Hong Kong es lo más “europeo” de China. No en vano fue colonia inglesa durante mucho tiempo. El Skyline de esta fascinante ciudad no tiene mucho que envidiar al de Nueva York, con edificios increíblemente altos.Como todo en China, es una ciudad de tremendos contrastes, con barrios residenciales de gente adinerada, hoteles de lujo y restaurantes “fashion”, y también importantes bolsas de pobreza. La siguiente etapa fue Shangai, una ciudad fascinante a orillas del río Huangpu. El paseo a orillas del río es obligatorio si visitáis Shangai . Es una zona llamada “Bund”. Cualquier guía de viaje os informará sobre los imponentes edificios históricos que se encuentran a orillas del río. Frente al Bund está el distrito de Pudong, lleno de rascacielos, luces, neones.. te da la sensación de haberte colado en una escena de “Blade Runner”. Destaca un edificio que seguro habréis visto en fotos, películas… es la llamada “Perla de Oriente”. Salvando las distancias, se parece a nuestro “pirulí” televisivo que se haya en Madrid. Es una torre vertical, muy muy alta, con varias esferas sobresaliendo de su estructura. Vale la pena verla y, si podéis, cenar en lo más alto de alguno de los rascacielos colindantes a la perla. Si os gusta la moda, Shangai es una ciudad ideal para ir de “shopping”.

La siguiente parada fue Xi’an. Una ciudad pequeña comparada con Hong Kong o Shangai, con el atractivo de poseer el mayor museo del mundo: El de los guerreros de terracota. Estos guerreros fueron descubiertos en 1974 durante unas obras rutinarias. Con el tiempo han llegado a desentarrarse más de 7000, y el complejo en el que se exhiben ocupa varios kilómetros cuadrados.Extenderme aquí en la historia y significado de esos guerreros sería muy extenso, pero cualquier de los guías chinos que recorren ese museo os la explicará (encontraréis guías en inglés fácilmente y, si tenéis suerte, no es imposible encontrar alguno que hable español).

La última etapa de nuestro viaje nos llevó a la capital del país, Pekín. Es una ciudad increíble, llena de historia, con avenidas imponentes rebosantes de hoteles de lujo sólo a pocos metros de otras calles donde se puede observar la pobreza y miseria en la que viven muchos ciudadanos. Podría escribir mil folios sobre cosas que me sorprendieron de esta ciudad, pero os las podría resumir en unas pocas: en primer lugar , la gran sensación de seguridad. Pasearse por callejuelas escondidas de Pekín, donde ves a los niños beber agua de los charcos medio desnudos, no es nada peligroso.Al menos a mí no me lo pareció. Al contrario. Esas gentes viven en casas sucias y pequeñísimas que pueden verse desde la calle. Las puertas y ventanas siempre están abiertas y era frecuente girar la vista y ver a una familia china en un mugriento sofá viendo una vieja televisión, o cocinando algo en un camping gas. Al verte te sonreían e incluso te ofrecían compartir con ellos la cena. Como os he dicho hay muchísimos contrastes en Pekín, opulencia y miseria conviven a escasos metros de distancia. No dejéis de ir al “mercado de la seda”, donde un ejército de dependientes chinos os asediarán, hablando en todos los idiomas posibles, poniendo ante vuestros ojos todo tipo de productos (ropa, electrónica, comida, souvenirs, informática…) a precios realmente bajos comparándolos con los precios españoles o europeos. El regateo se convierte en un arte, en un deporte. Es realmente divertido, una experiencia única… pero id con cuidado no os timen dándoos gato por liebre.

P. ¿Cómo es el paisaje?

El paisaje en China es muy verde. Pese a que a menudo te encuentras en ciudades de millones de habitantes, siempre hay montañas, ríos, árboles y parques inmensos por todos lados. La arquitectura es muy variada, al menos en las ciudades que visitamos conviven casas que se caen a trozos, pequeñas y de baja altura, con modernos hoteles, bancos y edificios de oficina, signo del importante crecimiento chino de las últimas décadas.

¿ Qué idioma hablan?

Siento deciros que el inglés no está tan extendido como se puede pensar. No tendréis problema en encontrar chinos que hablen inglés en los hoteles, tiendas o centros comerciales principales o atracciones turísticas más importantes. Pero en la calle, en el día a día, no son muchos los ciudadanos chinos que dominen el inglés. Ni soñéis con encontrar a nadie que hable español (más allá de algún guía turístico). Pero dejaos llevar. Son gente muy amable y, teniendo en cuenta que los precios de los platos son muy baratos, seleccionar algo de la carta de un restaurante, aunque no sepamos demasiado bien qué estamos pidiendo, puede ser un reto divertido.

¿ Es posible ver sus ritos?

La religión es algo muy presente en China. Hay templos por todas las ciudades, auténticas maravillas desde un punto de vista arquitectónico.Conviven muchas religiones y es posible entrar en sus templos y participar de sus ritos si se quiere. Grandes Budas, enormes campanas, gigantescas “ollas” donde quemar incienso son parte del paisaje de las ciudades China.

¿ A qué huele?

Desde un punto de vista olfativo, China es, sin duda, el viaje más apasionante que he hecho. No sólo por su comida, sino por cómo huelen sus calles. China tiene un olor peculiar. Por todas sus calles se respira un aire diferente, unos olores a menudo fuertes a los que una nariz española o europea no está para nada acostumbrada. Si sois sensibles a los olores, id con cuidado. Es fácil doblar una esquina y que de pronto te venga un fuerte olor a comida, a especies o… a basura! Los malos olores, siento decirlo, son también comunes en las calles de China.

¿Regalaría su viaje?

Desde luego que sí. Le recomiendo a todo el mundo que visite China, que se pierda por sus calles y vea más allá de las atracciones turísticas. Son un pueblo muy amable, servicial y alegre.

¿ Por qué no volverías?

Si debo destacar algo malo… el clima. Pasear por Hong Kong en agosto es un gustazo para la vista, pero te sientes dentro de un horno y es casi imposible andar más de 45 minutos sin parar a descansar en algún lugar con mucho aire acondicionado. Pero me cuesta explicar algo malo de mi viaje a China, porque todo me pareció fascinante.

Una anécdota.

Me pareció curiosa la forma que tienen muchos ciudadanos chinos de mirar a los occidentales. Contrariamente a lo que podáis pensar, no hay demasiados occidentales por las calles de China. Los hay, obviamente, y en determinadas zonas o distritos muchos más, pero a menudo te sientes “observado” cuando vas por la calle. Para ellos eres una tarjeta de crédito andante, y es bastante común que te aborden para venderte algo, en la misma calle, o para pedirte dinero.

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