EL LADRÓN DEL CHESTER

Rafael Caunedo

Por Rafael Caunedo.

En el portal de mi casa había un sofá Chester espectacular. Tan chulo era que hace unas semanas desapareció. Alguien con muy buen gusto lo robó aprovechando un descuido del portero nocturno. Es la recurrente conversación de ascensor desde que tan aciago hecho sucediera en aquella noche en que el Barça volvió a ganar al Madrid y nadie quería salir de su casa, sólo los chorizos y algunos del Atlético.

Todos los vecinos estamos apesadumbrados, no por el hecho en sí, sino por el Chester. ¿Dónde estará nuestro querido Chester? El portal no es igual sin él. Ahí quedan las marcas de sus cuatro patitas sobre la moqueta. Sólo con pensarlo se me caen las lágrimas. ¿Será cuidadoso su nuevo ‘propietario’? Algunos vecinos han propuesto dar una recompensa a quien facilite información sobre su paradero. Dicen que pongamos carteles de ‘Se Busca’ en los periódicos. Otros más sensatos proponemos hacer una colecta entre todos para reponerlo. Aunque bien pensado, su falta es irremplazable. Queremos ése y no otro.

…el cuerpo del delito…

Yo, a veces, me sentaba allí a leer el periódico esperando a que bajara mi mujer. Lo del periódico era una medida disuasoria para que el portero no me diera conversación. Mi portero habla mucho, certificando así la bien merecida fama. Me encantaba el tacto suave del cuero. No es que tenga debilidad por lo british, pero debo confesar que el Chester está por encima de cualquier época, moda o tendencia. Un día, vi al portero atarse el zapato apoyando la suela sobre él. Creía que no lo veía nadie y cuando le reprendí se puso rojo del disgusto. No suelo ser así, pero la escena era francamente dolorosa. El Chester es como un hijo, le dije.

Y ahora, el pobre Chester…¿dónde andará?… ¿tirado en cualquier arrabal? Espero que no. Pilar Luccini, la del octavo E, ha empeorado de lo suyo. Su depresión ha entrado en depresión, depresión al cuadrado, y ha decidido no salir de casa hasta que aparezca el sillón. Y es que es un drama, estamos todos igual.

Al pobre portero nocturno le cayó una buena. El administrador de la finca, siguiendo las instrucciones de Fidel Ruisancho, el juez del segundo B, le ha apercibido. De momento sólo se trata de una medida de aviso y advertencia. Él, en quien recayeron en principio las primeras sospechas, no levanta cabeza. Se siente culpable, cosa que no me extraña, y recae en su conciencia todo nuestro disgusto.

Debo confesar que siempre he tenido una fijación muy especial con el Chester, incluso llegué a soñar un par de veces con su capitoné. Sé que estoy de psiquiátrico, mi mujer también lo piensa, pero cada uno es como es. Igual me pasa con el Real Madrid; me trastorna. Cada vez que hay partido me vuelvo loco. No me gusta ver como pierde. Por eso, aquel día en que el Barça volvió a hacerlo de nuevo, urdí con mi mujer y mis hijos un plan que nos resarciera de nuestra desazón. Esa noche, aprovechando que el portero estaba de ronda por el garaje, bajamos los cinco y nos subimos el Chester. Desde entonces nos peleamos por ver la tele sentados en él. Esta noche juega el Madrid la Champions…. espero que gane porque sino ya tengo echado el ojo a una mesa de acero y cristal de Norman Foster en el portal de unos amigos.