Benvenuti al Sud

 

Por Raúl Fernández de la Rosa

Una de las primeras cosas que uno aprende en Italia es que los billetes del transporte público no se compran en la Vettura. Nombre éste que no tiene exacta traducción en español, pero sí en francés: voiture. Automóviles o vehículos en general, todo aquello de estructura cerrada y que se mueva por sí mismo, más o menos. Luego, si uno habla italiano, recibe la enorme brecha que separa el norte y el sur; terroni –nombre de resonancia telúrica- e polentoni –de resonancia gastronómica-, en estricto orden inverso.

Gallipoli

La semana pasada estuve cenando en casa con unos amigos italianos. Todos eran del sur, Pugliesi o de origen. Algún invitado era natural de la ciudad donde vivo, Roma. El lugar desde donde el discurso cultural norte-sur es más extraño. Los del norte consideran a los romanos sureños y los romanos hablan de los meridionales sin incluirse entre ellos, pero tampoco se dicen del norte. El discurso es parecido al que podemos encontrar en España, pero mucho más radical.

Lo susodicho es una especie de introducción. Quiero hablarles del sur de Italia, concentrándome en  la zona más al Este: el tacón de Italia que pertenece a Apulia (la Puglia), lugar de origen -en sentido amplio- de mis invitados. Con el tiempo uno descubre que, en la gentil vida social italiana, abundan las conversaciones lingüísticas. ¿Por qué?

Pues porque de un pueblo a otro cambia la lengua. El idioma. Tantos hay, que concentrarse en una región como la pugliese es casi una locura. Así que centrémonos en una de las partes más bellas de Italia, destino turístico alejado de extranjeros, pero apreciado por los italianos. Il Salento, del Golfo di Taranto se divide entre dos mares, el Adriático y el Jónico, e inicia a ser península. A pesar de ser susceptible del pasto turístico en verano, aún hoy podemos ver auténtico ser telúrico: lugares, bailes, lugareños y sus lenguas.

Este pequeño tacón de tierra fue la entrada de los grandes griegos, pues está más cerca de Grecia y Albania, que de la mayoría de regiones italianas.

Por ello, por lo escrito más arriba y quizás por el conocimiento que alguno de ello tuviese, no es de extrañar que dentro de esta pequeña península se hable griego. Un griego denominado griko, que se escribe con caracteres latinos, si se escribe, y que tiene influencia del resto de lenguas que lo rodean, pero griego en toda su verdad.

Y claro, también se habla albanés, un dialecto llamado arbëreshë, una minoría étnica, si se quiere, que tiene un ilustre descendiente: Ernesto Sábato. Que también tiene un origen griego, la comunidad, quiero decir. Muchos conservan las tradiciones de los ritos greco-bizantinos. Por su puesto, también se habla dialecto salentino, que pertenece a la lengua siciliana.

Luego están los dialectos llamados de transición, mayoritariamente tres: tarantino, ostunese y cegliese. Que se forman en distintos grados de transición entre el dialecto salentino –siciliano- y el dialecto barés. Una locura. Lenguas que poco a poco cambian o incluso, sin ser seres vivos, llegan a morir. Pues se decidió hace tiempo, con la imposición de una lengua inventada (el italiano), que no daba mucha dignidad hablarlas fuera del ambiente familiar.

Quizás por ello, y porque la lengua inventada se basa en la literaria toscana y porque las Vetture (Vid. primer párrafo) se hicieron en el norte, el italiano del norte desprecia los modos del sur. Lo seguro es que, esta marabunta de lenguas que podemos encontrar en 5.000 km², la extensión de Salento, nos ilumina en el porqué de las conversaciones lingüísticas de los italianos.

Uno puede encontrar no sólo las ruinas de la Magna Grecia, sino su lengua. Un pequeño trozo de tierra que es un buen ejemplo del sur de Italia, de la belleza cristalina de sus aguas, de las ruinas de culturas mediterráneas, del retraso industrial del sur. Pero también de lo que es toda Italia, una variedad de culturas y lenguas inigualable. Dicen que hace 150 años cuando se luchaba por la creación del Estado, los soldados no se entendían entre sí, no hablaban la misma lengua.

Pizzica

Mis invitados, eran gentiles y matizaban todo su discurso, ¿será por ese sustrato de lenguas que su idioma abunda en matices, de palabras que dicen la cosa justa y sólo esa? Todos comentaron que cómo las playas salentinas no hay nada, y si uno además tiene la suerte de ir en la noche de la taranta, en Melpignano sobre todo, y ve bailar la pizzica, que nace de la taranta, tiene la sensación de estar en otro mundo, en otro tiempo, lleno de magia y superstición, nada que ver con Milán, dijeron.

Roca Vecchia

Poco después, la conversación derivó de los pueblos a sus lenguas, cada uno explicaba cómo se decían ciertas cosas en su dialecto (así se llama a toda lengua que no sea italiano en Italia). Me hablaron de La Grotta Della poesia (Roca Vecchia) nada que ver con la lírica, es un término que viene del griego y significa algo así como manantial de agua dulce, dijo una amiga; pero no todos estuvieron de acuerdo. Algunos me explicaron la historia de una mujer que allí se bañaba, que era tal su belleza que los poetas iban a cantarle. Otro, que era el lugar de culto de una divinidad, Taotor; todos nos reímos: eso no tiene nada que ver con el nombre, dijimos. Ya, pero ya sabes, los pugliesi lo damos todo, como la madre de ʻBenvenuti al sudʼ que no para de sacar comida, le orecchiette, la focaccia…

Ya la conversación salió de Salento; las orecchiette es un tipo de pasta típica de Bari, un poco más al Norte, en Puglia aún. Pero si todos los italianos del norte van al sur de veraneo, los pugliesi siempre vuelven a Salento. Así que la conversación se retomó y me explicaron la belleza de ese lago en medio del acantilado. Uno se tira desde lo alto y luego puede bucear para llegar al mar, me dijeron con los ojos brillantes. Eso sí, llegar no es nada fácil, el sur no está hecho para los coches.

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