Historias y deseos del que duerme

  

Historias y deseos del que duerme

 

 Margarida Paiva, Ana Rito, Johann Ryno de Wet, Cecilia de Val

Proyecto comisariado por: Cláudia Camacho

14 abril – 2 junio 2012

 

 “Sólo hay dos tragedias en la vida: una es no conseguir lo que uno quiere; la otra es conseguirlo.”

Oscar Wilde

Margarida Piava

 

La mayor parte de las veces nos miramos sin vernos a nosotros mismos. El espejo es quizás el único objeto que intenta reproducir nítidamente a quien se le pone delante. Es el único que nos obliga a aceptar el presente cargado de pasado. No hace previsiones, no augura nada. Testifica. Silenciosamente, testifica. El espejo retiene lo que hay de más corpóreo en nosotros. Y lo que disimuladamente se desmaterializa en la ausencia. Es el único objeto que consigue acompañar, lealmente, todos los movimientos del cuerpo. Sin que le sorprendan. En esto compite con la sombra. Pero la sombra es parca en detalles. La memoria del espejo es siempre fugaz, intermitente. El espejo sólo se acuerda de nosotros cuando nos enfrentamos a él, cara a cara, para interrogarle. Al espejo no le interesa reflejar una Historia, porque sólo con la Vida ya le basta. Las historias, las anécdotas, los deseos, los placeres, lo que pueden llegar a ser obsesiones, todo eso forma parte de las tragedias silenciadas de difícil acceso hasta para un espejo. El proyecto “Historias y deseos del que duerme” trata de reflejárselas al espectador.

 

Cecilia de Val cuestiona la identidad individual por medio de la multiplicidad del “Yo”. Si pudiésemos imprimir todas las imágenes reflejadas en un único espejo durante una vida conseguiríamos un archivo interminable. Pero el espejo insiste en esconder aquello que muestra.Cecilia de Val hace justo lo contrario. Intenta mostrar en una única narración el desdoblamiento de su personaje en heterónimos. No somos nosotros. Pero tampoco dejamos de serlo. 

Y tampoco dejamos de ser nosotros mismos cuando soñamos. Las situaciones que creamos o ideamos durante el tiempo en que dormimos pertenecen al foro más íntimo posible. Nadie sueña los sueños de otro. En los sueños generamos una vida paralela a la que vivimos cuando somos conscientes. Reproducimos de forma sublime una realidad que nos resulta familiar pero que al mismo tiempo aparece revestida con trazos singulares, con vértigos.Johann Ryno de Wet  objetiviza su inconsciente al fijar lo que queda de sus sueños en un soporte fotográfico. ¿Seremos más honestos, en cuanto a nuestros deseos, cuando dormimos? Víctor Hugo ya decía que “se juzga más correctamente a un hombre por lo que sueña que por lo que piensa”.

Si el diálogo que nuestro cuerpo establece con el espejo no resulta siempre prolífico,por falta de honestidad, no podremos decir lo mismo de la relación que se establece entre el cuerpo y el deseo. Represiones, perversiones y transgresiones van esculpiendo este último hasta que toma forma humana. El cuerpo es el templo sagrado del deseo. Ana Rito estimula al espectador al desvelar una realidad inacabada. El deseo vive de esa seducción mental. El cuerpo ya “es”. Todo lo demás es “ser”.

En muchas ocasiones nos entran ganas de correr hacia un espejo y preguntarle, o mejor, preguntarnos: a fin de cuentas, ¿quiénes somos?

Margarida Paiva va más allá y pregunta Who lives in my head? Y lo hace de una forma tan próxima, tan cercana, que casi nos lleva a la desesperación. Nos convertimos en obsesivo-compulsivos de nosotros mismos. O de un “Yo” que existe en “Nosotros”. Es el miedo a apoderarse de nuestra fragilidad. Es el miedo a no encontrar una razón coherente para nuestras tragedias. Es el miedo a no ser capaces de decidir si debemos cumplir nuestros deseos o si los dejamos morir.

 

Corremos hacia el espejo. Apagamos la luz. Dejamos de vernos. Silencio.

 

Cláudia Camacho

 

 

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