Tatuajes

Por Glenda Lo Curto

Ya quedaron atrás aquellas décadas del 60 y 70 en las cuales el tatuaje era considerado un producto de la rebeldía adolescente y juvenil, y repudiado por la gente adulta que no comprendía su sentido. En la sociedad actual el tatuaje adquirió un carácter masivo en muchas ciudades del mundo y su valor como expresión artística es apreciado por jóvenes y adultos de todos los contextos socioeconómicos.

Describiendo el fenómeno desde una perspectiva social, desde los años 60 y 70 los jóvenes comienzan a tatuarse identificándose, y creando sentimientos de pertenencia en función de parámetros diferentes a los de la mayoría, y utilizando de esta manera al tatuaje como elemento diferenciador que constituye una pieza observable del proceso de construcción de su identidad como diferenciada del modelo adulto proveniente de la generación de sus padres.

Dentro de esta moda. (si en un ¨atrevimiento¨ se puede denominar moda a una tendencia que aún no ha desaparecido a pesar del transcurso de muchos años), y consecuente aceptación masiva que ha sustituido el rechazo por la admiración, tolerancia, o indiferencia al tatuaje ajeno, el tatuaje ya no agrupa, ni diferencia por su sola presencia. y el punto de diferenciación del tatuaje se sitúa en otro aspecto del mismo, ya que a pesar de haberse convertido en moda, de haber aumentado la frecuencia de ¨tatuajes por minuto¨ que dicen presente al observar a la gente moverse en el paisaje urbano, es evidente que cada uno de ellos implica una singularidad en cuanto a los distintos significados que puede tener un tatuaje en la vida de un sujeto, íntimamente vinculados con su psiquismo particular y por ende con su historia, la cual ha marcado su constitución.

Envoltura

Desde el psicoanálisis se considera al tatuaje como una marca, una expresión en el cuerpo, cuyo significado varía de un sujeto a otro. Los más frecuentes son expresión simbólica de un deseo, de lo que se desea ser, o de lo que se cree ser. Otros representan un deseo de alterar el tiempo, de permanecer en una situación actual y perpetuarla, o perpetuar el pasado representando en su piel alguno de sus objetos amados perdidos.  En otros casos el objetivo es representar cómo se desea el futuro plasmando deseos en la piel como si de esta manera se estuviese más cerca de su realización. Quizás en otros casos sólo se trate de plasmar en la piel un diseño elegido, por considerarlo bello. Pero de todas maneras lo bello es subjetivo, y está determinado por vivencias de la propia historia que contribuyen a delimitarlo. Aún en los casos en que el diseño se elija de catálogos rastreando modas para ser aceptado, y parezca producto de un  trabajo en serie, algo subjetivo determina el momento de su realización, la elección de ese diseño, su tamaño,  y su ubicación en el cuerpo.

En todos los casos se trata de perpetuar en la piel…perpetuar, algo que en la sociedad de hoy está en déficit, ya que lo efímero ha teñido nuestros vínculos, y se presentan a nivel mundial fenómenos psíquicos inéditos que ponen de manifiesto una crisis relacionada con la carencia de amarras.

De esta forma el tatuaje puede considerarse una expresión de diversos procesos psíquicos, y  en algunos casos constituye un intento de elaboración del psiquismo siendo una pieza más en el rompecabezas de un  proceso de duelo, o un intento de elaboración de un acontecimiento traumático que ha impactado superando la capacidad psíquica de metabolizarlo.

En ciertos casos, un tatuaje puede realizarse a nivel inconsciente para intentar cumplir una función compensatoria de algún déficit en la constitución psíquica presente en quien se lo realiza. Es el caso menos frecuente de quienes fijan en su vida la meta de tatuarse el cuerpo completo, y no dejar el más mínimo rastro del color natural de su piel. Esto ubica en ciertos casos al tatuaje en el lugar de un tejido envolvente, una membrana protectora y contenedora. Podría compararse a quién compulsivamente se tatúa  deseando llegar en el futuro a tatuarse el cuerpo completo, o a quien ya ha cubierto toda su piel con tatuajes, con el desvalido sin hogar que frente a la lluvia y el frío, intenta cubrirse con cartones que recolecta en la calle, en el intento desesperado de suplir de alguna manera (precaria) la carencia de un ambiente donde sentirse protegido. En muchos casos estas personas que apuntan a cubrir toda su piel presentan grandes fallas y desarticulaciones a nivel de su estructuración psíquica, derivadas del impacto de las vicisitudes de su historia, lo que determina que su psiquismo se encuentre permanentemente al borde del estallido. Ya se ha comprobado a lo largo de siglos de investigación y desarrollo teórico, que el psiquismo puede realizar mil artimañas, a veces eficaces, para suplir sus déficits y evitar por ejemplo, el desencadenamiento psicótico de una estructura psíquica que ha presentado fallas  de constitución en sus inicios.

En sociedades prehistóricas y/o  protohistóricas los tatuajes favorecían la integración y cohesión grupal. A diferencia de tiempos pasados, el individuo de la sociedad actual no posee una etiqueta identitaria determinada al nacer en función de su rango social, género o clan familiar. A lo largo de toda su vida es el artífice de sí mismo, que activamente va tomando, adaptando, e incorporando modelos culturales cada vez más diversos que la sociedad en la que vive ofrece. Este es un proceso creativo y singular, en el cual se irán perdiendo elementos de identidad importantes para un momento determinado, pero vacíos de contenido en momentos futuros; y a la vez, se irán incorporando nuevas facetas y posibilidades. El psiquismo metaboliza lo que encuentra, lo transforma, e incorpora a través de las identificaciones, siendo activo y en nada comparable a una tabla rasa que se inscribe reproduciendo punto a punto lo que se le presenta desde el exterior.

Por lo tanto, el tatuaje, en otros tiempos históricos integrador, puede ser analizado actualmente como elemento diferenciador, no sólo desde una perspectiva social, sino también psíquica, en tanto expresa dinámicas psíquicas, subjetivas, singulares, únicas, directamente relacionadas con la influencia del ambiente, y con la historia vivida de cada sujeto, y especialmente con el impacto que los mismos han tenido sobre el psiquismo de ese ser humano particular como resultado de su metabolización.

Por este motivo, desde los profesionales de la salud mental que adhieren al psicoanálisis como marco teórico que guía sus intervenciones, el tatuaje es considerado un elemento clínico entre otros, un fenómeno observable a partir del cual, alejándose del prejuicio, escuchar aquello que aquel que lo porta tiene para decir, y que permitirá a partir del tatuaje como fenómeno observable, determinar su estatuto y función en la dinámica psíquica general de ese sujeto singular.

 

 

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