Viña Tondonia Gran Reserva tinto 1978

Por Joan Gómez Pallarès
De vinis

 

Otoño es una estación que pide, casi exige, vinos como éste. El cielo llueve, por fin, generoso. La temperatura es más fresca por la mañana. La luz se acerca al horizonte, baja, con una consistencia suave, más amable al mediodía. Apetece elegir vinos que acompañen a cada estación. Sensaciones distintas en el campo. Vinos distintos. Un vino reposado, un vino hecho con años para durar muchos más. Un vino distinto. Una bodega, en su conjunto y con todo lo que representa en España, casi única. López de Heredia. Quintaesencia del rioja más fino, más sutil, más delicado y entreverado. Tiempo es lo único que pide. Paciencia para saborear esa lenta evolución que una lenta y paciente vinificación necesitan.

Yo no colecciono botellas. Me las bebo y apenas guardo unas pocas docenas. Llegó el otoño y mi cabeza se fue a la Viña Tondonia. A mi disposición tenía un Gran Reserva tinto de 1978 (buena añada, pero no todo el mundo tira cohetes con ella) y un Gran Reserva blanco de 1987 (aquí hay más coincidencia con los cohetes). El estado del tapón me aconsejó abrir el primero. Los dos me hubieran hablado con la misma voz de esta estación y de cómo hay que vivirla. Pero el 87 tiene más recorrido y mi botella estaba entera. Puede esperar. 1978, pues, fue la elección. Emoción…¡el tapón se rompe! Sacacorchos de láminas. Precisión (mi santa…yo soy un manazas) y botella abierta. Intacta y vino entero. Perfecto. Color terso, vibrante, entre la teja anaranjada y las hojas que se proyectan sobre el lago (en la foto de Sole). Primera copa: evolución limpia. Ideal. Suave decantación, vino a 16ºC.

Empieza a abrirse al cuarto de hora y a mostrar su alma de hojarasca en el bosque, ahumado muy suave, delicado arándano negro. Humo, ceniza en el hogar, calor en el cuerpo. Más emoción, vino vibrante, acidez perfecta. 12%. El vino corre por la copa como zagal pizpireto, con piernas ligeras y susurrando sus encantos en el reencuentro, efímero, con la luz y el aire de la estación. Humus, guindas, helecho y bosque al atardecer. Madroño. Vino discreto, vino envolvente, vino seductor. Tiene un punto de frescor: casi de infusión con corteza de naranja. Puede que no sea una añada mítica, pero este Viña Tondonia Gran reserva tinto de 1978 ha salido perfecto, ímtimo y emotivo. Un vino cálido de otoño, hojas de fuego, para siempre…Existe otro otoño, azul. Queda ya para otro vino.

 

La foto Otoño I es de mi amiga Sole Felloza.

 

 

 

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