La ruta de los gusanos de la seda

Por Ek del Val de Gortari

Macho adulto de Bombix mori.

 

Pensar en mariposas evoca colores revoloteantes alrededor de hermosas flores o cuerpos de agua; sin embargo, una gran cantidad de mariposas tiene colores poco llamativos, más bien feos, y pasan completamente desapercibidas.

 

Dentro del grupo de las mariposas, conocidos como lepidópteros por los biólogos por poseer alas con escamas, también están las polillas que muchas veces tienden a ser nocturnas aunque no exclusivamente. Las polillas, al igual que las mariposas diurnas y coloridas, se alimentan de néctar de flores o de secreciones azucaradas de las frutas, y muchas especies también son polinizadoras pues al alimentarse de néctar de las flores también se llevan el polen que depositan en otras plantas que visitan, realizando así la polinización, un gran número de plantas dependen de ellas para poder tener hijos.

 

Algunas polillas adultas han perdido la capacidad de alimentarse cuando emergen del capullo pues no tienen órganos bucales, solamente salen del capullo para aparease, y las hembras para poner los huevos, y en pocos días morir cuando se acaban las energías recopiladas en su estado larvario.

 

Tal es el caso de un bicho maravilloso y famoso que ha estado vinculado con el vestido y el lujo en las sociedades humanas: el gusano de la seda o Bombix mori.

 

 

Bombix mori es una pequeña polilla blanca con antenas ramificadas originaria de Asia, que fue domesticada por los chinos y los primeros registro de su cultivo datan de 2500 a.C. por Confucio. La industria de la seda sigue siendo muy importante hasta nuestros días como se puede atestiguar en los aparadores de las grandes tiendas que exhiben vestidos y demás indumentarias de seda. ¿Cómo puede una mariposa producir la seda necesaria para vestir a miles de personas?

 

La producción de seda se conoce como sericultura y es una actividad que se ha extendido por todo el mundo. Para producir los hilos de seda, se tienen que cultivar grandes cantidades de gusanos alimentados únicamente de la planta de Morera. Las orugas comen sin parar y crecen exponencialmente entre 30 y 40 días hasta que están listas para construir su capullo y convertirse en adultos. Las orugas hilvanan su capullo con el codiciado hilo de seda, tejen y tejen hasta quedar completamente envueltas para comenzar la maravillosa transformación en adultos alados, conocida como metamorfosis.

 

Cuando los capullos están listos, los sericultores los colectan y los ponen a hervir para desenrollar la madeja y poder obtener el codiciado hilo. Increíblemente, un solo capullo puede medir hasta 1,500 metros de largo. El hilo es vuelto a enrollar en un carrete para poder usarlo en la fabricación de telas.

 

La producción de la seda era un secreto muy reservado en la antigua China y Japón, tanto así que el contrabando de gusanos o de sus huevos implicaba la pena de muerte, de tal manera que durante muchos miles de años la producción de la seda estuvo restringida al Oriente. Con el auge de los exploradores europeos a partir del siglo XVI, el comercio mundial incluyó la expansión del cultivo de la seda, y entre las rutas de comercio se estableció la ruta de la seda. A pesar de que se lograron establecer cultivos de seda en casi todo el mundo, la enfermedades que aquejaban a los gusanos de la seda acababan con la producciones locales de periódicamente, por lo que la ruta de la seda, es decir, la provisión de huevecillos del gusano de la seda para Europa, siguió siendo importante hasta el siglo XIX. El giro radical en la producción de la seda fuera de Asia se dio gracias al afamado químico Luis Pasteur quien en 1865 se abocó a discernir que era la enfermedad que mataba a los gusanos conocida como pebrina. La pebrina era una mezcla de varias enfermedades, pero principalmente estaba ocasionada por un protozoario muy contagioso llamado Nosema bombycis que se transmitía de los gusanos infectados a los huevos, los sericultores no entendían porque si ya estaban muertos los gusanos seguía esparciéndose la peste. Lo que sugirió Pasteur al analizar gusanos y huevos utilizando uno de los grandes inventos de la época, el microscopio, era deshacerse no sólo de los gusanos sino también había que revisar con cuidado a los huevecillos infectados en cada cultivo y separarlos para evitar que los bichos que seguían asociados a los huevecillos pudieran contagiar a otros. Con estas medidas higiénicas lograron rescatar a los huevecillos sanos y los cultivos de seda europeos se salvaron y perduran hasta nuestros días.

 

Así, la próxima vez que toquen o usen una prenda de seda recuerden que podemos tener esa maravillosa tela gracias a unos gusanos asombrosos que trabajan para nosotros.

 

Fuente: Sin embargo

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