El misterio de un poeta llamado Pessoa

 Por Marcela Rodríguez Loreto

 

En vida sólo publicó Mensaje. A su muerte, se reveló lo extraordinario del oscuro oficinista que fue. Desdoblado en heterónimos, había escrito los textos más grandes del XX, según varios críticos. Falleció un 30 de noviembre

 

Fernando Pessoa. Foto: Wikimedia commons.

 

La oficina está en penumbra. Ha caído la noche y queda una lámpara encendida; se escucha el repiquetear de un teclado mecánico. Un empleado solitario está de pie ante el escritorio dándole a la máquina. Tiene permiso del patrón para ocupar por las noches la oficina en cosas personales. Estudió Comercio, entiéndase taquimecanografía, balance de números; desde niño aprendió francés e inglés, y por la mañana escribe y traduce cartas comerciales.

 

En eso trabaja. Lo suficiente para el tabaco, la copa, el alquiler de un techo, las tertulias en los cafés, el Martinho da Arcada o el Basileira do Chiado. Este hombre gris, corto de vista, solterón, hijo de vecino, un don nadie, se muda de casa en más de 20 ocasiones, llega a vivir con familiares, o renta un cuarto para caballeros solos. Demasiado para una vida más bien corta y una ciudad pequeña como Lisboa. En su trajín conserva un baúl.

 

En el baúl acumula más de 25 mil hojas manuscritas y dactilografiadas. ¡Sus poemas! ¡Sus pensamientos! Ahí se guarda lo extraordinario del oscuro oficinista que nos ocupa, quien en el nombre lleva la penitencia. Pessoa, persona en portugués, asume diversas personalidades se firma con distintos nombres, no a modo de seudónimo: él es otra persona, otro poeta, se desdobla, mantiene correspondencia con algunas de las personas que ha creado, manda a hacer tarjetas de presentación como es el caso de Alexander Search, uno de sus varios heterónimos, siendo Álvaro de Campos el primero de ellos.

 

En vida apenas publicó Mensaje, una plaquet de poemas, y algunos sueltos en revistas. A su muerte, se destapó el arca y se descubrió el tesoro que conservaba: los poemas, para muchos, más grandes que ha dado el siglo XX. El baúl mágico de Pessoa contenía cartas, libros inconclusos, poemarios, escritos, reflexiones, diarios, confesiones, estrofas y los sobres que contenía el Libro del Desasosiego, publicado a la postre.

 

Se sabe que Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) conoció una vez el amor. Al que renunció por otra ley, una más grande a sus ojos: la del destino que se estaba labrando como poeta para la posteridad. Ofelia Queiroz es una compañera de oficina que tiene 19 años. “Mi destino, escribe Pessoa de 31, pertenece a otra Ley, cuya existencia Ofelia no sabe, y está subordinado cada vez más, a Maestros que no permiten ni perdonan. No es necesario que comprenda esto, basta con que me conserve con cariño en su memoria, como yo, inalterablemente la conservaré en la mía”.

 

Falleció el 30 de noviembre de 1935 en el Hospital São Luís dos Franceses, mientras pedía con desesperación que le acercaran sus lentes, no sabía qué traería el mañana, y quería ver. Es curioso, Goethe pedía con apremio, luz, más luz…

 

 

Fuente: Sin embargo

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