Victoria’s Secret Extravaganza.

En tres décadas se vuelve un imperio, y funda su propio desfile, que fue ayer, en Nueva York.

 

Este martes es considerado el día en que la ropa interior en el mundo de la moda, y Nueva York está cubierta de nieve. Gruesos copos caen ya sobre Manhattan, mientras que cientos de expertos del sector, blogueros y periodistas enfundados en sus abrigos más gruesos, guantes, gorros y bufandas aguardan en Lexington Avenue para no perderse el Victoria’s Secret Extravaganza.

La marca estadounidense de ropa interior fundó el desfile en 1995 y, gracias a una gigantesca campaña publicitaria, lo convirtió en el mayor espectáculo de lencería del mundo. Supermodelos como Heidi Klum, Gisele Bündchen, Tyra Banks, Helena Christensen, Karolína Kurková o Adriana Lima han sido “ángeles” en ropa interior sobre la pasarela. Y junto a ellas, también han desfilado estrellas como las Spice Girls, Kanye West, Katy Perry o los Black Eyed Peas.

En 2007, el desfile llevó a Victoria’s Secret a convertirse en la primera marca con una estrella en el Paseo de la Fama. El imperio, que data de hace más de tres décadas y comenzó vendiendo ropa interior masculina, factura anualmente en torno a 5,000 millones de dólares. El año pasado, casi 12 millones de personas vieron el espectáculo en la televisión estadounidense.

En el desfile de este año, que se emitió este martes, se pudo ver a top models como Miranda Kerr y Alessandra Ambrosio. Rihanna, Bruno Mars y Justin Bieber se encargan de poner la nota musical. Pero el espectáculo no se retransmite en directo, y para poder presenciar el desfile el único acceso es a través de la gélida avenida Lexington, donde hay una gran cola de espera. Para las más de 1,000 acreditaciones sólo de prensa hay diez veces más solicitudes, señala Victoria’s Secret.

Gisele Bündchen 

 

Desde hace años, el desfile tiene lugar en un cuartel del ejército en Manhattan. Al otro lado de los muros de esta “catedral de la lencería” el ambiente es sombrío, las gruesas paredes adquieren un tono ocre y verdoso. “Hemos estado en Cannes y Los Angeles, pero aquí es todo más práctico”, cuenta Andrew, que hace de guía por el laberíntico edificio de varios pisos y más de un siglo de antigüedad. Los soldados del regimiento 69 de Infantería estacionados aquí recorren los pasillos en uniforme, mientras perros adiestrados olfatean los bolsos de todos los visitantes. “Sí, todo es un poco surrealista”, dice Andrew. “Y este año, de alguna forma es algo más incómodo. Tras el huracán “Sandy” los soldados tienen mucho trabajo con la reconstrucción y me temo que molestamos un poco”, añade.

Desde la puerta trasera que da acceso a la entrada todo se ve en rosa y azul. La pasarela ya está lista, se están haciendo pruebas de luz y sonido, pero a las modelos aún les queda. Su día empieza en torno a las 10 de la mañana y tras horas de estilismo, sobre las 16:00 están preparadas para el primer desfile. Después, de nuevo tras horas de estilismo, comienza el segundo, en torno a las 20:00 (hora de Nueva York).

“Sí, el desfile tiene lugar dos veces”, comenta Andrew como si fuera lo más normal del mundo. “Así caben más espectadores y tenemos más imágenes donde elegir para el espectáculo de televisión”. Los videos y fotografías del desfile irán luego a parar a todo el mundo y a los escaparates de todas las tiendas de la cadena -sólo en Estados Unidos hay unas mil-.

Miranda Kerr.

 

 

 

 

 

 

 


A través de las oscuras escaleras y pasillos con suelo de linóleo se accede luego a una gran sala, y de pronto, todos los “ángeles” están allí: Adriana Lima, Miranda Kerr, Alessandra Ambrosio y Doutzen Kroes, envueltas en batas de seda rosa rodeadas de espejos y de un gigantesco enjambre de peluqueros, estilistas, camareros, camarógrafos, fotógrafos y periodistas.

Mientras se las maquilla y peina, las modelos posan y conceden entrevistas. “Como en los Oscar”, dice Andrew. Permitir mirar entre bastidores forma parte de la cuidada imagen del espectáculo en torno a los “ángeles” y, según los medios, permite recaudar a la empresa cuantiosas sumas.

“Me tiene que maquillar más. No tengo que concentrarme, sólo tengo que hablar poco”, dice la top model alemana Toni Garrn mientras un estilista aplica un tono azulado a sus párpados. Un poco más adelante, una modelo salta sobre una mesa entre montañas de cepillos, cabellos postizos de todos los colores, laca de uñas y carmines y deja ver su ropa interior bajo el albornoz. Los fotógrafos disparan sus flashes. Y Garrn, de 20 años, sonríe. “Después, sobre la pasarela, tengo que concentrarme para no resbalarme. Mis alas son gigantescas.”

Tras salir de la sala se llega al buffet: arroz, verduras, pollo… Las modelos se sirven. Una de ellas se hace una foto con su estilista, mientras Miranda Kerr agarra una cámara de video y comienza a hacer muecas. Los flashes vuelven a iluminar la escena.

Tras cuatro horas de preparación, y luego otras cuatro, Kerr y sus compañeras salen por fin a la pasarela mostrando la ropa interior de Victoria’s Secret -entre otros un sujetador valorado en millones-, ante estrellas como la moderadora Alexa Chung o el músico de hip hop Russell Simmons, y posan frente a los fotógrafos.

Del techo saltan bailarines, y luego Rihanna, Justin Bieber y Bruno Mars cantan rodeados de modelos, dos temas cada uno. Al final, globos y confeti llenan la pasarela. Después, el “sueño de cualquier adolescente”, como lo describió “Newsweek”, llega a su fin. Y fuera siguen cayendo copos de nieve.

 

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