Camelias, flores para el invierno

Por Flor de Lis.

Me he encontrado con ellas varias veces en las últimas semanas. Primero fue en uno de los jardines del monasterio de El Escorial. Estaban en unos macetones a lo largo de un pórtico: 10 o 15 ejemplares de unos cinco metros, llenos de flores rojas, vibrantes en el aire helador. Días después, Juanjo, de Flores Cambria, me hizo un enorme ramo de hoja de camelia, escondidos estaban capullos y dos flores fucsias. Hoy las he visto a la entrada del Museo Thyssen de Madrid, también en enormes macetas. Están rebosantes de capullos que empiezan a abrirse. El espectáculo de la camelia está empezando.

En pleno invierno, con los árboles pelados y sin apenas una flor en los jardines, la camelia es la protagonista. Son arbustos muy resistentes al frío y al calor. Pueden llegar a medir 10 metros, con hojas verde oscuro, carnosas y brillantes. Sus flores son grandes, con gran cantidad de pétalos. Hay camelias rojas, blancas, rosas. En España la especie más extendida es la camelia japónica.

Crece bien a la sombra, orientada al norte, en climas fríos. Sus hojas son perennes y siempre resulta un arbusto elegante y generoso. De crecimiento lento, la camelia va bien en maceta grande o en suelo, siempre que sea ácido. Se han convertido en flores de culto y de cultivo exquisito, como las orquídeas. Su origen está en Asia suroriental, principalmente China y Japón. El misionero jesuita Georg Josephus Kamel (conocido como Camellus) transportó plantas de camelias desde Filipinas a Europa en el siglo XVII. En su honor, Linneo nombró a este género “Camelias”.

El interés creciente por esta planta en España se refleja en la creación, en 2002, de la Sociedad española de la camelia, que pretende “agrupar a todos los profesionales y aficionados de cualquier disciplina , ya sean coleccionistas, viveristas, artistas, escritores, paisajistas, arquitectos, instituciones públicas, empresas, etcétera que desarrollan cualquier tipo de actividad relacionada con la camelia”.

Pese a su origen oriental, la camelia es la flor de Galicia. Sí, he dicho bien, de Galicia, donde se han cultivado con esmero históricamente, muy particularmente en las Rías Baixas, debido a su clima y acidez de terreno. Existe incluso un circuito por pazos y jardines gallegos con especies destacadas de camelias.

Siempre que veo una camelia, recuerdo la fotografía de boda de Manuela y Amador, los abuelos de una amiga de la infancia. Manuela lleva una pamela y sujeta entre sus manos un precioso ramo de camelias blancas. Amador lleva otra en la solapa.

 

 

 

 

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