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Qué me habría gustado que me contaran a los 18


Por María José Alonso

taza

 

 

Estaba leyendo en mi rincón favorito de la terraza donde desayuno los días festivos, cuando una chica de entre 17 y 18 años, hija de una amiga, se acercó a saludarme y comentó “Ese libro me encanta… pero… creo que convertirse en adulto es terrible.” Levanté los ojos del libro y dije “¿Cómo?” Y me explico su particular filosofía de la vida en un tono cantarín… “Tengo muchas dudas sobre lo que voy a hacer a partir de ahora, me asusta llegar a la madurez sin saber qué es realmente lo importante… Veo que tu eres feliz en tu trabajo, que estas satisfecha. Has tenido suerte ¿no crees?” Envuelta en el sol del levante iba doblando y desdoblando una servilleta con sus manos delgadas y el anillo del arco iris parecía brillar con una luz cálida alrededor de su silueta.

 

Con ojos ansiosos y honestos me fue haciendo una pregunta detrás de otra y yo fui contestando lo mejor que pude, tratando de aconsejarla pero sin interferir en su voluntad. Después de casi una hora de conversación nos despedimos y cada una siguió su camino. De regreso a casa me di cuenta de que a estas alturas de mi vida, había muchas cosas que me habría gustado que alguien me hubiera contado a su edad.

 

Que me dijeran que…

No es malo cometer errores, que se aprende mucho de ellos…

Que eligiera en función de mis intereses y valores, no de los de los demás…

Que si inviertes en ti mismo nunca puedes perder y siempre tendrás control sobre tu vida…

Que explorara continuamente nuevas ideas, experiencias y oportunidades, por encima de mis temores…

Que trabajara duro, pero con una visión clara, sin diluir mis esfuerzos…

Que los demás no pueden saber como me siento si no lo digo, que hay que comunicarse con los demás, hacer preguntas…

Que las situaciones, sean buenas o malas, siempre cambian y hay que estar preparado…

Que no hay que vivir para contentar a otros… pero que si hay que respetarlos y hacerlos sentirse bien…

Que no hay que emprender nada si no piensas hacerlo lo mejor posible…

 

Me preguntó qué le parecía que estudiara medicina y una gran parte de mi quería decirle que estaba loca y que pensara en cómo iba a ser su vida en los próximos años, primero estudiando unas ochenta horas a la semana y más adelante como residente trabajando y estudiando esas mismas horas a la semana por un sueldo irrisorio.

 

Estaba bastante segura de que tardaría mucho en rentabilizar tanto esfuerzo y dinero invertido. Nadie debería querer pasar tanto tiempo en un hospital.

 

Pero no, no estaba loca, porque después de seis años de carrera y cuatro de residencia sé que hay algo que te engancha… la interacción humana, las oportunidades para pensar, para continuar aprendiendo, el saber que formas parte de algo que trasciende…

 

¿Y la estabilidad económica? No es una recompensa inmediata, por supuesto, pero puedes conseguirla. Hay una meta, que no un final, y no es tan terrible después de todo. Creo que esa meta, no es incompatible con tener una vida plena de la que puedes disfrutar.

 

Miro a mi alrededor, a la gente y lo que hace en su vida y veo que pocas cosas mas me apetecen hacer ahora, porque no hay muchos trabajos que te den esa recompensa intelectual y la oportunidad de tener control sobre tu tiempo y tu vida…

 

No se trata de echar cuentas y comprobar que a los treinta años sigues siendo estudiante, pasas más horas en el hospital que fuera de él y no ganas para pagarte una casa… siendo realista, no lo haces por dinero. Lo hice una vez y no se si volvería a hacerlo… pero hay algo que te engancha en esta forma de vida.

 

Comprendo su impulso y su ilusión, y no se la voy a quitar…

 

Querida yo con 18: Sobre todo ríe siempre que puedas, pide perdón cuando corresponda y deja ir lo que no puedas cambiar… La vida es corta pero increíble, disfruta del paseo.