Básicos contra el resfriado

Por  Adolfo David Lozano

 

resfriado

 

Días al calor de la calefacción, paseos con bufanda y la recurrencia de las bebidas calientes en nuestras mesas parecen tan inseparables del otoño e invierno como otra para muchos rutina tan poco agradable como aparentemente inevitable: el resfriado. En el siglo II de nuestra era el médico griego Galeno encerró no poca sabiduría y verdad en la frase hoy tan popularizada de “más vale prevenir que curar”.
Hay en ocasiones en que, víctimas del asalto de la enfermedad, no queda más remedio que curar. Las siguientes estrategias, todas naturales, son casi todas tanto preventivas como curativas frente a la gripe y el resfriado, y deberían constituir la base de nuestro plan de defensa y ataque contra las mismas.

 

–        Vitamina D
Puedo decir con tranquilidad que ésta sería mi estrategia preventiva número uno. No resulta cuestión menor que cada vez más médicos y científicos se sitúen detrás de la hipótesis de que el resfriado, en primer lugar, se produce por falta de vitamina D en invierno. De hecho se sabe que si el virus de la gripe aparece entre personas con niveles adecuados de vitamina D –por ejemplo, si aparece en pleno mes de agosto-, éste parece pasar desapercibido; es decir, no contraemos la gripe.
Todo esto no es nada extraño si consideramos que la vitamina D es un potente estimulador del sistema inmunitario. La mejor fuente de vitamina D en la dieta es el pescado graso, aunque para alcanzar niveles adecuados habrá que recurrir bien a rayos UVB bien a complementos alimenticios de vitamina D.

 

–        Zinc
En este caso se trata de un nutriente más preventivo que curativo, y lo es de verdad. Si tienes falta de zinc, tu sistema inmunitario lo achacará, y serás más proclive a infecciones. Una de sus propiedad antivíricas por excelencia es que previene la adhesión de virus a los conductos respiratorios en la nariz: ¿No deseas estar medio invierno moqueando? Consume todo el año adecuadas cantidades de zinc.
Por si eso fuera poco, el zinc evita la replicación del virus y reduce la liberación de histaminas (sería un antihistamínico natural). La cantidad diaria recomendada de zinc son unos 15 mg diarios. Las ostras y el germen de trigo son los alimentos más ricos en zinc, y si queremos ponernos en serio encontraremos en nuestra farmacia opciones con zinc entre 15 y 30 mg por dosis.

 

–        Vitamina C
Hablar del resfriado sin referirse a la vitamina C sería como hablar de literatura inglesa sin citar a Shakespeare. Sus principales habilidades frente a la gripe residen en que la vitamina C favorece la presencia de glóbulos blancos, en especial de unos (con un nombre tan peculiar como neutrófilos) tan efectivos como que literalmente engullen a los virus. Con la literatura publicada en mano, creo honestamente que la vitamina C en realidad es quizás más útil como curativo que como preventivo a pesar de la opinión popular. Y por eso es difícil cuestionar que dosis altas de vitamina C durante la gripe reducen su duración.
Las opciones ricas en vitamina C por suerte son comúnmente sabidas: sobre todo los cítricos. Obviamente no por casualidad los productos de farmacia contra la gripe suelen estar cargados con esta vitamina.

 

–        Ajo
No sabemos si quienes, según las leyendas literarias, consumían prolíficamente ajo para ahuyentar a vampiros conseguían realmente su propósito. De todos modos, podemos estar seguros de que al menos no era una tarea en vano, pues sí ahuyentaban otra cosa no sé si más o menos peligrosa, pero posiblemente más real: los virus.
Los usos terapéuticos del ajo son sorprendentemente ancestrales, y de hecho según una encuesta de 2008 es el compuesto natural más empleado en medicina herbal y botánica para combatir gripes y resfriados. Su principal principio activo es la alicina, que se libera al masticarlo o cocinarlo (tragar un diente de ajo tal cual de poco sirve). En estudios humanos, el consumo de alicina ha demostrado reducir un 65% la incidencia de gripe y un 70% la duración de los síntomas de la misma.

 

        Miel
Sinceramente no creo que sea un producto quintaesencial contra la gripe, no al menos si lo comparamos en efectividad con los restantes que menciono, pero no deja de ser cierto que posee propiedades antivíricas. Al respecto de la miel, mi interés es remarcar un asunto importante habitualmente ignorado. Pues la mejor miel que podemos consumir es la llamada miel cruda, pues es la que posee todos sus componentes y activos (vitaminas, minerales, enzimas…). Ten en cuenta que la miel cruda suele tener un aspecto denso y blanquecino, a diferencia de las mieles comerciales pasteurizadas que son líquidas y transparentes.
El ginseng, las ‘bacterias buenas’ que son los probióticos o la equinácea son otros reputados remedios naturales para prevenir y curar la gripe. Pensar que la gripe es un estadio irremediablemente unido al otoño e invierno no es que sea una visión pesimista. Es una visión que, si quieres, puedes hacer falsa.

 

 

 

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