…En tiempo de miseria (V) – Delfos en Berlín

Por Luis Martínez-Falero.

 

LuisMartinez-FaleroY se manifestó el profeta, aunque lejos del templo, tras aterrizar desde las alturas en Berlín, y no en el Parlamento español, como era de desear. Pero ya se sabe que tanto los profetas como los paracaidistas aterrizan no donde quieren, sino donde pueden, dependiendo de las corrientes de aire o de los designios divinos; después de todo, ambos elementos se manifiestan en forma de soplo más o menos fuerte. Y allí, en Berlín, abrió su boca y pronunció el oráculo: Todo es absolutamente falso, salvo alguna cosa.

Es sabido que los profetas y los oráculos hablan de manera oscura y que corresponde a los hermeneutas interpretar ese mensaje enigmático. Podría haber dicho: “Me gustan las rubias, salvo cuando son morenas” o “Al llegar al hotel les dije: Despiértenme a las ocho, salvo que esté despierto”. Así lo podríamos haber entendido con mayor facilidad, pero no: un profeta que se precie debe ser tan hermético como un frasco de garbanzos precocinados. Por ello, y después de un profundo estudio de estas palabras, creo que nos encontramos ante un hermoso verso de amor, aunque prefiero no saber hacia quién o qué podría estar dirigido. Y es que sólo el amor causa una paradoja de este calibre, como en el Poema 20 de Neruda: “Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero”. Después de todo, desde antes de Platón hasta nuestros días se ha venido diciendo que el poeta, como el profeta, está inspirado, sea por la Musa, sea por una divinidad, sea –tal vez– por ciertas sustancias.

Por tanto, todo profeta, pitoniso, poeta u oráculo debe emitir su mensaje tras ser poseído por un espíritu venido de lo trascendente. ¿Cuál puede ser ese espíritu? ¿De dónde procede? No sé si se lo van a creer, pero estoy convencido de que se trata del espíritu de Jessica Fletcher, personaje protagonista de la serie Se ha escrito un crimen. Si la recuerdan, se trataba de una novelista especializada en género policiaco. Eso sí, con una peculiaridad: cada vez que la invitaban a la presentación de un libro, a una fiesta de cumpleaños o a cualquier otro tipo de acto social, aparecía un cadáver, producto de una muerte violenta. Es cierto que al final siempre descubría al asesino, pero convengamos que la señora era un poquito gafe, puesto que es difícil creer que no fuera por su presencia, habida cuenta de que los demás personajes cambiaban en cada episodio. Pues algo parecido le sucede a nuestro profeta: cada vez que habla él o alguno de sus acólitos, le aparece un cadáver (político) nuevo. Por ejemplo, si hablan de las cuentas de Bárcenas, salen a la luz los regalos de la trama Gürtel a Ana Mato: si intentan desmentir lo de Ana Mato, aparece la vinculación laboral del ex de la susodicha con el PP, a pesar de estar imputado; si quieren justificar por qué un imputado en la Gürtel sigue a sueldo del partido en el gobierno, desentierran una segunda cuenta de Bárcenas en Suiza, desde la que habría blanqueado su dinero, al haberse acogido a la amnistía fiscal promovida por el gobierno, poco después de que el ministro de Hacienda negara tal posibilidad; si presenta sus declaraciones de la renta, se comprueba que no coinciden los ingresos de alguna declaración con la renta depositada en el Congreso… Cada vez que montan una fiesta (léase comparecencia pública) termina por aparecer un nuevo cadáver, en un macabro juego de vodevil.

Esto me lleva a la conclusión de que el profeta es gafe. Y esta conclusión no es sólo mía, sino también de Esperanza Aguirre, que se ha ofrecido voluntaria para el necesario exorcismo, como sacerdotisa suprema de algo parecido a los phármakoi, esos ritos que practicaban los griegos cuando una desgracia se abatía sobre una ciudad y que concluían con el sacrificio (real o simbólico) o el destierro del gafe (extranjero o persona deforme) que –se suponía– había atraído el mal. Y aquí reaparece la proba funcionaria en excedencia, blandiendo la maraca de calavera ante el profeta y encendiendo velas al tiempo que reparte los palos. Dudo que pueda expulsar de la polis al gafe, pero seguro que acaban encontrando algún novicio que ofrezca, generoso, su cuello, en espera de alguna recompensa en el Más Allá, tras su papel de chivo expiatorio, aunque el nombre no les guste porque en la Comunidad de Madrid “espiatorio” les suena más a cuerno quemado que a chivo. Pero sabemos que en los partidos políticos los corderos y los cabritos guardan silencio hasta que el pastor (el profeta como guía espiritual) les da la orden de hablar, aunque este pastor esté afásico y los cadáveres de algunos cabritos del rebaño se le reproduzcan en progresión geométrica y se le vayan apareciendo como espectros de un pasado que quisiera olvidar. Y ahí mi profecía particular, manifestada tras extraer a ciegas varias palabras recortadas de titulares de prensa (a lo dadá), siempre fue clara: Si Mato a Bárcenas, Esperanza da un Rato de Correa a Mariano. Y es que no hay como ir a Delfos o a casa de la bruja Lola para saber realmente qué ha pasado y qué está pasando en España.

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