Un deporte para todos

Por Paula Varella

boccia

Foto: Web oficial
Comité Paralímpico Español

El deporte adaptado tiene su origen al final de la Segunda Guerra Mundial, después de que la catástrofe dejase a una gran cantidad de personas con lesiones. En 1946 el Dr. Ludwing Guttman, neurólogo británico y fundador de los Juegos Paralímpicos en Inglaterra, implementó por primera vez el deporte en silla de ruedas. En un principio, Guttman buscaba restablecer el bienestar psicológico de las víctimas de la guerra a través del deporte, pero con el tiempo se dio cuenta que la disciplina deportiva también tenía una influencia positiva en el sistema neuromuscular y ayudaba a la reinserción de las personas en la sociedad.

El estudio de los beneficios psicológicos derivados de la práctica deportiva en el contexto del deporte y la discapacidad, posee ya un largo camino. Hoy en día, el deporte adaptado para personas con diversidad funcional goza de gran importancia en el desarrollo personal y social de aquel que lo práctica. Psicológicamente, ayuda a fortalecer la afectividad, el control, la percepción. El deporte desencadena la motivación necesaria para realizar esfuerzos que muchas veces superan a los de una sesión individual de trabajo físico. De esta forma, el deporte adaptado se convierte en una terapia, crea un ambiente de auto-superación, ayuda a marcar unos objetivos que se deben alcanzar y a superarse día a día.

Además de los beneficios psicológicos del deporte en personas con diversidad funcional, también encontramos beneficios sociales. El deporte no sólo ayuda a la integración, sino que fomenta la normalización.

Uno de los deportes más practicados por las personas con discapacidad motora, intelectual o sensorial es la boccia, una adaptación del juego tradicional de la petanca. Según el Comité Paralímpico Español, se practica de forma individual, por parejas o equipos, sobre una pista rectangular en la que los jugadores tratan de lanzar sus bolas lo más cerca posible de la pelota blanca, que sirve de objetivo, a la vez que intentan alejar las de sus rivales. Se trata de un ejercicio continuo de tensión y precisión, una combinación de táctica y habilidad.

Ricardo de la Vega explica en su artículo “Estado de ánimo precompetitivo y rendimiento percibido en Boccia Paralímpica”, que en el ámbito del deporte y la discapacidad, la boccia puede ser practicada por personas que presentan una discapacidad cuya disfunción motriz puede ser o no de origen cerebral. El CPISRA (CerebralPalsy International Sport and Recreation Association), máximo organismo internacional que regula las competiciones de este deporte, trata de igualar las condiciones de partida de los deportistas ante la competición, estableciendo un sistema de clasificación que va desde el nivel BC-1 al BC-4, en donde cada uno de ellos supone un grado en el nivel de discapacidad y de posibilidad motriz del deportista.

Por este motivo, la boccia se presenta como un deporte idóneo para personas con discapacidad, ya que para poner una bola en juego, los deportistas pueden lanzarla con la mano, con el pie o con la ayuda de un auxiliar, que sitúa la pelota sobre la canaleta (rampa), una vez el deportista ha escogido la dirección. Este juego nos brinda diferentes posibilidades, nos ofrece alternativas para los diferentes tipos de discapacidad y lo más importante, fomenta un deporte sin barreras y para todos.

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