El peso del amor: la soledad como veneno

Por Ignacio Espejo.

Secretos de un Matrimonio

 

Secretos de un matrimonio o Escenas de la vida conyugal (Scener ur ett äktenskap, 1973)  y Saraband (2003)  son los títulos que Ingmar Bergman dio a dos de sus películas rodadas en 1973 y 2003 respectivamente, siendo la segunda la continuación y el final de la primera parte. En esta última, Liv Ullmann y Erland Josephson hacen de protagonistas en, seguramente, uno de los mejores dramas de este director.

Secretos de un matrimonio nos narra por capítulos una historia cotidiana sobre el matrimonio que forman Marianne (Liv Ullmann) y Johan (Erland Josephson), quienes nos dan al principio una imagen sobre una pareja perfecta que lleva diez años casada con dos hijas. Sin embargo, cuando descubrimos quién es el autor y guionista de esta obra debemos activar toda nuestra empatía para adentrarnos en los entresijos de una película sin música, coronada por una de las reinas del drama del siglo XXI.

Marianne y Johan nos descubrirán que la vida no es tan sencilla como algunos pretenden hacernos pensar, y que si hay algo muy realista de esta obra es el torrente de emociones por los que pasarán nuestros protagonistas; desde el momento en el fingen que todo es perfecto, hasta que el mismo todo se desmorona en el instante de la traición: valentía, alegría, ira, amor, inseguridad, altivez, mentiras, astucias, insatisfacción, intimidad…
No sé cómo es el amor y no lo puedo describir. La mayoría de las veces no puedo sentirlo. Con esta cierta y dura frase de Bergman para el guión podemos contemplar las debilidades e incertidumbres que van aflorando entre la pareja.

Marianne es una mujer muy dependiente, y Johan un hombre que ni sabe lo que quiere ni se encuentra a gusto con nada: el amor aquí se representa como algo efímero, temporal y muy caprichoso, que parece más bien venido de los instintos que se describe en la psicología;  y convierte esta historia en algo muy frío y enigmático para terminar planteándonos: ¿es entonces real este sentimiento?

Saraband se realizó 30 años más tarde por un octogenario Bergman, prácticamente en el final de su vida, siendo esta la última filmación que realizaría. El título hace honor a la zarabanda, una danza lenta, solemne, de ritmo ternario, y que resumen perfectamente ese ir y venir de las emociones que nacen entre los enamorados, así como un vaivén nostálgico de recuerdos que vuelven a abrir y cerrar cicatrices.

La música, venida de la mano de Bach y Brahms, acentuará el dramatismo que se cierne sobre los personajes: la eterna confusión de Marianne sobre sus sentimientos y su papel como espectadora de la función que vivirá.

La indiferencia, frialdad como padre, compasivo como abuelo y miedo a la muerte como mortal de Johan. El eterno amor que siente Henrik (Börje Ahlstedt), hijo de Johan, por su difunta esposa. Y el ciego amor de Karin (Julia Dufvenius), hija de este último, que siente por su pobre padre, quien proyecta en ella a su mujer muerta y que no es capaz de dejarla ir para avanzar en sus estudios de chelo sin terminar suicidándose.

Siendo la última película que rodaría Bergman, podemos interpretarla como una última confesión, y si así lo hacemos, entenderemos que con la edad podemos casi tocar a la muerte, que ciertos amores, por imperfectos que sean, no se pueden olvidar, que el dolor alcanza su culmen cuanto más nos aferramos a alguien; que no podemos ser indiferentes sin terminar reprochándonos algo nuestra propia conciencia… Y quizás, como últimas palabras a modo de testamento y legado para Liv Ullman, su musa y esposa, dejó estas palabras en su guión:

“Pienso mucho en la muerte últimamente. Pienso: Un día pasearé por el bosque hacia el río. Un día otoñal, con niebla, sin viento. El silencio es absoluto. Entonces veo a alguien en la puerta. Se acerca a mí. Lleva una falda vaquera azul… un abrigo azul… va descalza y tiene el pelo largo y liso. Camina hacia mí. Anna camina hacia mí, cruza la verja. Y me doy cuenta de que estoy muerto. Entonces ocurre algo extraño. Pienso: ¿Es así de fácil? Pasamos la vida preguntándonos sobre la muerte y lo que hay después y al final sólo es eso. Con la música puedo atisbar la idea. Brevemente, como en Bach.”

IGNACIO ESPEJO

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