Deporte y tercera edad

Por: Paula Varella

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Fuente: vidaexagerada.bloggspot.com

La práctica frecuente de actividad física ha sido considerada siempre como un hábito saludable. Sin embargo, hasta la década de los 70 no comienza a considerarse como una vía para la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de las enfermedades.

Diversos estudios demuestran que a medida que envejecemos nos volvemos más sedentarios. Este menor nivel de actividad hace que perdamos capacidades y habilidades físicas. Por ese motivo, la práctica de deportes adaptados para la tercera edad tiene múltiples beneficios físicos y psicológicos.

En ocasiones, las personas que llegan a la jubilación pasan a sentirse desorientadas y carentes de perspectivas y pueden caer en depresión. Mª Isabel Barriopedro explica en su estudio “Relación de la actividad física con la depresión y satisfacción con la vida en la tercera edad”, que uno de los desórdenes con mayor vigencia en la población de ancianos es la depresión, causada por la ausencia de apoyo social y por la pérdida de los amigos o de la pareja.

El hecho de que una persona anciana se plantee iniciar, continuar o potenciar una actividad física, puede suponerle un cambio sustancial en su vida interior. Por un lado, le ayudará a aumentar su equilibrio personal, mejorar su estado de ánimo y potenciar sus reflejos, proporcionándole una agilidad que podía tener estancada o mermada. Además, la práctica de deporte tiene efectos fisiológicos como la mejora del sistema cardiovascular, del respiratorio, musculoesquelético o locomotor.

Según escribe Pilar Pont en su libro “3ª Edad: actividad física y salud”, al realizar actividades físicas se establecen relaciones con otras personas adultas. Conocer gente y compartir causas comunes con personas afines en edad o en modo de pensar, contribuye a romper situaciones de soledad, ayuda a ser más tolerante, más abierto, y a relativizar los problemas personales o familiares. La ocupación del tiempo libre y la distracción de las preocupaciones diarias ayudan a combatir la depresión.

Tras conocer los beneficios del deporte en la tercera edad, debemos tener en cuenta que las actividades deben estar adaptadas a esta época de la vida. Existen varios tipos de ejercicios que pueden ser promovidos en esta edad, como actividades aeróbicas (caminar, ciclismo o pedalear en bicicleta, la natación, bailar, yoga, etc.) Estas actividades son preferibles a las llamadas de alto impacto, como trotar, correr o practicar deportes con saltos, ya que pueden ocasionar lesiones. Otra actividad fundamental es el entrenamiento de la fuerza muscular, ya que la pérdida de masa muscular es una de las principales causas de las caídas. Cualquier tipo de paciente puede participar en un programa de entrenamiento de la fuerza, incluso aquellos con hipertensión arterial o reuma.

Desde el punto de vista social, a la población le interesa que los ancianos tengan hábitos de vida lo más saludables posibles para así disminuir los gastos sanitarios que éstos ocasionan. Al practicar deporte, se favorece la desviación de la atención por problemas de salud menores por los que se suele acudir al médico, dejándolos de lado e incluso olvidándolos.

De la misma forma que es importante trabajar la fuerza y el condicionamiento cardiovascular del anciano, es fundamental estimular entre nuestros mayores la adopción de un estilo de vida activo, fomentando el deporte o las actividades en grupo.

 

 

 

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