Perales mola

Por el Profesor Alvaro Grijander

 

Oir una canción de Perales es volver por unos instantes a un lugar cálido y amable al que sabemos que hace mucho tiempo pertenecimos. En cierto modo es como ver una foto nuestra de niño en la que se ve de fondo el mobiliario de la casa de tu abuela. En un primer momento, te parece entrañable porque es algo conocido y querido, pero casi en ese mismo instante, te das cuenta de que transmite cutrez a raudales.

La casa de tu abuela

La casa de tu abuela

 

Porque, aceptémoslo amigos míos, la música de Perales es un cutrerío. Si, pero es nuestro cutrerío y por eso nos gusta, qué cojones.

Una vez aceptada esta verdad y quedando, de este modo, abiertas las puertas de la percepción, dispongámonos a disfrutar de uno de los mejores discos (en aquella época elepé) que ha dado este artista, paradigma de la canción ligera española setentera y ochentera. No es otro que: Para vosotros canto, publicado en el épico 1975, el año en el que cambio España y en los 40 principales sonaban Julio Iglesias, Mocedades,  y por supuesto, Perales.

El motivo que me ha llevado a comentar este elepé y no otro, aparte de por la indiscutible calidad del mismo, ha sido el contar con la portada más chunga de su abultada discografía. A pesar de ello, estoy abierto a realizar críticas de discos anteriores, a modo de precuela, o cualquier otro posterior, siempre dependiendo de la aceptación de dicha propuesta entre nuestros lectores.

 

Peazo de portada

Peazo de portada

 

Desde aquí queremos dejar bien claro que estamos totalmente en contra de la pirateria, así que si queréis oir este disco, compradlo, y bajo ningún concepto, repito, bajo ningún concepto escribáis en google “josé luis perales”+”por vosotoros canto”+”mediafire”.

Volviendo al tema que nos ocupa, nuestro querido José Luis se nos presenta en la portada con cara de “aún virgen a los cuarenta y viviendo con su madre”, haciendo gala, al mismo tiempo, de un entrecejo de lo más sepsi. Con esa mirada lánguida y un vestuario digno de los mejores tiempos de Almacenes Soriano, no desentonaría detrás del mostrador de la oficina de correos de un pueblo de Ciudad Real.

De esta forma, deliberadamente rompe con el glamour inherente a las estrellas del pop, porque sí amigos, José Luis es un hombre como nosotros, de la calle. Prueba patente de ello es el título del elepé, Para vosotros canto, advirtiéndose en el mismo cierto reparo, como pidiéndonos permiso. No se titula Esto es lo que hay y si no os gusta, ajo y agua.

Una vez dicho esto, a modo de introducción, adentrémonos en tan magna obra, que comienza con el megahit y te vas, una desgarradora balada en la que, tras una genial intro de sintetizador analógico y unos emotivos arreglos de cuerda, José Luis nos abre su alma y escribe a ese amor que lo abandonó, cree él, que sin venir a cuento, dejándolo con dos palmos de narices. En su inocencia y porque aún la ama, cree que ella va a prestar atención a estas palabras, sin saber que ya está tirándose a otro.

 

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“Te di mi calor, mi flor, el canto de mi gorrión”, son claras alusiones al despertar de su sexualidad, a una entrega sin límites a la que él creía el amor de su vida, posiblemente porque es la primera con la que se comió algo. Nuestro José Luis ofreció su cuerpo y su alma de una manera en la que solo pueden hacerlo aquellas personas resignadas a dar más de lo que reciben.

“Te olvidarás de mi nombre, de lo que fui...”. En un ejemplo de honestidad brutal, el poeta asume que esta relación, que él seguirá evocando de manera recurrente durante toda su vida, no significó absolutamente nada para ella.

El tema finaliza con un tempo de vals in crescendo, precedido por una pausa claramente introspectiva, que nos hace volver a respirar hondo, después de haber estado conteniendo inconscientemente la respiración durante casi tres minutos.

Si con esta canción no consigues emocionarte y recordar a esa chica con la que comenzaste a salir y que un buen día pasó de ti como de la mierda, es que estás muerto por dentro.

 

Perales, cuando era roquero

Perales, cuando era roquero

 

Ya por último, y a modo de curiosidad, mencionar que el estribillo de esta canción siempre me ha recordado a la intro del genial programa de televisión, que sin duda merecería una entrada aparte en esta publicación, “Quién sabe donde”, conducido por el ínclito Lobatón.

Cecil B. DeMille decía: “una película debe comenzar con un terremoto e ir creciendo en intensidad”. Por el contrario, Perales, una vez que ha conseguido dejarnos el corazón en un puño, decide rebajar un poco la tensión con El ciego, entrañable medio tiempo a caballo entre la balada y el folk con aires country-rock, en el que un niño explica a un invidente qué es la luz, que son los colores y cómo es el mundo que nos rodea. Las explicaciones del chiquillo, plenas de ingenuidad, consiguen una vez más conmovernos.

 

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Vaya ciego, oiga

 

El tercer corte ,El amo y el mozo, sigue la estela del folk patrio y con un ritmo de jota compaseado en tres por cuatro, se adentra de lleno en el terreno de la reivindicación política, ofreciéndonos una acertada visión del mundo laboral en las zonas agrarias de nuestra piel de toro,

 

“…el vino canta y el amo canta, el mozo se va a la siega…”

Perales nos deja bien claro que el trabajador es quien se lo curra mientras el patrón se toca los huevos. Valiente alegato en favor de la lucha de clases en plena época tardo-franquista.

 

Perales colocando la bandera soviética en el Reichstag alemán

Perales colocando la bandera soviética en el Reichstag alemán

 

 

Con la correcta balada Canción para un poeta homenajea la memoria del poeta conquense Federico Muelas, artista multidisciplinar y miembro de la generación del 36. Queda patente la gran admiración que profesa nuestro cantante, en sus propias palabras, “al poeta de mi ciudad

 

 

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perales mola

Y ahora, si, amigos, llegamos, junto con el primer corte, a uno de los momentos estelares del elepé. La ironía se apodera de nuestro, en apariencia, inofensivo bardo, y con una afilada pluma, se mofa del equivalente a lo que hoy conocemos como “el gafapasta”. El tema comienza a ritmo de trepidante funky callejero, que da paso a un acompasado foxtrot:

“…se compra un diccionario de español-inglés, se deja la barbita y la melena. Se aprende las palabras very nice y yes…”, “…le aburren los flirteos con las sexi girls, su mundo está encerrado en una discoteque, en un vaso de whisky y un cigarro”

En El snob, el sentido del humor y la mala baba afloran con zarpa de acero, no dejando títere con cabeza y ridiculizando cualquier atisbo de modernidad proveniente de allende nuestras fronteras, equiparándolo con lo vacuo y superfluo. Y ello porque, estoy convencido, fue un snob el que le levantó a la novieta de la primera canción.

 

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¡¡Cómo es Perales!!, ¡que increible giro dramático nos sacude en el ecuador del elepé!. La mofa y la sorna de “el snob” abren la puerta en nana para mi madre a abordar un tema tan delicado como es el suicido. ¿A qué otra cosa se podría estar refiriendo cuando le dice a su madre, con la que aún vive, probablemente en una nota dejada encima del tapete de ganchillo del recibidor: “madre, si yo me voy, guarda mis cosas en un rincón…tal vez, cansado de caminar, recuerde que hay un lugar, que huela a tomillo y miel…”?. Es perfectamente comprensible que a estas alturas del disco, piense en quitarse la vida. Yo mismo comparto ese sentimiento al comprobar que debo enfrentarme a cuatro canciones más.

 

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La alegría y las ganas de vivir continúan con: mi pueblo se está muriendo. Una intimista balada en clave de adagio rural, que, 37 años antes, se anticipaba a los escenarios de The Walking Dead.

“…silencio que está mi pueblo, muriendo de soledad, silencio que va la muerte paseando por mi lugar y mis cerros, silencio que está lloviendo y el viento dormido está…”.

 

 

 

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El pueblo de Perales

 

A ritmo de folk ibérico trotón, el autor hace toda una declaración de intenciones con el corte que da título al long play para vosotros canto y vuelve a desnudar su alma entregándose, no ya a un amor no correspondido, sino a nosotros, sus seguidores.

para vosotros canto mi canto, lloro mi llanto y vivo”, al igual que Santa Teresa, Perales en pleno éxtasis gozoso, sufre y llora, sufre y vive.

 

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Perales en el sofá de skay de casa de su madre

Con la tabaquera, el poeta nos retrotrae a una época en la que se fumaba en cines, bares y hospitales y se podía echar el humo en el careto de viejos, embarazadas y niños. Todo ello con el beneplácito de las autoridades sanitarias y sin tener que soportar el yugo opresor de lo políticamente correcto.

 

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Una vez situados en tan añorado escenario, la balada nos hace partícipes de la tristeza de una tabaquera de mediana edad, que aún sigue esperando a su amor de juventud, mientras vende papel y tabaco (no es para porros, no seáis malpensados) por las tabernas del mismo pueblo por cuyas calles deambula un ejército de zombies.

Por ti, es una sincera balada de las de toda la vida, en las que nuestro enamoradizo cantautor, arropado por unos cálidos coros de vírgenes vestales, le canta al amor de su vida, a aquel que conoció cuando aún era un niño, a su primer y único amor.

por ti, por ti, por ti, yo estoy aquí… por ti, yo estoy llorando

José Luis, al igual que Bécquer, prefiere amar y sufrir, y saber así que ha amado, a no sentir nada.

Con este tema se pone fin, desgraciadamente, a esta atemporal obra, cuyo ánalisis esperamos que haya sido del agrado de nuestros lectores, a los cuales emplazamos a futuros análisis musicales.

 

 

The Island Times

 

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