Equinoccio de poesía

Por Alicia González

 

¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.
Gustavo Adolfo Bécquer

 

Florecen las palabras en el cuaderno de los paisajes. La lírica es la cura de los males. En todos lados la poesía se vive, más allá de un conjunto de signos articulados para regalar un significado a la humanidad. En la mirada que se extiende en el anonimato de la ciudad y nunca se vuelve a ver por los kilómetros divisorios de las almas en pena.

 

El equinoccio de poesía se lee en todas partes: en la caricia maternal cuando la espera de nueve meses gestiona un vaivén de ideas. En las estrofas que escriben un amanecer para dar comienzo a la revoltura de sonidos que para el común denominador puede no tener sentido o bien, ocasionar un terremoto emocional.

 

Si la poesía no existiera, parte de la estética habría muerto. No podríamos mentir con elegancia, ni cortejar al ser amado, burlarnos de la realidad, moldearla a nuestro antojo y compartir con el universo. Tampoco podríamos caminar en el hilo de las figuras retóricas o destruir la magia negra de este mundo que está combatiendo a los pocos humanos restantes.

 

Un poema canta y construye el hábitat de las células humanas. Las vuelve sensibles y en ocasiones soberbias por escribir en la etérea inspiración o musa que se evoca al azar cuando la frase toca a las neuronas y las pone en acción para fluir en el mar blanco, en espera de ser inundado por la tinta o la tecla indiscreta.

 

Palabras que viajan en transporte público y en la calle, con la pluma de las voces dispuestas a darles vida a aquellos textos germinados en soledad o colectivo, con olor a cadáver exquisito, donde el azar pronostica el rompecabezas contagiado de letras en función de confesionarios abstractos. Escritura intertropical entre la idea y la redacción, donde el nazismo ortográfico fallece para someterse en la locura.

 

¿Cómo sería el mundo si no existiera la poesía? La destrucción sería masiva. El silencio sería el castigo, la comunicación sería corporal, pero la desesperación cedería a esas almas sin voz que buscan y buscan mas no encuentran. La humanidad sería fantasma, solo siluetas inertes deambularían en busca de las palabras y gritar tan siquiera un odio tras sus condenas en forma de silencios.

 

La poesía es un acto de fe, en cada cambio de estación ahí está saludándonos y recordando que pronto el otoño de nuestras vidas llegará a abrazarnos sin soltarnos hasta que las arrugas de las páginas lo permitan.

 

¿Poesía? ¿Qué es? Cuestionó Bécquer en una de sus manifestaciones artísticas. Humildemente, se podría responderle en cada acto del ser humano que día a día entre letras, e ideas en peligro de ser arriesgadas se plasman en la antología de la existencia.

 

 

Fuente: Sin Embargo

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