La globalización de los indígenas

Por Pepe Pont

static.squarespace.comUn grupo de niños —y no tan niños— bribri jugando a fútbol.

 

Las comunidades indígenas, tribales, en muchos lugares poblaciones aún consideradas «marginales», tienen sus propias maneras de ver, entender y comunicarse tanto dentro como fuera de su círculo social. El modo de vida comunitario es sinónimo de la dupla formada por la organización y la solidaridad. Diría incluso más, los miembros de estas comunidades participan voluntariamente en la vida social, económica y política local para encontrar soluciones a problemas detectados y tratar de mejorar así sus condiciones de vida.

Pongamos como ejemplo la escasez de recursos. Este hecho puede impedir a una comunidad generar excedentes con los que poder comercializar, ya sea vendiendo el producto en sí o intercambiándolo por otro a modo de trueque —una práctica, por cierto, que sigue a día de hoy presente en numerosas culturas—, y que obliga a que los más jóvenes tengan que migrar en búsqueda de trabajo lejos de sus pueblos, de sus familias y lógicamente de sus raíces.

La migración de estas poblaciones, generalmente hacia polos urbanos, constituye otro de los factores que modificará sus sistemas culturales, poniendo así de manifiesto la diversidad cultural en el marco de la globalización.

La adopción de nuevas lenguas, costumbres o religiones por parte de las nuevas generaciones, implica una serie de consecuencias involuntarias. Por un lado modifican sus patrones culturales, mientras que por otro son numerosas las puertas que se les abren a la educación y al éxito. Del mismo modo, el abandono de su lengua produce una enorme fractura en la transferencia del conocimiento tradicional entre generaciones. Nos encontramos con un enfrentamiento entre el progreso y la tradición, la conservación y la adaptación, cada vez más común.

Esta diversidad lingüística y cultural pone de manifiesto la variedad de la experiencia humana, de aspectos de la vida que tendemos a considerar universales, como pueden ser nuestra noción del tiempo y los calendarios estacionales, los sistemas de orientación o «simples» técnicas de riego.

El hecho que, en los últimos años, la globalización haya estado provocando un aumento en la influencia política de las comunidades tribales es hoy en día una tendencia global. No hace falta recordar que en Latinoamérica, por ejemplo, son cada vez más los presidentes de origen tribal. A día de hoy, situaciones como pasear por en medio de la sabana y cruzarte con un morán que te saluda mientras habla por el teléfono móvil o que un bereber se baje de la motocicleta en medio del Sahara para ofrecerte productos artesanales son hechos cotidianos, nos guste o no.

No obstante, la imparable expansión de la cultura global no es excusa para no escuchar a los miembros de estas comunidades, de quienes, a pesar de la fragilidad de su modo de vida tribal, tenemos muchísimo que aprender.

 

 

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