La sexualidad no tiene por qué ser espontánea

 Por Raquel Díaz Illescas

 

12. LA SEXUALIDAD NO TIENE PORQUE SER ESPONTÁNEA

Planificar un encuentro sexual puede ser muy excitante.

 

Todas las personas tenemos un concepto o idea de lo que pensamos o sentimos que a nuestro entender es la sexualidad. Cada cual lo tendrá dependiendo de sus creencias, de la educación recibida, de sus experiencias a lo largo de la vida y de cómo las haya vivido: de forma placentera, libre, sin culpa; o con frustración e insatisfacción, con miedo, ansiedad ante el no conseguir lo esperado, culpa, etc.

 

Con todo esto, hombres y mujeres intentan vivir su sexualidad de la manera que saben o se permiten, pero no siempre de la que quieren o desearían.

 

Y es que en temas de sexualidad nuestra sociedad se encuentra en pañales, a pesar de lo “sabias y expertas” que se creen algunas personas. Es verdad que algunas han empezado ya a caminar y que quieren seguir haciéndolo para disfrutar de su sexualidad en solitario o en pareja.

 

Modificar las conductas y pensamientos de una sociedad que ha aprendido un modelo de sexualidad fundamentado en la culpa, lo sucio, lo que es o no decente, lo que se puede o no se puede hacer, sentir, o pensar, cambiar el pensamiento de una sociedad coito céntrica, resulta más lento de lo que sería deseable. Tener una mente abierta, flexible y receptiva facilitará, sin duda, este proceso de transformación.

 

Entre las muchas acepciones o atribuciones que se le han otorgado a la sexualidad, se encuentra la de “ser espontánea”, irreflexiva e involuntaria. Un error más a sumar a esa gran lista de creencias que no permiten a hombres y mujeres disfrutar de su sexualidad.

 

La sexualidad no forma parte de las acciones o actividades que se deben dejar a la espontaneidad, a eso de cuando tenga que surgir, rotundamente NO. Si dejásemos a la espontaneidad los encuentros erótico sexuales, ocurriría lo que ocurre: a uno de los miembros de la pareja le apetece, pero al otro no; uno tiene toda la tarde por delante para dedicarse a retozar entre las sábanas, el otro no; uno se ha levantado con la libido despierta, el otro no. La sexualidad no se puede dejar al cuando surja.

 

Igual que hacemos con las cosas que nos resultan placenteras, gratificantes, divertidas, lúdicas, etc. en las que nos tomamos tiempo para planificar, fantasear  e ilusionarnos, así debemos también hacer con nuestros encuentros erótico sexuales: planificarlos con todo detalle, imaginar, fantasear…. ¿No planificamos nuestras vacaciones y pensamos aquello o lo otro que nos llevaremos, dónde iremos, cómo y qué o cuál indumentaria utilizaremos? Pues esto mismo es lo que debemos hacer con  nuestros encuentros sexuales: planearlos, fantasearlos, ser creativos, así la excitación estará asegurada.

 

La mayor parte de las parejas encuentran pocos momentos para compartir juntos, tranquilos, sin niños, sin prisas, sin estrés y la sexualidad es la que normalmente se resiente y a la que se le acaba dejando  las migajas, lo que sobra de ese tiempo estresado y como hay que cumplir y no dejar otra semana a dos velas, el recurso al uso es: uno rápido, sin ganas, en el  que se pretende que se desfogue,  normalmente el mismo miembro de la pareja, el hombre. Pero esto no es del todo cierto, ya que ese desahogo, tampoco es lo que quiere y desea éste, pues aunque acabe teniendo su orgasmo, tener relaciones sexuales satisfactorias no significa simplemente eyacular. Disfrutar del placer es otra cosa, también para los hombres.

 

Sin duda, el tiempo libre del que disponemos cada día es más reducido y con más carga emocional, pues ese tiempo que nos pertenece acabamos transformándolo en trabajo o en actividades no siempre placenteras y que nos permitan compartir con la pareja.

 

Para algunas parejas, el disponer de más tiempo para compartir acaba siendo motivo de enfrentamiento. Convivir no es fácil, como tampoco  a veces lo es el comunicarse eficazmente.  Esto acaba  reduciendo la fase de las caricias y los besos, cosa que no favorece el que la mujer se relaje y no viva con ansiedad las aproximaciones con expectativa de sexo. Si las caricias, los besos y los mimos o zalamerías varias, solo se dan cuando  se quiere mantener relaciones sexuales, esto provocará que la mujer, sobre todo, viva como desagradable cuando la pareja está más cariñosa de lo habitual, le da besos a ton ni son en el cuello, le habla de manera dulce, sensual, etc. pues son el preludio de una relación coital.

 

Es importante que las muestras de afecto estén presentes lo más posible, no solo cuando queremos mantener una relación sexual, pues esto acaba provocando frustración y desagrado para quien así lo percibe.

 

En próximas ediciones aportaremos algunas sugerencias a tener en cuenta en cualquier encuentro erótico sexual. Hasta entonces sean creativos, disfruten de su cuerpo todo lo que sean capaces de permitirse.

 

 

 

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Fdo.: Raquel Díaz Illescas.

http://sexualidadpositiva.blogspot.com/

Licenciada en Psicología.

Terapeuta sexual y de pareja.

Teléfono: 622673040

 

 

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