El violinista James Ehnes y el proceso de elegir el mejor instrumento; es una cuestión de creatividad e inspiración, dice

Foto: Benjamin Ealovega

Foto: Benjamin Ealovega

 

Recientemente ha habido mucho debate sobre lo que hace a un violín especial, si los violines que han sido considerados los mejores tradicionalmente – como los de Antonio Stradivari y Giuseppe Guarneri del Gesù, en particular – realmente son tan especiales, si los violines italianos son, efectivamente, mejores que los instrumentos hechos por lauderos contemporáneos. De ser así, ¿por qué?, y, ¿qué tanto son mejores?

El “experimento a ciegas” se ha convertido en una cierta tendencia en los últimos años. En materia del tema a discusión, se ha reunido un conjunto de los violines más costosos, tanto viejos, como nuevos, y se le ha pedido a un grupo de violinistas que traten de identificar las diferencias.

Algunas de las pruebas han resultado más veraces que otros desde su metodología ya que vivimos en una época de escepticismo y comúnmente el punto de interés en estos experimentos se ha centrado en comprobar el fracaso de los violines antiguos frente a los contemporáneos. Frecuentemente es poca o nula la atención que se presta a los viejos violines, a la edad de sus cuerdas, a la configuración del arco o al nivel de comodidad de los músicos con los instrumentos italianos. Por el contrario, a los instrumentos contemporáneos son ajustados de forma óptima y cuidadosa. De tal manera que afirmar que los instrumentos contemporáneos suenan mejor que los antiguos, no es de sorprenderse. Sin embargo, la magia de un gran violín, nuevo o viejo, no se revela bajo dichas circunstancias.

 

No cabe duda de que hay fabulosos violines hechos actualmente, y que algunos de estos instrumentos pueden ser “mejores” que algunos de los grandes violines del pasado. No obstante, es importante examinar lo que define la grandeza de un violín, así como lo que los grandes violinistas están buscando en su instrumento.
 

 

La gente que paga para ir a un concierto, no está pagando por el sonido de un violín. Paga para escuchar la música que los mueve. En ocasiones, encontrar el violín “correcto” para un violinista, el instrumento que será su voz musical, puede ser un proceso de toda la vida. No es algo que se pueda determinar en una habitación de hotel en cinco minutos. No es ni siquiera una cuestión sobre el “sonido”, per se. Es una cuestión de creatividad e inspiración.

El violinista que tiene un poco de curiosidad en las variaciones tonales que se encuentran en su instrumento es un músico limitado; el proceso para descubrirlas, aún en un gran violín, consume tiempo y es a menudo frustrante. Hay pocas cosas tan tristes y frustrantes como el desencanto con el instrumento que ha sido una compañía constante. Uno puedo estar encantado por meses o incluso años con un violín en particular, con respuesta, poder, y la belleza de su tono, y un día triste descubrir que no quedan más misterios en ese instrumento, que ese violín ha llegado a su fin.

Por los últimos dos siglos la mayoría de los grandes violinistas ha determinado que los instrumentos de Antonio Stradivari y Giuseppe Guarneri del Gesù les permitían interpretar su música lo apegada a como la tenían en mente, con mayor belleza y pasión. Estos instrumentos no fueron elegidos simplemente por su laudero o por la belleza de sus tonos, sino por sacar lo mejor de los violinistas que los tocaban, por permitirles transmitir mayor emoción, comunicar su ideal musical sin barreras, en todo su esplendor, profundidad y belleza.

2926_jamesehnes-e1365438640498Algunos violinistas prominentes han comenzado a usar violines contemporáneos (o violines hechos por “peores” lauderos del pasado), como los instrumentos que utilizaron en su primer concierto. Esto no debería sorprendernos; escoger un violín es una tarea muy subjetiva, cada músico busca diferentes cualidades en un instrumento. Por otra parte el alto costo de un Stradivarius o de un Guarneri es una limitante para muchos violinistas – cabe mencionar que el precio no es el único factor que detiene a los músicos para obtener un violín de este tipo, sino también el sentimiento paralizante por la responsabilidad de cargar con uno de ellos alrededor del mundo – un violín de cinco millones de dólares no es diez veces mayor que uno de medio millón de dólares, y ciertamente no es cien veces mejor que un instrumento moderno, que tiene un precio de 50, 000 dólares.

He escuchado a personas hablar de la grandeza de los violines italianos como un mito, la implicación (declarada o no) de que los violinistas se atribuyen su etiqueta de prestigio, historia, y precio. Yo le preguntaría a esas personas si realmente piensan que Itzhak Perlman no es mejor juez que ellos sobre el potencial de un violín: Pinchas Zukerman, Anne-Sophie Mutter, Maxim Vengerov. Y así podría seguir.
En mi experiencia, puedo decir que tocar con regularidad un Stradivarius durante los últimos 19 años ha sido una experiencia de aprendizaje tan magnífica y consistente que nunca hubiera esperado tener. Cada día mi Strad me impulsa a ser más refinado, más creativo y lo más importante, más directo en mi comunicación al tocar. Ésta es realmente la grandeza de un violín.

James Ehnes ha sido ganador de los Premios Grammy y es uno de los violinistas más destacados mundialmente, fundador del Cuarteto Ehnes, y director artístico de la Sociedad de Música de Cámara de Seattle.

 

 

Fuente: Sin Embargo

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