Putamente enamorado

Por María Paz Ruiz Gil

 

Libro Pop Porn (En baja para correccioìn MPRG)

 

Ella es la fascinante combinación de todo lo  que no se puede hacer.

¿Has visto cómo se sienta? Abre las piernas sin importarle que la mires ahí, porque le encanta

Lo malo es que camina rápido. Claro que come aún más rápido, sin masticar, y le gusta que su garganta suene cuando chupa tequila.

De mascota   tiene   una   anguila  que compró en un restaurante  y que se trajo en una bolsa, pero desde mi pantalla parece una manguera de plástico.

No me da asco que se quite los pelos mientras recibe al vendedor del abono de transporte, con quien ha pasado noches que ni ella recuerda, porque es un cliente sin nombre.

Me encanta cuando la veo subrayar los libros, o cuando firma sobre sus manzanas, y luego se las come sin remilgos, frente a la cámara, abriendo la boca como una boa.

De merienda se sirve un poco de arroz duro al que le tira una botella de soja con salmón, pero ella cree que es sushi.

Tiene aretes, pero no en las orejas. Tampoco pienso contarte dónde los tiene.

La persigo por Internet, me escribe desde ocho correos distintos, y en todos figura como hombre, pero la veo en la cámara y sé que existe, que es una mujer delito.

Se despide de mí diciendo que tiene que ir a trabajar. Cada trabajo de ella me perfora el alma tantas veces como a ella la perforan por otros sitios.

Cuando termina y se conecta a la red me cuenta que ansía conocer sólo a los que están muertos: Churchill, Poe, y ahora a Liz Taylor.

En el último correo me dijo que no podía estar conmigo, ella prefiere a los viejos, a los escleróticos, a los reumáticos, a los pacientes crónicos de pulmón, incluso a los mudos; a cualquiera antes que al admirador que vive y respira detrás de su cámara.

 

Incluído en el Libro Pop Porn
de María Paz Ruiz Gil

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