Derviches: girando hacia la divinidad

Por: Héctor Anaya

Buscar la unión entre el ser humano y Dios, unir cuerpo y alma, mediante la elevación del alma a unos estados superiores a los de la propia consciencia; ese es el principal objetivo de estos sufíes islámicos, los derviches.  Derviches significa literalmente «el que busca la puerta», y eso es, precisamente, lo que ellos pretenden con sus giros perfectos, alcanzar una ascensión, una perfección, un estado espiritual renovado.

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El sufismo es una corriente espiritual surgida en Persia antes de la era cristiana que se integró posteriormente en el Islam y que engloba a unos 50 millones de personas de todo el mundo. Además de la doctrina espiritual, el sufismo ha dado lugar a una cultura rica en danzas y música, desarrollada en diferentes aspectos y lugares, entre los que destacan, Turquía y Pakistán. Dentro de la cultura desarrollada por los sufíes encontramos las danzas derviches.

Los derviches giróvagos, también conocidos como mevlevíes, conforman una orden o tariqa fundada hacia el siglo XIII por los seguidores del célebre poeta sufí Jalal al-Din Muhammad Rumi. Dicha orden musulmana tiene un carácter ascético y místico y su principal ceremonia ritual consiste en una danza-meditación llamada Semá.

Ser derviche no es fácil.  La danza, más allá del hecho físico en sí y centrándose en lo que ello conlleva para la persona y su espiritualidad, es fruto de varios años de preparación, pues requiere una estabilidad y conocimiento interior absolutos, y necesita de las enseñanzas de un maestro derviche que permite a los discípulos aprender a encontrarse con ellos mismos y les prepare para recibir el Todo universal.

Lejos de lo que pueda parecer a primera vista, la danza de los derviches, cuya finalidad es alcanzar un estado místico que una con Dios y el interior de la persona, no es algo realizado al azar. Cada gesto, cada movimiento, cada giro, está milimétricamente preparado para lograr su objetivo, respetando de esta forma una simbología característica para cada ocasión. Los giros son llevados a cabo siguiendo unas pautas marcadas, en lugares y tiempos precisos. La mano derecha se coloca extendida hacia lo alto con la palma mirando hacia el infinito, la mano izquierda se dirige hacia la tierra, logrando la unión de cielo y tierra. Al girar sobre su propio eje, simbolizando la victoria de la vida sobre la muerte, los derviches se convierten en mediadores de lo finito y lo infinito, despegándose de su propio ser individual, para alcanzar un Todo superior.

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Al igual que los movimientos, el vestuario también respeta una simbología propia. De esta forma, al entrar al templo donde se realizará su danza, los derviches visten un sayal negro que simboliza la tumba, la muerte, y, conforme comienzan a girar, se despojan del sayal y dejan al descubierto sus ropas blancas, representantes de lo puro y divino que solo se consigue tras la muerte del ego.

Durante la mística danza, que puede durar horas, cada derviche se mueve en armonía con el ritmo de la música de flautas y tambores, formando un círculo con el resto de sus compañeros. De esta forma se intenta mostrar la naturaleza giratoria de todo aquello que conforma la existencia humana y la rodea: las galaxias, los planetas, el   ciclo de la vida… todo es un continuo rodar.

Si se quiere disfrutar de esta exquisita mezcla de música, danza y espiritualidad; uno de los sitios más comunes para ellos es Turquía, en especial Estambul y la zona de la Capadocia. En Estambul suelen realizarse representaciones frecuentes. Una de ellas se realiza en la Hocapasha (cerca del Hotel Ilik Palas), donde se realiza un espectáculo sufí en el que no faltan los derviches los domingos, miércoles y viernes a las 19,30h por un precio de 25€ por persona. Otro lugar típico para disfrutar del espectáculo de los derviches es en Capadocia, en los típicos ‘caravansary’, lugares donde solían detenerse las caravanas a descansar. El precio que incluye la recogida en el hotel y la típica cachimba para fumar es de 30€ por persona.1

Egipto es otro de los lugares donde suelen realizarse representaciones de las danzas derviches, pero estas se diferencian de las turcas y pakistaníes, en su grado artístico, ya que dejan a un lado la solemnidad y la austeridad propias de una danza religiosa y mística como es la turca, y se centran más en la realización de un espectáculo entretenido y ameno para el visitante. En las representaciones derviches egipcias, llenas de colorido y música, los derviches pretenden narrar las distintas fases de la creación del hombre y el mundo y, para ello, se sirven de numerosas y variopintas faldas de vivos colores.  Además, en Egipto, la danza a perdido su carácter religioso y ha pasado a formar parte del folklore del país, por lo que su representación es habitual en ferias y en salones de espectáculos. El precio por persona para disfrutar de la danza egipcia es de unos 45€, aunque siempre se pueden formar grupos de 7 a 10 personas, lo que rebaja el precio a 25€ (incluyendo el traslado desde el hotel, la bebida y la degustación de platos típicos durante el espectáculo).

Dos formas de ver e interpretar la danza derviche, ahora la elección es tuya o ¿prefieres disfrutar de ambas?

twitter: hectoranaya94

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