El débil eco de Luther King en las canchas de futbol: agresiones por el color de piel persisten

Por Francisco Espinosa

 

La electrizante voz de Martín Luther King inundó Washington el 28 de agosto de 1963. El activista defensor de los derechos civiles, pronunció frente a 250 mil personas su célebre discurso “Tengo un sueño”. Aquel día, King dejó de ser un mortal y se convirtió en un símbolo de lucha por la igualdad racial.

Han pasado casi 50 años desde que aquellas palabras retumbaran en la ideología establecida del país más poderoso del mundo. Su legado ha hecho eco desde entonces abarcando distintas áreas de interés social. Si bien la segregación es un tema que cada día que pasa se vuelve más equívoco, diversos discursos racistas siguen sobreviviendo hasta nuestros días.

El fútbol pronto se estableció como uno de los deportes más populares del mundo. Las historias que generaba iban más allá de goles anotados y copas ganadas. El accionar de una selección nacional podía dar un imagen general de lo que era el país representado como sociedad. Como importante referente social, los problemas de segregación han aparecido en las gradas de un estadio.

El 12 de mayo de 2013, Milán recibió a la Roma en el estadio San Siro. En un hecho sin precedentes en la historia del fútbol italiano, el árbitro Gianluca Rocchi paró el partido por las constantes manifestaciones racistas por parte de la afición del equipo visitante hacia el delantero Mario Balotelli. El atacante italiano, hijo de inmigrantes ghaneses, fue adoptado por la familia Balotelli cuando éste tenía tres años. El domingo por la noche, alzó la cabeza y con mirada furtiva hacia el sector donde se encontraban los aficionados visitantes, puso su dedo índice en su boca mandándolos callar.

 

 

Antonio Moschella, periodista co-fundador del portal ilcatenaccio.es, lamenta la situación ocurrida en su país, “en el norte son más racistas. Las aficiones de Lazio y Roma no pueden concebir que exista un italiano negro”. El problema de regionalismos afecta a  los propios italianos, “no sólo es en contra de los negros. Las aficiones de los equipos del norte desprecian el sur de Italia. Hay muchísimos cánticos pidiéndole al volcán Vesubio que haga erupción para que desaparezca la región”, señala Moschella.

La UEFA ha trabajado en conjunto con el grupo Fútbol en contra del racismo en Europa (FARE, por sus siglas en inglés) desde el 2001. Desde ese año, cada octubre se lleva acabo la semana de acción FARE. En cada partido internacional de la confederación, los capitanes de los equipos portan la cinta con el lema “En contra del racismo”. El grupo activista presenta cada mes un informe sobre los acontecimientos racistas, homofóbicos y de xenofobia que se presentan en el viejo continente.

La FIFA se llenó de críticas severas cuando en 2011 su presidente, el suizo Joseph Blatter, manifestó que el racismo no era un problema grave en el fútbol. Grupos que defienden los derechos civiles, reclamaron catalogando a Blatter como un ciego al que sólo le interesaba el negocio. Dos años más tarde, la FIFA ha creado una comisión especializada que se ocupe del problema. Incluso el mandamás suizo ha llamado a los servidores públicos a actuar de la mano con el organismo que rige el fútbol, “no puede haber un deporte si los gobiernos no se implican en la eliminación del racismo y se acompaña de la educación de los ciudadanos”, manifestó.

Toda Europa ha tenido casos de insultos raciales. Para Moschella, Italia tiene un retraso respecto a las otras ligas importantes (Inglaterra, Alemania, España y Francia) del continente, “se puede comparar un poco con Grecia, pero sin duda en Italia es más fuerte. Italia tiene apenas 150 años de existencia, los primeros emigrantes llegaron en los 70′s y 80′s. Hay pocos italianos negros”, dijo.

 

Foto: Facebook

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Uno de los pocos “italianos negros” es una mujer que se ha llevado los focos en los últimos tiempos. Cecile Kyenge nació en el Congo hace 48 años y llegó a Italia en el 83. En 2002 fundó la asociación de integración intercultural “DAWA” (medicina en lenguaje Kiswahili). Dos años después ingresó en la política como representante de la izquierda en la ciudad de Modena. Su efervescente activismo la ha llevado en 2013, a convertirse en la primera persona de color en la historia de país que tiene un cargo importante. Kyenge dirige el ministerio de integración del primer ministro Enrico Letta pese a severas críticas de algunos sectores políticos que le han pedido regresar al Congo y no hacerse llamar italiana. La ministro no ha hecho caso a la adversidad y ha empezado la campaña para que se el parlamento apruebe el “ius soli”, una propuesta de ley para que hijos de inmigrantes accedan a la nacionalidad italiana. Mario Balotelli ha dado el visto bueno para ser la figura pública de esta campaña.

“Tengo un sueño, en el que un día mis hijos no serán juzgados por su color de piel sino por su reputación”. Aquella tarde de 1963, Martín Luther King manifestó este deseo de igualdad racial. En Italia, medio siglo después, el futbol lucha para hacer realidad el deseo del símbolo King. Balotelli tiene el talento para poner la pelota en el ángulo, pero siempre se le criticó su inmadurez mental. El apoyo abierto a Kyenge es un punto de partida para que el italiano pueda ser ese portavoz que el calcio necesita para erradicar este problema y seguir disfrutando de la pelota sin interrupciones arbitrales necesarias.

 

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