De bandejas, hormonas y azafatas

Por Sandra Ferrer

 

perfil1Ahora mismo, en este preciso instante, miles de azafatas sobrevuelan nuestras cabezas asistiendo a los millones de viajeros que se mueven alrededor del mundo. Hoy hace 83 años, una chica con ganas de soñar consiguió convertirse en la primera azafata de la historia o chica del aire, como entonces se conocían.

Cuando en 1926 despegaba el primer avión comercial de la historia, la tripulación se reducía al piloto y al copiloto. Y a pesar de que se planteó la posibilidad de incorporar un ayudante que pudiera atender a los pasajeros, en ningún momento se pensó en mujeres. Los cambios hormonales de las féminas imposibilitaban cualquier tarea en el aire. Ese era el argumento.

Pero una muchacha soñadora daría al traste con semejantes teorías prehistóricas. Ellen Church era una jovencita de Iowa que había estudiado enfermería y que se embobaba con las exhibiciones aéreas que se desarrollaban cerca de su casa.

Un día, sin pensárselo dos veces, entró en las oficinas de Boeing ofreciendo sus servicios como enfermera, dejando a Steve Stimpson, responsable de la compañía, clavado en su silla.  Aun así, Stimpson fue abierto de miras y consideró que una enfermera podía ser de gran utilidad en un vuelo comercial. Así que Ellen fue contratada durante un periodo de prueba de tres meses con la condición de que tenía que encontrar otras siete enfermeras cualificadas y aptas para el puesto.

 

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Las condiciones eran un sueldo de 125 dólares al mes, no ser mayor de 25 años, no ser más alta de 1,60 metros y pesar menos de 52 kilos. Ellen y las otras siete enfermeras, formaron las denominadas Sky Girls, las primeras ocho chicas del aire que consiguieron volar como ayudantes en un vuelo comercial.

Hoy hace 83 años, el 15 de mayo de 1930, Ellen Church a sus 23 años realizaba su primer vuelo como azafata entre Oakland y Chicago a bordo de un Boeing 80-A trimotor, vuelo que duró 20 horas y requirió hasta 13 escalas. Se convertía así en la primera azafata de vuelo de la historia.

Una profesión nueva requería una designación nueva. En nuestra lengua se tomó un término cuyo origen se remonta a las esclavas del Al-Ándalus que solían llevar unas bandejas denominadas Safats. Ya las reinas cristianas asumieron el nombre de azafatas o camareras para designar a sus ayudantes hasta que el término se elevó a los cielos.

 

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