Historias de pasión, locura y muerte : Woody Allen y Mia Farrow

Por Juan Carlos Boveri

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En la década de 1980, Woody Allen y Mia Farrow formaron una pareja que resultó un modelo para millones de parejas del mundo. Mostraban una nueva forma de matrimonio sin vínculos legales y viviendo en casas separadas.

Woody era un actor, guionista y director de cine de alto nivel intelectual. Mia, una actriz con fama mundial y varios premios por sus actuaciones en películas memorables. Él le llevaba diez años y ostentaba una  imagen de hombre débil, neurótico e hipocondríaco pero  con mucho talento; el perfil de un antihéroe que parecía complementarse con Mia: una mujer insegura pero sensata, maternal, juvenil y tranquila.

Los dos habían tenido amores anteriores de importancia. Ella había sido esposa de Frank Sinatra y, más tarde, del músico André Previn. Con Previn tuvo hijos y adoptó otros de origen vietnamita y coreano. Entre los adoptados estaba una niña coreana llamada Soon-Yi.

Woody y Mia  pasaron a ser el símbolo de una nueva forma de familia. Enseñaban el camino para evitar el matrimonio tradicional. Viviendo en casas distintas, indicaban cómo ser felices, tener hijos, disfrutar de la vida, sin la necesidad de la convivencia que destruye con su rutina.

Fue una pena que todo resultara un fraude. La nueva forma de vida matrimonial era tan hipócrita como la tradicional.

Mia encontró unas fotos de su hija Soon-Yi Previn en distintas poses. En todas estaba desnuda y, en varias, con las piernas abiertas. Por supuesto, el que había tomado las fotografías había sido Woody Allen.

A Mia no le gustó. Le pareció inadecuado. Hasta le pareció un tanto asqueroso que su hija de veinte años se acostara con un hombre treinta y cinco años mayor. En ese momento Mia no recordó que se casó con Sinatra a los veintiuno y que Frank tenía cincuenta, de modo que  le llevaba casi la misma cantidad de años que Woody a Soon.

Mia acusó a Woody de abusar sexualmente de otra hija adoptiva, Dylan, de siete años. Ella montó en cólera, pero no pudo probarlo. Todo se limitó a un juicio por tenencia de hijos que, por supuesto, ganó Mia.

 

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Mia era hija de un muy conocido director de cine y escritor. Su madre, una actriz muy popular y para siempre ligada a Jane, mujer de Tarzán, papel que interpretó. Era razonable que Mia trabajara desde niña. Cuando tenía diecinueve años consiguió notoriedad en la exitosa serie televisiva, “La Caldera del Diablo” (“Peyton Place”), protagonizada por Dorothy Malone. Su personaje de Alison McKenzie fue el más destacado junto al de Ryan O´Neil. Pero, aunque la serie duró varios años, ella sólo estuvo poco más de un año mostrando su cara inocente y sus largos cabellos rubios. La hicieron desaparecer misteriosamente. En la realidad, ella había abandonado la serie para casarse con Frank Sinatra y cortarse el pelo al estilo Juana de Arco.
Cuando le preguntaron a Margaret Sullivan sobre el casamiento de su hija, dijo que Frank estaba más para ser su marido que el de Mia. Aseguró que ellos dos juntos parecían un padre con una hija. De cualquier forma, el matrimonio sirvió para hacer mucho más famosa a Mia que la llevó a protagonizar La semilla del diablo. A partir de esa película, filmaría como protagonista durante más de cuarenta años.

Claro que no se quedó pensando todo el tiempo en Frank Sinatra. Lo superó rápido. Aunque necesitó de la ayuda del gurú Maharishi Mahesh Yogui, con el que aprendió meditación trascendental y cómo se debe ser espiritual. En ese mismo año de 1968 en el que Mia se fue a la India, entre sus compañeros de aprendizaje se encontraban John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr.
Los Beatles adoraban a Maharishi. Lo consideraban un ser superior que, según él les había asegurado, iba a llevarlos al camino de la paz interior y a levitar. Desgraciadamente, Los Beatles no pudieron levitar ni lograron nada que les sirviera ya que el gurú era un charlatán. Eso sí, mientras Maharishi afirmaba que mantenía una absoluta abstinencia sexual para conservar su completa pureza, tenía relaciones sexuales con una de sus discípulas, una actriz estadounidense, bastante joven y convencida de lograr la levitación. Seguramente, ella tampoco pudo levitar pero, al menos, pasó unos momentos gratos con Maharishi.

 

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Al regresar de la India, Mia filmó varias películas bastante buenas y, después de algunos amoríos que quedaron en el camino, se encontró con el músico André Previn.

Previn había compuesto unas cuantas obras de música clásica, dirigido la Orquesta Sinfónica de Londres, grabado discos de gran repercusión, y era el ganador de cuatro Oscar por la música de Gigí, Porgy & Bess, Irma la Dulce y Mi Bella Dama (My Fair Lady). Una buena elección la que hacía Mia. Siguiendo sus gustos, se casó en 1970 con Previn que era dieciséis años mayor a ella, matrimonio que duró  un poco más que el de  Frank, con el que apenas había durado dos años. Con Previn estuvo casada durante nueve años y tuvo algunos hijos, propios y adoptados. La adopción de la niña Soon-Yi no le resultaría beneficiosa unos años más tarde.

 

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Woody era actor cómico, le gustaba escribir y pensaba que alguna vez podría dirigir. Cuando se casó a los diecinueve años con Harlene Rosen no se imaginaba que llegaría a ser un célebre director de cine. Se divorció de Harlene a los pocos años y volvió a casarse, esta vez con Louise Lasser, una actriz poco conocida pero que trabajó en las primeras películas de Allen. La relación no duró demasiado. Apareció Diane Keaton, que trabajaba en un papel secundario en un espectáculo teatral de Allen.

Keaton era una muy buena actriz y una mujer inteligente. La relación amorosa duró un año pero nunca dejaron de ser amigos. Ella trabajaría con él en varios films y, sobre todo, en Annie Hall, quizás, lo mejor que hizo Woody y que le hizo conseguir uno de los varios Oscar que ha ganado hasta ahora. También ganó el suyo Diane Keaton que logró imponer una moda con su forma de vestir.

Diane usaba su propia ropa, para disgusto de los modistos, y su personalidad consiguió que muchas mujeres copiaran su estilo. Al mismo tiempo, mientras filmaba, Woody se interesaba en Stacey Nelkin, una actriz algo conocida tiempo más tarde por actuaciones en televisión y alguna película de terror. Stacey tenía diecisiete años. El romance duró poco más de un año. Pero fue muy útil para Woody ya que  lo inspiró para escribir el argumento de su muy especial película y la que le daría bastante fama: Manhattan, en la que narra la historia de un hombre maduro con una muchacha poco más que adolescente. En esta época se relaciona con Mia Farrow, que se había separado hacía poco y andaba buscando un nuevo marido.

 

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Woody y Mia se convirtieron en una pareja estable, siendo pioneros en una nueva forma de matrimonio: vivir cada uno de ellos en casas diferentes. Por supuesto, Mia siguió adoptando niños y tuvo uno con Woody: Ronan Farrow. Todo parecía funcionar bien. Mia filmaba más películas que nunca ya que trabajaba en las que dirigía y escribía Woody. Fue Hannah en “Hannah y sus hermanas”, Cecilia en “La rosa púrpura del Cairo”, Lane en “Septiembre”, Sally en “Días de Radio”. Y varias más ya que Woody siempre filmó un promedio de una película al año. El matrimonio era un ejemplo de cómo congeniar el amor con el trabajo. Pero era un espejismo. La moderna pareja hacía lo mismo que las viejas parejas: tener una relación amorosa hipócrita y sostenida por apariencias falsas.
Woody fue infiel. A lo mejor, la compresiva Mia no se hubiera enojado tanto si hubiera sido con cualquier mujer. Pero a Woody se le ocurrió serle infiel con su hija Soon Yi. El asunto rozaba lo incestuoso. Claro que no era incesto porque no existía lazo de parentesco entre Woody y Soon. Ni siquiera estaban unidos por los lazos de adopción. Ella era hija de Mia y André Previn. De cualquier forma, se desató el escándalo. Todo el mundo opinó sobre el caso. Para colmo, Mia afirmó que se trataba de un pervertido  ya que abusaba de su hija adoptiva de siete años. La niña le había confesado que Woody la tocaba en el baño.  Un psiquiatra no le creyó, la acusación se diluyó y Woody pudo seguir tocando con tranquilidad el clarinete con su banda de jazz con la que se reunía todos los lunes.

 

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Ya separados, Woody siguió haciendo películas. Mia hizo unas pocas pero se dedicó a ocupar el tiempo con acciones humanitarias y adoptando hijos. Afrontó con ánimo la pérdida de dos de ellos y llegó a tener trece, entre propios y adoptivos.
Por la relación de Woody y Soon Yi nadie apostaba a favor. Pero, curiosamente, ese hombre mayor, con edad de casi ser el abuelo de la chica, logró establecer su relación amorosa más duradera.
En 1992, Woody y Soon Yi provocaron uno de los escándalos más importantes del mundo artístico del siglo veinte. En 1996, se casaron. Adoptaron dos hijos y se mantiene unidos  más de veinte años.

 

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2 Responses to Historias de pasión, locura y muerte : Woody Allen y Mia Farrow

  1. Mariano 15 noviembre, 2013 at 7:11

    Maravillosa historia. Felicitaciones.

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  2. mariano marrano 2 febrero, 2014 at 7:40

    mariano eres subnormal

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