LOS ESPACIOS DEL ARTE: GUERNICA

Por Ruth Cereceda

Guernica (Pablo R. Picasso, 1937, 349,3 x 776,6 cm., Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía).

Del Guernica se ha dicho no sólo que es la pintura más famosa de nuestra era, sino que se ha convertido en uno de los iconos culturales del siglo XX. Si bien es cierto que no hay duda de su influencia en el arte contemporáneo, sobre ella existen polémicas e interpretaciones diversas. Por tanto, para entender el significado completo de la obra y de su trascendencia, hay que remontarse a los acontecimientos que se desarrollaron en la vida y el entorno del pintor durante las semanas y los meses previos a su realización.

Cuando se desata la guerra civil en España, hace ya años que Picasso reside de forma definitiva en Francia. Hasta ese momento, ni las instituciones ni el público españoles habían prestado demasiada atención a la obra del pintor. Sin embargo, con la próxima participación del país en la Exposición Universal de 1937 en París, el Estado español considera la figura de Picasso como un instrumento para promover el apoyo internacional al gobierno legítimo de la República. Así, en 1936 el pintor es nombrado Director Honorario del Museo del Prado y, en 1937, el Director General de Bellas Artes, Josep Renau, le visita en París para proponerle la realización de una obra de grandes dimensiones, que atraiga al público internacional a la causa republicana.

Fuente de imágenes: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Fuente de imágenes: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Picasso acepta y recibe en dos pagos la cantidad de 200,000 francos, en concepto de gastos de material. No obstante, pasan los meses y el pintor no realiza ningún avance en la composición de la pintura. Durante este periodo su situación personal es complicada e inestable: por un lado se encontraba su esposa Olga, con quien se había casado en 1918 y de la que no llega a divorciarse por cuestiones económicas; en segundo lugar estaba su amante Marie-Thérèse Walter, a quien Picasso había conocido en 1927, y con quien compartía a su hija Maya; y en tercer lugar estaba la fotógrafa Dora Maar, a quien el pintor había conocido a principios de 1936. Así, a pesar de haber finalizado los grabados de la Minotauromaquia en 1935 y Sueño y mentira de Franco a principios de 1937 -en los que utiliza elementos que también aparecen en el Guernica-, y pese a que la inauguración de la Exposición Universal está próxima, los bocetos que el pintor realiza a principios del mes de abril de 1937, muestran que aún no sabe qué pintar.

El 26 de abril se produce el bombardeo de la villa de Guernica por parte de la aviación fascista alemana e italiana. Se trata del primer bombardeo indiscriminado de civiles realizado en suelo Europeo; el pueblo queda arrasado y un 25% de la población es asesinada. De este hecho los periódicos franceses apenas se hacen eco, e incluso algunos medios culpan al propio ejército republicano como responsable de la masacre. Sin embargo, el 28 de abril el periódico L’Humanité publica las fotografías en blanco y negro del ataque. La reacción de los ciudadanos franceses no se hace esperar y la manifestación del primero de mayo de 1937 acoge a más de un millón de trabajadores, que cubren a pie los casi dos kilómetros que hay entre la plaza de la República y la Bastilla.

Picasso pintando el Guernica en una fotografía tomada por Dora Maar. Fuente de imágenes: El Mundo

Picasso pintando el Guernica en una fotografía tomada por Dora Maar. Fuente de imágenes: El Mundo

Es entonces cuando el pintor comienza a componer el gran lienzo del Guernica. Sin apenas bocetos preparatorios, comienza a trabajar directamente sobre la tela. Para expresar el carácter trágico de la escena Picasso utiliza un lenguaje desprovisto de color, y concentra la narración en la dureza de la grisalla. Siguiendo un esquema tradicional, distribuye los elementos en una composición triangular, dividida a la manera de un tríptico, en la que se diferencian dos grupos de figuras: los animales y los seres humanos. Entre los animales se encuentran el toro, el caballo y el pájaro. Los tres de fuerte presencia en la obra del pintor, personifican la brutalidad, la muerte y el dolor de la paz arrasada. Entre los seres humanos, cuatro mujeres –una piedad con su hijo muerto en los brazos, otra intentando escapar de una casa en llamas, una tercera con una pierna mutilada y la última saliendo por una ventana, portando un quinqué y con un gesto alucinado, como en estado de shock- y un combatiente muerto simbolizan de nuevo el horror de la tragedia y la pérdida que la guerra supone para la civilización. Iluminando la composición, en el ángulo superior Picasso dispone una bombilla, ¿símbolo de las dos caras del avance científico?.

A pesar de la controversia suscitada en cuanto a su interpretación, la pintura no incluye ninguna referencia concreta ni al sitio de Guernica ni a la guerra civil española; no se trata de una alusión a los hechos concretos del bombardeo, sino la expresión simbólica de un alegato en contra de la barbarie y el horror de la guerra, en un sentido general.

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Pabellón Español en la Exposición Universal, París, 1937.

La pintura fue finalizada a principios de junio y mostrada en la Exposición Universal casi dos meses después de su inauguración oficial. Posteriormente, durante 1938 y 1939 la obra se exhibió en varias ciudades europeas, cumpliendo así su cometido de sensibilización sobre la causa española, a pesar de que las condiciones de conservación durante este periodo provocaron en parte su delicado estado actual. Tras el final de la guerra y con la consagración del régimen franquista, Picasso cedió la obra al MoMA de Nueva York, y no es hasta 1981 cuando el Estado español, gracias a un recibo que se había conservado del pago en concepto de material, pudo reclamar la pintura, que hoy en día se encuentra en exposición permanente en el Museo Reina Sofía.

Julio, 2013

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