Melodía de Junio

Por Salomé Rodríguez Hage

El espantapájaros y girasoles, Stefan Turk

Ilustración de Stefan Turk para Melodía de Junio, de Salomé R. Hage.

 

Melodía de Junio
[2013]
Del libro Poemas de Verano para niños.

 

© del texto, Salomé Rodríguez Hage

© de la ilustración, Stefan Turk

 

Bernardo no temía a la lluvia, ni a los vientos ni a los huracanes…

Después de todo, llevaba media vida plantado en medio del campo de girasoles.

Y esas tres nubecillas con las que charlaba a diario le habían hecho la promesa de protegerle de las inclemencias del tiempo. Así, cuando llegara el mes de junio el paisaje estaría listo para la visita de los niños y las hadas que vendrían, como todos los veranos, al Festival del Campo de Girasoles. Se trataba del acontecimiento más importante del año, más importante incluso que el Festival de Apalachicola.

Las hadas eran muy pero que muy  exigentes con el cuidado de las flores, sobre todo el hada Enriqueta siempre poniéndole pegas a todo… Que si el amarillo de los girasoles no resplandecía lo suficiente, que si  la flores no podían alzar la vista al sol porque las tapaba el sombrero del espantapájaros, que si los cantos desafinados del pajarillo Baruch afectaban a la sensibilidad de las flores…

-¡Oh, se acerca el verano y el hada Enriqueta vendrá a protestar por todo! –dijo el pajarillo a su amigo el espantapájaros Bernardo- ¡Y siempre empeñada en que mi canto desafina!

-¡Pero si tu voz es la más melodiosa de este campo de girasoles! –dijo Bernardo.

-¡Pues ella proclama a los cuatro vientos que desentono! ¡Nunca reprende  a las abejas ni a los abejorros que tienen esa voz tan discordante! –prosiguió el pajarillo-¡Ojalá no venga este verano!

-¡No vamos a tener esa suerte, amigo Baruch! En el telegrama que me envió en marzo dice que estará aquí a primerísimos de junio y pide que el coro cante lo más afinado posible para que los niños y las flores pasen un día feliz.

-¡Pues este  verano le vamos a demostrar que mi voz es la más armoniosa del mundo! Y los niños y las flores…

-Pero es que… En el telegrama de abril… –le interrumpió Bernardo aturdido– Enriqueta te exige que subas a los niños a las nubes para que vean desde allí el festival y permanezcas con ellos todo el rato sin rechistar.

– ¡Lo hace a propósito, lo hace para que yo no pueda cantar!  -protestó el pajarillo- ¡Si me obliga a estar en las nubes, no podré formar parte del coro!

-Pero no podemos oponernos a los deseos de las hadas. ¡Menos mal que las mariposas me han prometido que te echarán una mano! Ellas cuidarán a los niños y así tu podrás unirte al coro.

-¡Es una locura! ¡No saldrá bien!  -exclamó el pajarillo sentado en el hombro del espantapájaros- ¡Enriqueta lo descubrirá!

Y se pusieron a pensar en otra solución.

Pasó una hora, otra hora y otra hora… Y seguían cavilando…

-¡Qué mala pata! ¡Y este año el premio es un viaje a Groenlandia! –dijo desanimado Bernardo.

-¡El viaje con el que siempre has soñado! –exclamó Baruch.

Y es que Bernardo siempre soñó con ser explorador pero tuvo que hacerse espantapájaros por tradición familiar.

-Si Enriqueta cree que desafino, no cantaré, no cantaré… -dijo el pajarillo con tristeza en su corazón-. Sentaré a los niños en la nubes como mandan las hadas y me quedaré allí con ellos pero prométeme que, si ganas el premio, me llevarás contigo a Groenlandia.

-¡Prometido! –exclamó Bernardo.

Y así transcurrieron los días en el campo de girasoles. Bernardo ensayando una y otra vez melodías que entonaba un coro de petirrojos, mariposas, abejas y abejorros. Y el pajarillo Baruch acomodando en las nubes taburetes para los niños…

De cuando en cuando, Bernardo lo miraba con tristeza y el pajarillo le devolvía la mirada con el mismo pesar. Pero los mandatos de las hadas eran una norma de los cuentos que había que cumplir a rajatabla y los dos amigos, que se entendían a las mil maravillas, lo aceptaron con resignación.

Y llegó el día del Festival  y tocó el turno de Melodía de Junio, la canción con la que el coro del espantapájaros Bernardo participaba en el  Festival del Campo de Girasoles.

-¡Un coro de voces angelicales! –exclamó Enriqueta aplaudiendo emocionada al finalizar la canción.

Y el espantapájaros alzó la vista  y sonrió a Baruch que, junto a los niños, contemplaba el festival desde las nubecillas.

Enriqueta miró también hacia arriba y gritó al pajarillo:

–¡Excelente trabajo, Baruch! ¡Has cuidado requetebién de los niños! ¡Ninguno se ha caído de las nubes!

Después se reunió con el resto de hadas  y tras deliberar un rato se dirigió a Bernardo y al pajarillo Baruch, que ya había bajado de las nubes, y dijo solemnemente:

-Es un honor para las hadas entregar el premio del Festival del Campo de Girasoles de este año a la canción… ¡¡¡Melodía de Junio!!!

Bernardo y Baruch se abrazaron felices.

 

 

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