Cuando el deporte deja de dividirse por sexos

Por Ana Cruz

 

richards-1-e1374871767666Renné Richards.

 

 

US Open, 1977. Martina Navratilova y Betty Stove vencían a Renée Richards y Betty Ann Stuart en la final de dobles. A pesar de la derrota, las miradas estaban sobre Richards, pues la primera tenista transexual había desafiado los prejuicios que la acosaron tras su cirugía de reasignación, para defender en los tribunales el derecho a participar en la rama femenina de aquel Grand Slam. A partir del triunfo legal, varios atletas y organizaciones ajenas al deporte la hicieron sentir “una especie de Juana de Arco”.

Durante 41 años, el Dr. Richard Raskind había tratado de ignorar que su conciencia se resistía al cuerpo que ocupaba; intentó resolver la confusión con terapia psicológica y formó una familia en el intento por eludir lo que sentía. Nada cambió, hasta 1975, cuando su exigencia de honestidad lo guió al quirófano y eligió el nombre de Renée (“renacida” en francés) para asumir la vida que anhelaba.

Las leyes de California le permitieron legitimar su nueva identidad y el éxito en torneos locales desató los comentarios polémicos que buscaron sacarla del camino. Sin embargo, después del 77, participó en otras cuatro ediciones del US Open y fue entrenadora de Martina Navratilova. Actualmente, ya alejada de las canchas, Renée Richards se dedica a la medicina en un consultorio oftalmológico.

 

 

Al igual que la tenista estadounidense, otros atletas transexuales han decidido entrar en el deporte de más alto nivel. Michelle Dumaresq, ciclista de montaña que cambió de sexo en 1996, celebró con brillantes participaciones mundiales el reconocimiento de sus derechos por parte de la Unión Ciclista Internacional. En 2004, la golfista australiana, Mianne Bagger, fue la primera transexual en competir en el Circuito Europeo Femenino. Seis años después, la LPGA cedió ante la demanda de Lana Lawless y eliminó la precisión en su reglamento que hablaba de “mujeres de nacimiento”.

La brecha se abrió hace varias décadas, pero la inclusión de transexuales continúa generando discusiones en cuestión de reglamentos. ¿Deberían realizarse modificaciones para permitir y regular su participación? Previo a los Juegos Olímpicos de Atenas, el Comité Olímpico Internacional liberó el acceso bajo ciertas condiciones. Es requisito presentar el documento oficial que verifique su identidad y la administración, mínimo dos años antes, de una terapia hormonal para reducir los niveles de testosterona y masa muscular. El objetivo es aminorar la ventaja, principal argumento de la oposición.

En otros deportes, como el futbol, participar en torneos de prestigio es todavía un sueño; algunos han exigido un lugar en la selección de su país, sin obtener respuestas favorables. La FIFA creó en mayo de 2011, el Reglamento para la Verificación de la Identidad Sexual. En él establece que los andróginos intensifican el rendimiento del atleta, y podrían influir en el resultado de los encuentros. El cuerpo médico de cada club es responsable de corroborar la identidad de los jugadores y la Federación Internacional sólo intervendrá, si existen las pruebas necesarias para acusar a un integrante por violar la reglamentación.

Estefanía Vela Barba, maestra en derecho por la Universidad de Yale y responsable del área de Derechos Sexuales y Reproductivos del Programa de Derecho a la Salud del CIDE, reflexiona al respecto: “El deporte es de los últimos ámbitos en donde todavía existe una división muy rígida entre hombres y mujeres. Por ejemplo, el voto ya no está condicionado al sexo, ni el matrimonio; pero el deporte es cuerpo y además, son cuerpos divididos sexualmente”. Y se pregunta: “¿Qué pasa si abres los deportes a ambos sexos? ¿Los primeros treinta lugares serían de hombres, pero tal vez habría una mujer que llega en el treinta y uno?”.

Para los deportistas transexuales,

el principal obstáculo está en los

prejuicios que sigue arrastrando

la sociedad.

 

De acuerdo con Estefanía Vela, el conflicto surge a partir de la justificación: “El punto es cómo (los comités deportivos) lo plantean. El categórico no; o no, porque ya te realizamos estudios, analizamos la situación y creemos que si te dejamos entrar, va existir una ventaja indebida. En muchas ocasiones, los argumentos se mezclan con prejuicios”. Entonces, aparece la duda sobre qué tan válida es la distinción: “El sexo se convierte en un medidor. Lo que se pone en entredicho es si el sexo como categoría, te permite medir adecuadamente. Vamos a suponer que un hombre se convierte en mujer y compite, ¿respecto de quiénes sería la desventaja?”

Los casos de deportistas transexuales que exigen un lugar en el deporte mundial son cada vez más comunes. El reto actual está en poner los argumentos sobre la mesa, utilizar las herramientas científicas y decidir si los reglamentos deben eliminar esa categoría para dar libertad de acceso a la práctica profesional. “¿Todos los hombres serían más fuertes que todas las mujeres?”, Estefanía Vela plantea este cuestionamiento para intentar resolver la problemática.

Las historias de tenacidad y valor que protagonizan estas atletas han motivado el interés por conocer cómo es el mundo sin el velo de prejuicios rigiendo en todos los ámbitos. Y más importante, han liberado voces reprimidas que día a día se integran de manera más abierta a la sociedad.

 

[Sin Embargo]

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