Nadia Comaneci, la niña perfecta que ansiaba la libertad a 37 años de los Olimpiadas de Montreal

Por Francisco Espinosa

 

NADIA COMANECI OF ROMANIA AT THE Foto: Twitter

 

 

Con su traje blanco y su mirada inquieta, Nadia Comaneci conquistó el mundo cuando tenía 14 años. En época de dictadura comunista, la rumana logró una perfección a la que no estaba preparado el planeta. Fue la atleta más joven en conseguir una medalla de Oro en Juegos Olímpicos, y recordada por ser la única gimnasta en conseguir un 10 de calificación. La pequeña niña, de origen humilde, estaba llena de talento carismático. Una particularidad que atrapó a todos los presentes. De personalidad curiosa, utilizó su talento para escapar de una realidad que  ponía límites a su infinita imaginación. Un día como hoy se realizaba la clausura de los Juegos olímpicos de Montreal 1976, las olimpiadas de Nadia.

 

La vida de esta atleta sirvió para dar una muestra de lo que en Rumania se estaba viviendo. Un país inmerso en el régimen totalitario de Nicolae Ceaușescu, un comunista de cara larga y ojos pequeños que durante 24 años impuso su bipolar filosofía. Mientras la proeza de Comaneci se gestaba en la ciudad canadiense, una maquinaria manipuladora entorno a su imagen comenzaba a tomar forma. A su regreso, Nadia fue recibida como “héroe del trabajo socialista”. Fue condecorada con un pequeño Fiat, 500 dólares mensuales y un pequeño apartamento donde vivía con su hermano y su madre que se había divorciado de su padre. Millones de pequeños carteles maquillaron Bucarest con la cara de la niña perfecta.

 

Su cuerpo comenzó a desarrollarse ante la presión gubernamental de mantenerlo pequeño, ligero y estético. La niña comenzó a sucumbir ante el panorama. Comía sin mesura para después vomitar. La salud de Nadia estuvo en riesgo, mientras la gente ansiaba el siguiente ciclo olímpico con los mundiales de gimnasia en medio. Al final, su talento terminó pesando más que el inevitable paso del tiempo. Sin la misma flexibilidad de aquella justa canadiense, logró ganar tres campeonatos europeos, un oro en un mundial, y dos medallas olímpicas en Moscú 1980, con la supuesta imparcialidad de los jueces soviéticos. Un año después, con 19 años, se retiraría de la competición. Algo impensado en la actualidad. En aquellos tiempos, Comaneci tenía a la libertad como prioridad máxima.

 

nadia Foto: Twitter

 

Después del retiro, en lo que su cabeza empleaba un plan, se convirtió en un trofeo que el régimen exponía en toda ocasión requerida. Nicu, hijo menor del gobernante, la tomó como suya. En menos de una década, esa niña que maravillaba al mundo con su inocencia llena de flexibilidad, era víctima de maltrato físico y mental. Una relación tormentosa ahogaba a Nadia mientras se el resto del mundo se perdía  una carrera prometedora de por lo menos cuatro ciclos olímpicos. En 1989, la oportunidad de un camino distinto se le presentó de la mano de Constantit Panaint, un hombre de quien se enamoró por sus mismos deseos de libertad. Con él cruzó a pie la frontera con Hungría. Se convirtió en una fugitiva del autoritarismo, cuando llegó a la embajada de Estados Unidos para pedir asilo.

 

Nadia viaja a Montreal donde vivió en un anonimato. Llena de melancolía, escogió la ciudad que le dio la gloria deportiva para volver a empezar. Ahí conoce a Bart Conner, gimnasta estadounidense con el que se casa. Meses después, los dos fundarían una escuela de gimnasia que lleva el nombre de él. Comadeci prefería el beneficio del anonimato en su nueva etapa de vida occidental. En 1994, cinco años después de la ejecución de Nicola Ceauscescu, pudo regresar a Rumania de visita donde hasta la fecha sigue promoviendo la actividad física y la ayuda humanitaria. La imagen de la medallista olímpica fue durante mucho tiempo una incógnita. Su esposo siempre la indujo a que diera a conocer su versión de los hechos. Desde esa recomendación, a Nadia se le ha visto como especialista en Juegos Olímpicos o en diversos actos sociales.

 

La niña perfecta hoy implora por un olimpismo limpio de dopaje. “Antes veías a una niña de 14 años y se le valoraba. Ahora la ves, y te preguntas qué es lo que estará tomando”. Aquel emblema de la justa olímpica canadiense, hoy pasa la vida enseñando lo que tiene en el cerebro acerca de la gimnasia. Madre de un niño de siete años, Nadia viaja con la fundación laureus muy apegada a la disciplina olímpica. Fiel a su rutina, sigue yendo al gimnasio a sus 51 años para mantenerse en forma. El anonimato que le trajo paz durante tiempos en los que había que correr, es hasta la fecha su principal hábitat. Sin que nadie la reconozca, lejos de la imagen de la pequeña niña vestida blanco, respira tranquila con la estela del diez perfecto. Marca vigente.

 

Sin Embargo

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