La globalización de la insurgencia

Por Nieves y Miro Fuenzalida

globalización de la insurgencia

 

La insurgencia de los sesenta iniciada por los  en diferentes partes y a la que luego se unieron otros grupos sociales terminó siendo reterritorializada y reemplazada exitosamente por el neoliberalismo

¿Estamos viviendo un periodo de agitación y revolución social, uno de ésos en que el sistema es eventualmente destrozado para dar paso a otro? ¿O todavía es muy temprano para decirlo? Empezamos con la Primavera Árabe, seguimos con “Occupy Wall Street”, 15M, los pingüinos y ahora, al mismo tiempo, Brasil, Turquía y Egipto donde millones de personas se levantan con la fuerza de un tornado. Los tornados tienen corta duración pero el problema es que están retornando cada vez con mayor frecuencia y fuerza destructiva hasta que, eventualmente, uno de ellos hace añicos nuestras existencias.

¿Qué es lo que está pasando? ¿Cuáles son los mecanismos ocultos que están en funcionamiento? Y, más importante: ¿Por qué ahora? ¿Por qué gente tan diferente y de tan distintos lugares y culturas están respondiendo en la misma forma? ¿Es ésta una conspiración internacional de la ultraizquierda, como dijo el primer ministro de Turquía? Ésta siempre ha sido la  fácil del poder cuando es incapaz siquiera de imaginar lo que está ocurriendo. La izquierda, sea en su versión suave o dura, ha dejado de jugar un papel subversivo porque ha perdido prestigio político en las masas.

¿Será porque las noticias y las imágenes se mueven con la rapidez de la luz gracias a los nuevos medios de comunicación? En Brasil la gente ve lo que ocurre en el Parque Gesi de Estambul y se preguntan, ¿por qué no aquí también? Vieron como hombres y mujeres, jóvenes y viejos resistieron el asalto de las fuerzas represivas equipadas con sus armaduras, sus  lacrimógenas, sus tanques con cañones de agua y sus balas de goma. Aquí como allá ven un poder corrupto y servil al dominio de la política de EE UU, del poder financiero y de las corporaciones internacionales que explotan la mano de  y los recursos naturales dejando atrás comunidades destruidas y devastadas ecológicamente,  al servicio de una concentración de lobbies políticos y  nunca vistos en la historia de la humanidad… No exactamente una sociedad justa.

Por muy importantes que los nuevos medios de comunicación puedan ser, la subversión que estamos viviendo no la determinan las tecnologías informáticas, sino la gente, siempre la gente.  Lo notable aquí, por ejemplo, es que el descontento no es ideológicamente uniforme y el  surgimiento del fundamentalismo religioso de las últimas décadas impide cualquier reducción simplista; fundamentalismo judío que impulsa la colonización palestina, el islámico que causa estragos, el cristianismo evangélico que da origen al Tea Party en EE UU, arrinconando al Partido Republicano en la extrema derecha y al budismo asiático matando islámicos. Sí, el budismo, aunque parezca increíble. ¿Qué paso aquí con la religión de la paz que el “New Age” tanto admiraba?

 

 

La pregunta que se nos plantea una y otra vez es, ¿a qué se deben la simultaneidad y diversidad de todos estos síntomas?  Uno podría decir… al “espíritu de los tiempos”, como los alemanes del siglo XIX. El problema con esto es que el espíritu de los tiempos explica todo sin explicar nada.

Si miramos un poco la historia, como muchos han notado, las revoluciones han sido iniciadas, no por los pobres, ni mucho menos por los ricos, sino  por la clase media. Detrás de las revoluciones francesa y  bolchevique estuvieron los intelectuales descontentos con el estado de cosas. Los manifestantes de los movimientos insurgentes desde mérica a Egipto, , Turquía o , al igual que en los años sesenta, han sido iniciados en su mayor parte por gente joven, estudiantes o egresados de la  superior, sin lugar en el proceso de globalización económica y política. Lo que inicia la insurgencia puede ser diferente en cada caso, pero la raíz es la misma… la pérdida de confianza en los procesos políticos, manipulados por una clase gobernante totalmente aislada de la gente común, cuyo único  es hacer tanto dinero o controlar tanto poder como sea posible. Es por eso que no es extraño que los insurgentes traten de imponer una democracia directa, sin tener que esperar hasta la próxima elección. Eso es lo que piden en Turquía y eso es lo que lograron en Egipto.

El golpe militar de Egipto es bastante significativo. Ha puesto en evidencia, y no por primera vez, la falta de consecuencia de la retórica democrática de Obama y la Unión Europea. “Este es un golpe no-golpe porque los militares solo han seguido la voluntad del pueblo…” ¿Realmente? ¿No será porque si Obama reconociera que este es un golpe tendría que suspender la ayuda económica que sostiene al Ejército egipcio y con ello correr el riesgo de perder un aliado que tanto necesita?

En los regímenes antiguos el poder era el Rey al igual que los dictadores de los tiempos modernos. En la democracia en cambio, como algunos teóricos contemporáneos han hecho notar, el lugar del poder está vacío y es el proceso electoral el que provee la legitimidad al poder. Es decir, la democracia tiene que ver, por sobre todo, con la legalidad formal. Su requerimiento mínimo, para existir como tal, es la adherencia incondicional a cierto conjunto de reglas formales que garantizan que los antagonismos son completamente absorbidos en el juego agonista, el juego entre rivales y no entre enemigos. Democracia significa que, no importa qué manipulaciones se lleven a cabo, cada elector respetará incondicionalmente los resultados. Un ejemplo típico seria  el fallo de la Corte Suprema en la elección Busch-Gore del año 2000. A pesar de la obvia  duplicidad electoral Gore aceptó la derrota. Las reglas del procedimiento electoral son la última autoridad que debe ser obedecida, cualesquiera sean los resultados. Es esta última autoridad, esta confianza incondicional en las reglas en las que se basa la democracia, la que el radicalismo de izquierda y derecha amenaza hoy con suspender al ver la vaciedad de la retórica del “mundo libre”.

 

Globalizacion insurgencia, 2

 

La insurgencia de los sesenta iniciada por los estudiantes en diferentes partes y a la que luego se unieron otros grupos terminó siendo reterritorializada y reemplazada exitosamente por el neoliberalismo ¿Qué posibilidades de éxito podía tener un movimiento sin organización, sin  ideología común, sin plan y sin dirección? Las protestas actuales parecieran seguir el mismo modelo anarquista. Todos estamos en contra… ¿Pero, estamos todos en favor de lo mismo?  Nuevamente nos encontramos con un movimiento fragmentado, sin organización y sin programa… ¿Qué posibilidades de éxito puede tener?  El “Occupy Wall Street” hace ya bastantes meses que se desvaneció, a pesar de su promesa de retornar en la primavera, al igual que el M5 en España… ¿Será que todas estas tremendas demostraciones desaparecerán uno de estos días sin cambiar nada, dejándonos solo el recuerdo?

Aquí el filoso francés Alain Badiou podría ser de alguna ayuda. La verdad es que no hay garantía de que algo pueda pasar, de que un evento revolucionario está a la vuelta de la esquina. El acto revolucionario, el Evento, la irrupción de algo totalmente original (la Revolución Francesa, la creación de la física de Galileo, la invención del estilo clásico de Haydn, la invención de la escala de doce tonos de Schoenberg…) pareciera presentarse como algo irreducible al orden del ser social. Badiou dice, por ejemplo, que las condiciones sociales son el sitio potencial del Evento, pero éste es, por decirlo así, un acto abismal autónomamente fundado. No podemos explicar la Revolución Francesa simplemente a partir de sus condiciones sociales, es decir, por  una cadena causal o por una necesidad histórica. Fue un acto autónomo el que posteriormente nos permite leer  las condiciones como condiciones revolucionaras. Podemos apuntar a las circunstancias que le dieron nacimiento, pero no podemos explicarla exclusivamente a partir de ellas. Hay una especie de acto de creación original desde el cual un cierto universo de significados de pronto emerge como si viniera de la nada, ex nihilo, que cambia el ámbito que nos revela la realidad.

 

Globalizacion.-Alain-Badiou

 

La cuestión es, ¿cómo un Evento irrumpe dentro del orden social? ¿Cómo escapamos a la oposición entre el orden causal de los seres y el momento mágico de la irrupción de algo verdaderamente nuevo? Pareciera que la respuesta siempre nos elude.

Lo que asemeja  a todos los líderes  genuinamente revolucionarios es que no esperan que las leyes de la historia o las condiciones sociales estén a su lado. Ellos corren el riesgo y quien autoriza el riesgo es solo el que lo elige. Si el salto revolucionario no es un corte radical en la textura de la realidad, entonces no es nada. Y si, posteriormente, no hay fidelidad con el Evento, lo genuinamente nuevo fracasa en emerger… ser fiel al Evento, dice Badiou, significa pensar y moverse dentro de la situación que el Evento ha abierto… significa la obligación de inventar una nueva forma de ser en acuerdo con el Evento… Y es la ausencia de esta de fidelidad la que explica la deformación trágica de todas las revoluciones del siglo XX. 

Fuente: MediaIsla

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