Santana: religioso, político y artista coherente

 

Por Mónica Maristain

 

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Una noticia del 22 de julio pasado dio cuenta del retiro del guitarrista Carlos Santana, quien deja la música para ser pastor de iglesia en Hawai, no sin antes emprender una gira de conciertos que retomará en noviembre próximo y que recientemente lo ha llevado por diversos escenarios europeos.

Para los seguidores del artista nacido en Autlán, Jalisco, hace 66 años, no debe de haber representado sorpresa su afición religiosa, puesto que se trata de llevar hasta el fondo una pasión mística que cultiva desde la juventud y que ha ido creciendo en forma constante con el paso del tiempo.

Nunca dejó de creer en Dios y en Los Ángeles. Nunca dejó de ser un hippie defensor de los postulados sesentistas y, tal como ha declarado en varias entrevistas, nunca dejó de ser “un verdadero mexicano que siempre he llevado con honor y por lo alto el nombre de mi país”.

 

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Residente en los Estados Unidos desde hace cuatro décadas, el músico que en 1969, en el ya legendario Festival de Woodstock, dio a conocer la música latina a un público mayoritariamente anglosajón, dijo entonces que “quienes no me aceptan, en realidad no se aceptan a sí mismos”.

 

 

UN ARTISTA COHERENTE

 

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Más allá de los arrebatos místicos a los que es tan afecto, un discurso que se convierte en bizarro por lo extravagante, aunque muy digno de respetar por lo auténtico (no hay pose en sus creencias religiosas), hay que decir que Santana es y ha sido un artista consecuente con sus ideas.

Por ejemplo, rechazó tocar para tres presidentes estadounidenses, por no querer compartir “mis dones con gente corrupta que tiene mucha sangre en su conciencia”.

 

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Eran épocas duras y a la vez esperanzadoras en México.

Se presentía el final del PRI y Santana, portando un cheque de 50 mil dólares para los afectados por las inundaciones en Veracruz, defendiendo los derechos de la mujer ante una sociedad que tiene el oscuro mérito de ser una de las más machistas del mundo y criticando desaforadamente a los poderes eclesiásticos en una ciudad donde existe una iglesia en cada cuadra, fue una visita muy molesta para el poder.

El reencuentro de Santana con sus compatriotas generó un debate a voces, no sólo entre los periodistas especializados, sino entre la juventud azteca, dividida entre quienes no entendían cómo semejante artista aceptaba presentarse con los edulcorados chicos de Maná, y entre los adolescentes que se preguntaban quién es ese señor con pañuelo en la cabeza que iba a tocar al lado de su ídolo Fher.

Corrían las apuestas espontáneas. ¿Quién llevaría más gente? ¿Quién tocaría primero? ¿Se irían los fans de Maná cuando sonaran los primeros acordes de la banda de Santana, dejando el Foro Sol semivacío?

Sin embargo, el paisaje variopinto de los numerosos asistentes al estadio, fue muestra de un encuentro generacional potente y emotivo: padres trajeados fumando un puro, acompañados por sus hijos vestidos con playeras con la estampa de Maná.

 

 

SANTANA, EL POLÍTICO

 

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De Carlos Santana se dicen muchas cosas. No todas buenas. A menudo, muchos de sus compatriotas le critican haberse ido a vivir a los Estados Unidos y haberse convertido en una especie de extranjero que ha renegado de sus raíces.

No parece ser esa una crítica justa para un hombre que se ha convertido en un ser político, con ideas muy peculiares de cómo deben ser la cosas, pero sin duda un tipo consecuente con principios siempre cercanos a los intereses de los menos favorecidos.

Su principal obsesión ha sido siempre desmitificar la imagen de vago y delincuente con que se describe a los latinos en los Estados Unidos.

Así las cosas, el músico es capaz de denominarse un par de los Estefan (Emilio y Gloria), como de defender con ahínco la figura de la actriz Salma Hayek, aun cuando la mexicana fuera muy criticada a fines de 1999 por la visita que realizó a los soldados estadounidenses afincados en Kosovo, durante la guerra de los Balcanes.

A la hora de defender un latino, Santana se muestra tan fanático como el más ultra Spike Lee (para quien cualquier negro es bueno sólo por el color). Para él, Jennifer Lopez es igual a Marc Anthony, a Tito Puente y a Celia Cruz. No hace diferencias estéticas ni de conducta ética.

Defiende a Ricky Martin y a Maná con la misma pasión que lo hace con Café Tacvba o con Jaguares y, frente al poder omnímodo y muchas veces incuestionable de la iglesia católica, jamás se ha mordido la lengua.

 

 

QUE NOS MANTENGA LA IGLESIA

“Tantos años la mantuvimos a ella, que ahora tiene como tresquicientos millones de dólares. Bien puede mantenernos a nosotros”, dijo el autor de “Mujer de magia negra” al público mexicano reunido en el Foro Sol en 1999.

 

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Es cierto que el ex esposo de la “Chocolata” Deborah Santana se dedicó luego de ello a repetirse hasta el cansancio y a edulcorarse hasta el coma diabético, pero aun el peor Santana es siempre signo de un artista de talento inconmensurable, con un potencial interpretativo que lo convierte en uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos.

Versiones de clásicos del rock más rockero como el “Whole lotta love” de Led Zeppelin, cantado por el impecable Chris Cornell, el “Little wing” de Hendrix, recorrido esplendorosamente por el eterno Joe Cocker o “Smoke on the water” de Deep Purple, interpretada por el líder de Papa Roack, Jacoby Shaddix, integran su disco de covers del 2010.

Es poco para Santana, dicen sus seguidores. Ya está terminado, aseguran muchos de sus fans. Que levante la mano, el que se anime a decir no obstante que Guitar Heaven es un mal disco.

 

 

DISCÍPULO DE JAVIER BÁTIZ Y B.B.KING

“Soy discípulo de Javier Bátiz y B.B. King, aunque mi verdadero maestro ha sido siempre mi padre, José Santana”, ha dicho.

Afiliado, como dijimos a la causa latina, en una entrevista llevada a cabo con varios medios mexicanos en 2011 afirmó que “nunca participaré en ningún proyecto cinematográfico, salvo que se me ofrezca algo parecido a la película Slumdog Millonaire (del cineasta británico Danny Boyle) y que tenga un mensaje positivo para la humanidad”.

“Estoy cansado de las películas que muestran a los latinos como flojos y a los mexicanos como borrachos que pegan a sus mujeres, jamás me haré cómplice de esa visión”, dijo, al tiempo que se declaró partidario de “que se caiga el muro entre los Estados Unidos y México”.

 

 

Apasionado por la religión y por las obras benéficas que canaliza a través de su fundación “Milagro”, Santana ha dicho haber logrado todos sus sueños, aunque le gustaría “tener un canal de televisión que durante las 24 horas pasara mensajes positivos para los jóvenes. Se llamaría el “Canal Sagrado”.

 

 

EL HÉROE DE WOODSTOCK

Dice que cuando subió al escenario en Woodstock estaba tan drogado con LSD, que lo único que se le ocurrió fue mirar al cielo y pedirle a Dios que lo ayudara a no equivocarse en las notas.

Muchas cosas ocurrieron desde aquella circunstancia trascendental para la historia de la música contemporánea. Era 1969 y Carlos Santana erró los acordes, sino que con su “Soul sacrifice” dio marcha a un sonido totalmente nuevo para la época, algo que los medios de entonces dieron en llamar “rock latino”.

 

 

Hoy, Carlos, el hijo del mariachi José, se declara un mexicano consistente y cultor de la música con sentimiento.

 

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En Tijuana, adonde llegó en la adolescencia, escuchaba salsa, a Agustín Lara, de Alemania se escuchaba la polka y de los franceses el vals.

“Con mucho respeto, no me gustaba la música de Elvis Presley, lo que más me gustó fue el blues”, admitió.

De Woodstock recuerda que la gente que organizó ese festival “creía en las cosas en las que yo creía. Hoy, casi todo es una extensión de aquellas ideas. Cayó el muro de Berlín y tarde o temprano tendrán que caer las paredes que separan a México de los Estados Unidos y a Guatemala de México.

La gente de Woodstock quería paz. Muchos cambiaron, pero yo no. Creo que sólo hay una familia en este mundo y que todos somos hijos de Dios. No he dejado de ser hippie”, precisó.

 

 

LA GUITARRA, SU ETERNA COMPAÑERA

Dice Carlos Santana que para tocar la guitarra hace falta sentir el centro del corazón. Que la velocidad en la guitarra aburre y que lo que no aburre son el dinamismo y la maravilla del sentimiento.

Entre los nuevos artistas admira a Ben Harper, Juanes y Shakira. De la música regional mexicana elige a los Tigres del Norte porque hacen una música que suena como si todavía estuviéramos al lado de Pancho Villa.

Lo que más le gusta de la comida mexicana es la biznaga, el chilacayote y la machaca. No le atraen tanto los tamales ni el pozole. Le gustan las enchiladas y el chile relleno y las pitayas.

En 2011 se asoció a Casa Noble, una tequilera de Jalisco, para crear tequilas triple destilados con certificados orgánicos.

Considerado entre los mejores 15 guitarristas del mundo, según la revista estadounidense Rolling Stone, es creador de un sonido único con la guitarra, instrumento que aprendió a tocar a los 8 años.

 

 

Se dice de Carlos Santana que hace magia más que música y que su virtuosismo es el pasaporte que lo mantiene en la patria sólo reservada a los genios de este arte y con el que ha ganado innumerables premios Grammy y llenado conciertos multitudinarios en todo el mundo.

Sin embargo, ha tenido algo más que destreza en los dedos para permanecer en el gusto popular. Por lo pronto, es notable su fidelidad al sonido latino con que supo pintar el rock anglosajón.

Piezas memorables como “Samba pa’ti”, “Mujer de magia negra” y “Oye cómo va” se quedaron grabadas para siempre en la memoria colectiva y lo convirtieron en prácticamente un héroe no sólo para sus compatriotas mexicanos, sino también para los millones de latinos en los Estados Unidos.

 

 

Lejos quedaron sus trabajos como lavaplatos y barrendero en una San Francisco de los 60, habitada por miles de latinos que iban en busca del sueño americano y a la que Carlos llegó con su familia, proveniente de Tijuana, en 1961. Hoy vive en Los Ángeles. Tiene la ciudadanía estadounidense desde 1965 y en esa tierra nacieron los tres hijos que tuvo con su primera esposa desde 1973, Deborah King, quien le pidiera el divorcio en 2007.

 

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Unos pocos años después, Carlos inició un romance con la baterista del músico estadounidense Lenny Kravitz, Cindy Blackman, nacida en 1959 en Ohio y con la que se casó en 2011.

En la plenitud sentimental, leal a su misticismo “ecléctico” como él mismo llama a ese conjunto de ideas que lo hace proclamarse ateo pero devoto de la virgen de Guadalupe y ahora pastor cristiano, apartidario pero siempre cercano a las causas sociales y atento a las necesidades de los más pobres, Carlos Santana es uno de los artistas más grandes de México. Ha vendido más de 100 millones de álbumes y es miembro de El Salón de la Fama del Rock and Roll. Ha sido acreedor a 10 premios Grammy.

 

 
[Sin Embargo]

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