Rotterdam, a la vanguardia arquitectónica.

Por Jose Rasero

 

Rotterdam desde Euromast

Las tropas nazis bombardearon Rotterdam en mayo de 1940 convirtiendo la ciudad holandesa en un erial. La II Guerra Mundial acabó con gran parte de su población así como con el ochenta por ciento de sus monumentos y edificios. Ante tal desastre el dilema al que se enfrentaron sus gestores fue: o bien mirar al pasado (y reconstruirlo) o dirigir todas las fuerzas hacia el futuro. Rotterdam optó por lo segundo, y puso su recuperación en manos de los arquitectos más vanguardistas. Hoy en día la ciudad -nada que ver con las demás urbes holandesas-, aparte de ser mundialmente conocida por el Europoort y servir de sede a las grandes multinacionales, constituye una maravillosa muestra de lo último que se idea en arquitectura, al tiempo que es presentada como paradigma en todo manual que se precie.

 

En Central Station

 

Si realizamos nuestro recorrido en metro, autobús o tranvía lo adecuado será adquirir la Welcome Card (10 euros el día) que también nos ofrece descuentos en museos y restaurantes. Si preferimos andar, partiendo de Central Station, comenzaremos a comprobar al instante la esencia de esta ciudad, cuyo principal atractivo reside en su capacidad de epatar -para bien o para mal- al visitante. Y no solo al nuevo. Al reincidente también. Siempre encontraremos en ella algo nuevo, insólito, rompedor o poco convencional. Edificaciones cuando menos llamativas como la propia Estación, las ‘Torres Espejo’ de Nationale-Nederlanden, la Millenium Tower (de 149 metros) o las que rodean el pulmón de la plaza Shouwburgplein, servirán para hacernos una idea de lo que nos espera.

Dirigiéndonos al barrio de los museos iremos encontrando a nuestro paso obras de Picasso (‘Sylvette‘), Laurens (‘La grande musicienne’), Rodin y otros afamados escultores. Destacaremos el Museo Bojimans, resultado de dos colecciones privadas que reúnen obras que van desde El Bosco o Goya a Picasso y Kandinsky, o el Museo del Mundo, con obras de las civilizaciones de los cinco continentes. Interesante resulta, para conocer la historia y la actividad del mayor puerto europeo, el Museo Marítimo, cuya entrada nos permitirá además visitar el barco De Buffel, anclado en el muelle. El Nederlands Architectuurinstituut, museo pionero de arquitectura, es también un lugar ideal para pasar un buen rato entre librerías, salas de conferencias y cafés.

 

Station Blaak

 

No muy lejos se alza uno de los símbolos de Rotterdam, el Euromast, torre de 185 m construida en 1960, con restaurantes, suites de lujo y salas de fiesta. La plataforma superior ofrece una vista panorámica impresionante de la ciudad y de su puerto.

Cambiaremos de escenario y nos dirigiremos al bulevar Blaak y, dejando atrás la iglesia de San Lorenzo  (único edificio gótico que resistió las bombasy la Station Blaak (con su característico techo en forma de platillo que alza el vuelo), alcanzaremos el puerto viejo (Oude Haven), un lugar apacible y muy indicado para reponer fuerzas rodeados de embarcaciones y, cómo no, edificios singulares:

 

Witte Huis

 

La Casa Blanca (Witte Huis), construida en 1898 en estilo modernista, fue durante años el edificio más alto de Europa, y uno de los pocos que quedó en pie tras los bombardeos. Delante tenemos el sorprendente complejo de viviendas  Kij-Kubus (‘Casas Cúbicas’) proyectadas en 1984 por P.Bloom: se puede visitar -para desentrañar o aumentar la sorpresa- el interior de una de ellas. Y justo a su lado, también obra de P. Bloom, se levanta el curioso bloque de apartamentos conocido como ‘El lápiz’, por su gran parecido con la barra de grafito.

 

Casas cúbicas

 

Desde alguna de las terrazas de Oude Haden podemos observar a lo lejos las inconfundibles siluetas de la Maastoren y el puente Erasmus.

Hacia allá, en el sureste de la ciudad, cruzando el río Mossa por el puente rojo o Willemsbrug, dirigiremos nuestros pasos.

La vanguardia arquitectónica es aquí, quizás, más visible que en el resto de la ciudad. La Maastoren (inaugurada en 2010) no solo es el edificio más alto de Rotterdam, sino de Holanda e incluso de todo el Benelux. Mide 161,2 metros de alto, a los que podemos añadir otros 20 si incluimos la estructura del tejado y el mástil. Sus 44 plantas acogen oficinas y un aparcamiento.

Tras dejar a nuestra derecha el Erasmusbrug  (Puente Erasmus), diseñado por Ben van Berkel e inaugurado en 1996 -el cual, con sus 802 metros de largo, 139 metros de alto, su forma asimétrica y su carácter levadizo, es conocido con el sobrenombre de ‘el cisne’ por su estilizada figura- y el Renzo Piano -con su fachada de cristal inclinada y atravesada por un mástil-, nos adentraremos en el muelle Wilhelmina, de donde solían zarpar los barcos rumbo a Nueva York y que alberga diversas estructuras arquitectónicas sin igual y en ininterrumpido crecimiento. Podremos acercarnos al Teatro Luxor y disfrutar también del exquisito Hotel New York.

Precisamente desde sus terrazas se divisa el barrio marino de  Delfshaven , un remanso de paz y bella muestra de lo que fue la ciudad antes de ser bombardeada, en el que tomaremos un merecido aperitivo, para continuar con nuevas energías nuestro paseo por esta asombrosa ciudad.

 

 

 

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