Pop Up, gastronomía itinerante

Por María Pérez

 

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 “El mejor ingrediente para una buena receta es la imaginación”.

 

Es la agudeza, que no tiene límites ni fronteras, y la infinita capacidad de las personas para reinventarse a sí mismas de donde surgen ideas que crean adeptos. Y, entre ellas, las experiencias gastronómicas pop up, aún para muchos sin explorar.

Así surge el curioso fenómeno comercial, social y cultural de los restaurantes Pop Up que nos revela la imaginación y alternativas a los tradicionales lugares de restauración a los que estamos acostumbrados. Unos por innovación, otros como efecto de la crisis en que abundantes negocios de este sector han tenido que cerrar, deciden sobrevivir creando nuevos formatos.

autobusenlondresPara los que desconozcan esta propuesta, los restaurantes Pop Up son la última tendencia en materia gastronómica. También denominados Supperclub, tienen ciertas características que los diferencian de los tradicionales: son itinerantes, temporales, improvisados y para cenas clandestinas. Dejarse seducir por su secretismo -un espacio en el que ignoramos la ubicación, la fecha concreta, el menú y los comensales- puede ser una experiencia, al margen de la rutina, cuanto menos interesante.

En ocasiones hay detrás una empresa conocida, otras, un restaurante que busca promocionarse. Suelen contar con chefs conocidos aunque hay algunos que se lanzan a la aventura demostrando sus capacidades.

Su encanto y originalidad reside en lo provisional en su permanencia y lo insólito de su paradero. Cualquier lugar es válido, desde una casa privada, una peluquería, una fábrica, una estación de tren abandonada, un jardín escondido, el estudio de un diseñador, sótanos, barcos, terrazas, autobuses, plazas … quién sabe en cuál de estos rincones puede ser la próxima pericia pop-up. Lo que sí sabemos es que aparecen para, posteriormente, desaparecer.

Tienen fecha de caducidad, pueden durar meses, semanas, días e incluso horas y su localización va cambiando. Una nueva manera de cenar y de relacionarse, donde el número de asistentes es reducido, pudiendo compartir la velada en una mesa comunal, por lo que la cena se convierte, a la vez, en una experiencia social. Un acontecimiento irrepetible, y además, de verdad.

No existe una guía de restaurantes pop-up. Aparte del boca a boca, su forma de captar al público es a través de las redes sociales, sobretodo Twitter. Es su estrategia de marketing, de esta forma informan a las personas interesadas de dónde se realizará el evento, su programación y la reserva se realiza con un margen de tiempo muy breve.

 

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Orígenes

El precursor en la cultura pop up fue la moda, a quien le siguió la cultura, la arquitectura, y ahora la gastronomía.

Como la mayoría de las corrientes más actuales, Nueva York y Londres son los pioneros de este movimiento gourmet desde 2006, con el objeto de que los chefs pudieran difundir sus creaciones y ahorrarse los costes fijos de alquiler del local. Y de esta suerte se han expandido por todo el mundo.

El chef portugués Nuno Mendes, pupilo de Ferrán Adriá en el Bulli, fue uno de los primeros impulsores con “The Loft Project”. Mendes celebraba cenas en el patio o en el salón de su casa junto a cocineros jóvenes que aprovechaban la oportunidad para darse a conocer y que sirvió de inspiración a otros restauradores. Pronto nacieron los autobuses convertidos en restaurantes y los locales semiclandestinos.

Escenarios como los escondites secretos de la línea de metro East End en Londres han sido utilizados por las fundadoras de “Gingerline” para saborear comidas elaboradas por excelentes chefs, a la vez que poder adquirir obras de arte de autores contemporáneos. Otro de ellos es “The Cube”, promovido por Electrolux, un lugar exclusivo para 18 comensales y en marcos asombrosos: vistas al Duomo de Milán o al Big Ben de Londres.

 

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The-Cube-by-Electrolux-Park-Associati-Milano-yatzer-8The Cube – Milán

 

Aunque el origen suele tener un toque alternativo y underground, hay también pop up rodeados de lujo y exclusividad como Dinner in the Sky. Su instalación consiste en una mesa voladora que ha viajado por la Torre Eiffel, la Marina de Dubai o las playas de Copacabana. Los cocineros de estos tres pop up están condecorados con una o varias estrellas Michelín.

En Berlín es ya un referente el Speinsenklub Neukölln dirigido por dos hermanas que organizan el último domingo de cada mes un encuentro gastronómico y cultural para unas 30 personas, que previamente se han inscrito como socios del club. Los lugares siempre son sorpresa: una barbacoa en el parque Tiergarten o una noche vegana en un piso de Neukölln.

La fiebre Pop Up también ha llegado a España donde estos restaurantes itinerantes funcionan con éxito.

En la ciudad condal, el evento Titanic protagonizó una bonita velada, con una duración de 48 horas, para celebrar el día de San Valentín, en la que se recreó el conocido barco. We Pop transformó el salón de belleza The Secret Room en un espacio en el que un DJ tocaba mientras los clientes degustaban carne a la barbacoa, guacamole y cócteles.

En El Raval se encuentra The Supper Club, liderado por la chilena Marianne Kraus y la californiana Tara Penke. Su cocina está preparada con productos locales y platos de todo el mundo, en lugares que van desde espacios verdes hasta talleres, alrededor de una única mesa con capacidad para un máximo de 25 personas.

 

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Y en Madrid, Menudavida Organic Food, una empresa de restauración ecológica, son los promotores del restaurante temporal ‘Hypothetic Organic Restaurant’ con dos ecochefs y fooddesigners, François Winberg y Vanesa Losada, que organizan cenas clandestinas en Madrid con precios que oscilan entre 30 a 60 euros. Como nos anticipa François: “Elaboramos nuestra cocina con productos ecológicos y biodinámicas, respetuosos siempre con la salud, en buen ambiente, con un grupo reducido de comensales, y buena música, además de alguna que otra sorpresa.  Nuestro próximo encuentro será en el centro de Madrid el próximo 17 de octubre, en la zona de Alonso Martínez, en un piso clandestino. La dirección y condiciones las desvelaremos a última hora, después de hacer la reserva a través de un email, no podemos adelantar más…”.

El restaurante pop up juega con lo efímero, el nomadismo, la clandestinidad. Es parte de su encanto, por lo que hay que estar alerta y darse prisa. Una vivencia culinaria y humana única, tan fugaz como el acto de comer.

 

¿Te apetece probar la experiencia?

 

 Imágenes de las web oficiales

 

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