Barbie Thomas, una atleta sin brazos que es ejemplo de ser humano y le gusta reírse del “no”

Por Francisco Espinosa

 

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Con la boca maquillada dibuja una amplia sonrisa. Mira de frente al entrevistador y escucha atenta. Tiene el cuerpo digno de una atleta trabajadora y enamorada de su físico. Barbie Thomas es fisiculturista. Su mayor logró estadístico es un sexto lugar entre 15 competidoras, pero sin duda alguna, es el ejemplo humano que va dejando por todos los lugares por donde pasa. La voluntad de un ser humano incapaz de sentirse derrotado aún en la más grande adversidad.

 

Tenía dos años cuando escaló a un transformador eléctrico como vil travesura. El instinto dominador de la razón a temprana edad de la vida, provocó una tragedia en primer plano, cuando sus dos pequeñas manos tomaron los cables de electricidad y la corriente le destrozó los brazos hasta tocar los huesos. Amputadas las extremidades superiores, fue su carácter el que construyó una historia humana digna de ser contada. Aprendió a controlar su equilibrio y de ahí en adelante no paró de aprender a sobrellevar lo que le había pasado.

 

Al lado de su entrenadora corre subiendo escaleras a gran velocidad, un escalón por pie mientras controla su ritmo de respiración. En el gimnasio realiza distintos ejercicios de coordinación siempre con la punta de los pies pisando el suelo. Corre, se abre de piernas y da una voltereta en el piso. Se agacha, conecta la grabadora y pone play, todo con los pies. “Verla alimenta”, dice una chica a su costado mientras ella le devuelve el cumplido en forma de sonrisa. Siempre ríe. “Me he acostumbrado desde los dos años, es parte de mi rutina. Nadie me ayuda a cambiarme, hago todo yo sola”, declara tranquila.

 

 

barbieFoto: Facebook

 

Vive en Phoenix, allí se entrena, siempre saltando, sonriente. Tiene espíritu de atleta. Después de que en la escuela practicara natación y fútbol, se interesó por el fisiculturismo cuando un organizador de eventos le dijo tajantemente que nunca podría ganar. “Cuando me dicen que no puedo hacerlo, se enciende un fuego dentro de mí”, cuanta Barb. A sus 37 años divide su tiempo entre cuidar a sus hijos de 13 y 17 años y en el entrenamiento constante. Recién divorciada, no muestra muestras de flaqueza. Agradecida porque el accidente le pasó siendo muy joven porque “hizo que fuera mucho más fácil adaptarme”, cuenta. Thomas lleva una vida normal mientras el mundo no deja de asombrarse. Capaz de escribir, conducir su propio coche o cocinar, sus pies se han perfeccionado tomando papeles que no les correspondían. Transformada en una inspiración, Barbie sigue haciendo cardio en el gimnasio por las mañanas y mucha fuerza de piernas por las tardes.

 

La incansable Thomas participa en eventos al lado de competidoras tan bien trabajadas como ella. La diferencia radica en la ausencia de brazos. Ella sigue sonriendo apretando la mirada, disfruta de la cámara. Barbie Thomas es un ejemplo viviente en Arizona. Acostumbrada a las entrevistas, recuerda siempre que su motor fue aquel negativo comentario de un instructor que solo alcanzó a ver el físico sin explorar su mente. “Mi madre estaba desconsolada cuando me amputaron los brazos. Yo simplemente la rodeé con mis piernas y la abracé”, cuenta Barb. Todo comenzó ahí.
 

 

 

Sin Embargo

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