Shunga: sexo y placer en el arte japonés

Del 3 de octubre de 2013 al 5 de enero de 2014

Salas 90-91, Museo Británico, Londres

A comienzos del periodo moderno en Japón, 1600-1900, se produjeron miles de obras de arte caracterizadas por una sexualidad explícita, denominadas “imágenes de primavera ” (shunga). En esta exposición, la primera de este tipo en el Reino Unido, se examinan estas imágenes, a menudo divertidas, tiernas y, sin duda, hermosas, que fueron producidas por algunos de los maestros del momento, como Utamaro y Hokusai.

Torii Kiyonaga (1752-1815), Sode no maki, c.1785, detalle.

Torii Kiyonaga (1752-1815), Sode no maki, c.1785, detalle.

La muestra aúna piezas de colecciones del Reino Unido, Japón, Europa y EE.UU., y cuenta con unas 170 obras entre pinturas, grabados y libros ilustrados. Las imágenes Shunga constituyen un fenómeno único en la producción cultural del periodo moderno, en cuanto a la cantidad, la calidad y la naturaleza del material producido. La exposición explora cuestiones acerca del significado del shunga, de las características de su distribución y de las razones de su producción. En particular, se establece el contexto social y cultural para desarrollo del arte del sexo en Japón, con el objetivo de reafirmar la importancia del shunga en la historia del arte japonés.

Las imágenes shunga se producen principalmente dentro de la escuela del ukiyo-e, o “pinturas del mundo flotante”, desarrollada por artistas como Hishikawa Moronobu (†1694) , Kitagawa Utamaro (†1806 ) y Katsushika Hokusai (1760-1849) . Anteriormente, el arte narrativo medieval en Japón ya presentaba temas en los que el sexo y el humor aparecían entremezclados. Además, influenciados por tendencias de origen chino, algunos artistas tradicionales -como los asociados a la escuela Kano– también crearon pinturas shunga de gran calidad para clientes de la clase gobernante. En contraste, en la Europa coetánea la situación era muy diferente debido a las prohibiciones religiosas y a la moral imperante, que obligaban a una separación absoluta entre “arte” y “pornografía”.

Es cierto que, durante este periodo, la vida oficial se rige por las estrictas leyes de Confucio pero, por otra parte, la vida privada estaba mucho menos controlada. A partir de 1722 este tipo de producción artística fue prohibida, aunque en la práctica no llegó a desaparecer. Las publicaciones shunga florecieron en los límites entre estos dos ámbitos, e incluso sirvieron en ocasiones para criticar las prácticas burocráticas. La producción artística nunca fue objeto de censura, y las redes nacionales comerciales entre bibliotecas, uno de los principales medios de distribución de libros shunga, no estaban reguladas.

El Japón moderno no era ciertamente un paraíso del sexo. La educación dentro de la ética confuciana, centrada en el servicio y en la moderación, se promovía entre de todas las clases sociales, y las leyes sobre el adulterio eran muy severas. Por otra parte, también había muchas desigualdades de clase y género, y una potente y explotadora industria del sexo comercial ( los “cuartos del placer “). Sin embargo, los valores del shunga promueven de forma positiva el disfrute del placer sexual para todos los participantes, sin distinciones: por ejemplo, en la serie de ilustraciones eróticas para los doce meses, realizada por Katsukawa Shuncho (c. 1788 ), unos esposos disfrutan haciendo el amor en una ventana en del verano, bajo el canto del cuco. La sexualidad de las mujeres estaba reconocida y sexo entre hombres se admitía en contextos sociales particulares. Aunque los hombres serían los principales productores y consumidores de estas imágenes, es evidente que las mujeres también fueron una audiencia importante. De hecho, la costumbre de incluir imágenes shunga en el ajuar aportado por la mujer al matrimonio, parece haber sido común, y algunas obras parecen haber sido creadas más para un público femenino que para el masculino. A finales de los siglos XIX y XX, la producción shunga casi desaparece de la memoria popular y académica japonesa, convirtiéndose en un tema tabú. Irónicamente, fue precisamente en este momento en el que artistas como Toulouse Lautrec, Beardsley, Sargent y Picasso lo descubren y reciben su influencia.

El Museo Británico adquirió sus primeros grabados shunga como parte de la Colección George Witt en 1865 y ahora posee una de las colecciones más importantes fuera de Japón.

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Traducción: Ruth Cereceda

Source: http://www.britishmuseum.org/whats_on/exhibitions/shunga.aspx

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