Las Meninas, un talismán astral

Por Vicente Cassanya

 

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Las Meninas de Velázquez es uno de los cuadros más destacados de la historia de la pintura española e internacional. Pero también esconde un fascinante enigma: ¿lo pintó el artista para que actuara a modo de talismán con el fin de invocar la descendencia del rey Felipe IV y dar así continuidad a los Austria?

 

Hacia mitad del siglo XVII, después de muchos años sin pintar apenas, Diego Velázquez retomó los pinceles para retratar al rey Felipe IV, a la reina Mariana de Austria y a la infanta Margarita junto a otros personajes en un gran lienzo de 310×276 cms. que quedaría para la posteridad y que marcaría un hito en la pintura.

Intrigante por la presencia del propio pintor en el cuadro, por la difícil perspectiva y composición, por la luz, el color y las pinceladas que, de algún modo, anticipaban el impresionismo. Se han hecho todo tipo de análisis, pero, hasta hace pocas décadas, nadie sabía lo que esta obra representaba realmente.

 

 

La magia astral y zodiacal de las Meninas

 

En 1978 Ángel del Campo y Francés (1914-2009), profesor de perspectiva, ingeniero de caminos y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, publicó un magnífico libro titulado La magia de las Meninas (I). En su primer capítulo hacía unas revelaciones alucinantes y descubría un extraordinario secreto que, paradójicamente, llevaba más de tres siglos a la vista de todo el mundo. Sin embargo, nadie lo vio. Era la conexión mágica y sorprendente de las Meninas con la Astrología.

El autor nos muestra que, si trazamos líneas rectas entre las cabezas o los corazones de los personajes que están en primer plano (Velázquez, la menina de la izquierda, la infanta Margarita, la menina de la derecha, Marcela de Ulloa y José Nieto) obtendremos la figura de la Corona Boreal, una constelación claramente visible en el hemisferio norte (2).

 

526px-Meninas_Corona_BorealisFoto Wikimedia

 

Pero no solo eso. La más “brillante” de la pintura, la que tiene mayor luz, es claramente la infanta Margarita, que entonces contaba con unos cinco años de edad (3). Y resulta que la estrella más brillante de la constelación de la Corona Boreal se denomina, en latín, “Margarita Coronae”. Esta metáfora pictórica podría ser un guiño de afecto del pintor al rey, puesto que esta estrella también se conocía popularmente como “Perla” o “Gema”, y es sabido que la infanta Margarita era la más bella a los ojos de su padre, el rey Felipe IV, que solía llamarla “mi alegría”.

Pero el cuadro aún escondería una conexión más con las estrellas. Según el autor (4), al entrelazar todas las cabezas de las figuras en primer plano, incluido el perro, se formaría el símbolo de Capricornio. La reina Mariana de Austria había nacido el 23 de diciembre de 1634 y pertenecía, por tanto, a este signo.

¿Sería una tontería decir que este cuadro se pintó con la expresa intención de que actuase como un talismán para convocar la descendencia de un hijo varón con el que poder asegurar la continuidad de los Austrias, que estaba seriamente amenazada?

De ningún modo.

 

 

Una monarquía que se extingue

 

La relación del pintor con el rey fue larga y productiva, pero en las dos últimas décadas de su vida Velázquez pintaba muy poco. De hecho, a partir de 1640 su producción cayó en picado y ya nunca la recuperaría. Sin embargo, retomó los pinceles para elaborar la que sería una de las más grandes obras de la pintura.

Pero ¿qué poderoso motivo pudo haber para forzar su regreso?

Quizá ayudar a salvar la monarquía a petición de su Rey.

Tras la fatídica muerte del príncipe Baltasar Carlos, a los 17 años de edad -tan solo dos años después de la muerte de la reina Isabel de Borbón- la monarquía tenía un grave problema. Al quedarse sin heredero al trono, el rey se vio en la obligación de volverse a casar para engendrar un hijo varón, y eligió a su sobrina Mariana de Austria, la que precisamente iba a casarse con su querido hijo fallecido. Pero los embarazos de la reina no fructificaban o, cuando lo hacían, traían hembras, pero no varones.

El talismán pareció funcionar, porque en las navidades del año 1656, y cuando la reina Mariana contaba con 22 años de edad, quedó embarazada. Esta vez sí, nacería un varón al que se le pondría el nombre de Felipe Próspero, aunque moriría prematuramente, a la edad de cuatro años. Pocos años después nacería Carlos, sobre quien recaería el peso de la corona.

 

 

La maldición de Carlos II el Hechizado

 

Es evidente la relación mágica de la constelación de la Corona Boreal con la cuestión pendiente de la corona de la monarquía. La magia, desde la más remota antigüedad, se ha ejercido por analogía o imitación. Pintar una corona invoca a la otra corona; en este caso como fórmula para garantizar la continuidad.

Cuando se pinta el cuadro los reyes casi habían perdido la esperanza de tener un hijo varón. Al rey le quedan pocas energías y la pintura se realiza en un momento en el que la reina acaba de perder, una vez más, el hijo que iba a tener. Tanto el rey como la reina atravesaban momentos de profunda tristeza e incertidumbre. Y la infanta Margarita era la única opción real para la sucesión.

Esa pintura talismánica iba destinada, seguramente, no a invocar el nacimiento de un hijo varón, sino a propiciar que fuera la infanta Margarita la nueva reina de España, que tuviera un reinado fructífero y, sobre todo, a doblegar las reticencias de la corte para que una mujer ocupara el trono.

Pero la idea mágica del cuadro no se respetó. En lugar de subir al trono la infanta Margarita, subiría Carlos II el Hechizado, con quien terminó la dinastía de los Austria. ¿Resultó maldito o hechizado Carlos por encarnar la transgresión de lo que invocaba este talismán? ¿Qué hubiera sucedido si hubiera reinado Margarita?

Son cosas que nunca sabremos.

 

 

Velázquez, pintor y astrólogo

 

Velázquez era mucho más que el pintor de cámara del rey. Tenía a su cargo la biblioteca de palacio, donde podía acceder a una serie de herramientas y conocimientos fuera de lo común.

El artista sevillano viajó varias veces a Italia, donde debió estar en contacto con numerosos astrólogos y alquimistas. Allí abrió los ojos a una nueva dimensión de la pintura, una vertiente mitológica, mágica y misteriosa, sumamente cautivadora.

Un inventario tardío sobre su biblioteca personal demostraría, además, que el genio sevillano era un personaje culto y también esotérico. Junto a sus muchos libros de geometría y perspectiva, atesoraba muchos otros de artes adivinatorias y astrología, como la Suma Astrológica y arte para enseñar hazer pronósticos de Antonio de Nájera o la Chronografía, del astrólogo catedrático Jerónimo de Chaves. También tenía varios telescopios rudimentarios de aquella época con los que el pintor-astrólogo pasaba muchas horas observando el cielo.

En el capítulo primero de La magia de las Meninas, Ángel del Campo se refiere a Velázquez en estos términos:

 

«Aquella España en cuya corte, corrompida y supersticiosa, el discreto y prudente aposentador del Rey, pintor de cámara y astrólogo (6), físico y geómetra, arquitecto y adivino, veedor y director de obras, decorador y calculista, conocedor del latín y el italiano, de tramoyas y escenografías, de la cámara oscura y la linterna mágica, de los anteojos de larga vista y de los relojes de sol, del astrolabio y de los ingenios para elevar el agua, de las proscritas teorías copernicanas y de los secretos de la fisonomía, de las hierbas medicinales y del número áureo,, de la perspectiva secreta y de la cabalística, de mitologías y simbolismos, del juego de trucos, de fantasmagorías y de catoptromancia … pintó, en los últimos años de su vida, el retrato mágico de la Infanta Margarita; al que luego llamaron cuadro de “La familia” y ahora conocemos -aunque no del todo- por el apelativo de dos de sus personajes secundarios.»

 

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Detalles del cuadro

 

Notas:

 

1.- La Magia de las Meninas: una iconología velazqueña. Ángel del Campo. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Madrid, 1978.

Según algunas fuentes que pululan por internet y algunos libros, el autor confirmaba lo que el francés Jacques Lassaigne había publicado unos años antes, en 1973, en su obra Velásquez Les Ménines , editado por Office du livre, Fribourg, Suiza.

Sin embargo, tengo ambos libros en mis manos, y no encuentro ninguna cita a Lassaigne en el libro de Ángel del Campo. Pero tampoco hay ni una sola referencia al tema que nos ocupa en el libro de Lassaigne.

 

2.- La constelación de la Corona Boreal está cerca de las de Boyero, Hércules, Escorpio y Sagitario. Antes que Velázquez, la pintaron otros, aunque de manera explícita, especialmente su admirado Tiziano, pintor de cámara del rey Carlos V de Alemania y I de España, que la pinta en la esquina superior izquierda del cuadro titulado El triunfo de Baco y Ariadna.

 

3.- La infanta Margarita había nacido el 12 de julio de 1651, y se supone que este cuadro pudo ser pintado en 1656. Ella fue la primera hija de Felipe IV con Mariana de Austria. Su hermano Carlos nacería diez años más tarde y sería el futuro rey Carlos II el Hechizado, cuya muerte, en 1700, puso fin a la dinastía de los Austria y abrió la Guerra de Sucesión en España. A partir de ahí reinarían los Borbones.

 

4.- Este argumento es poco sostenible, ya que el símbolo de Capricornio aparece forzado y, además, tumbado para que encaje. El propio autor reconoce que esta asociación es “débil y arriesgada”.

 

6.- Llama la atención que empiece señalándolo como pintor de cámara y astrólogo, especialmente si tenemos en cuenta que, en ese siglo XVII la Astrología ya había recibido duros ataques, como la bula de Sixto V, Coeli et terrae Creator, del 5 de enero de 1586, tras el Concilio de Trento, o la de Urbano VIII, Inscrutabilis iudiciorum, del 1 de abril de 1631.

Es evidente que, a pesar de esos intentos de prohibirla, la Astrología seguía siendo una ciencia ampliamente usada, especialmente en círculos de poder, en el ámbito eclesiástico, en la arquitectura, en el arte y un largo etc., incluyendo la excelsa literatura del Siglo de Oro, que era una de las pocas glorias que había en la atribulada España en esa época.

Pero muchas de las actividades astrológicas debían hacerse a escondidas o evitar que resultaran evidentes a primera vista. Esa sería una de las poderosas razones por las que Velázquez escondió, a los ojos de los no iniciados, el verdadero simbolismo y poder talismánico que supo plasmar en este grandioso óleo sobre lienzo.

 

www.cassanya.com

 

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