La pulpería de Mila

Por Mireia Acosta

 

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Los catalanes y los gallegos venden bien su gastronomía dentro y fuera de nuestras fronteras porque viajan mucho, porque aman su tierra y porque tienen buen producto. En el mismo local en el que antes estaba La fonda, un clásico catalán de la capital, hoy aparece La Pulpería de Mila, una renovada taberna gallega y marinera.

Un nuevo gallego que puede parecer veraniego y frio porque dominan los azules marineros combinados con el blanco de las mesas. Sin embargo, las fotos grandes de pulpos en el proceso de cocción, el falso tragaluz al cielo, el suelo de madera y los bodegones que separan la barra de raciones del restaurante aportan al ambiente un aire casero y limpio que resulta muy cómodo.

Éste es un espacio diferente en la zona de Retiro, donde la mayoría de restaurantes son de los de toda la vida, y los gallegos se empeñan en renovarse. La Pulpería de Mila es el hermano pequeño de El Pescador de Ortega y Gasset, con gran producto de Pescaderías Coruñesas y de La Penela de Velázquez, más sofisticado; es su hermano pequeño en precio pero no en calidad.

En la barra ofrecen las “Viandas de miña terra galega”, que son raciones de allí revisadas aquí: zamburiñas horneadas, lacón, empanada de aldea —diferente cada día—, o calamares de potera en su punto.

Ofrecen, como no podría ser de otra manera, pulpo en todas sus variedades: en empanada, en tortilla, a la brasa y a la gallega. Eso sí, bien cocido en su olla de cobre, 15 minutos por kilo, sin sal, asustándolo para que la piel no se despegue de la carne y cortándolo con tijeras en caliente. Como debe ser. Después se posan las rodajas en una tabla de madera, se le añaden un par de cachelos al centro, sal maldón y un buen pimentón no necesariamente picante. Eso siempre debe ser al gusto.

 

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Cuando la carta anuncia “de todo un poquiño”, descubrimos la tortilla de patata melosa con cebolla pochada y de un color naranja intenso, muy sabrosa,  las croquetas de jamón, centollo o carabinero y unas almejas de carril que subirán la cuenta pero a las que es imposible resistirse, por no hablar de las alcachofas al horno que pueden ocupar los primeros puestos en el ranking de las mejor preparadas.

Merluza de Celeiro, rodaballo o rape negro de la Costa da Morte, al horno o cocinados con su ajada, se alternan con mariscos de la ría cuyo surtido te cuentan ya en la mesa porque depende de lo que el mar haya procurado ese día al mercado.

Un par de arroces distintos y algunas carnes, también de la tierra y en su punto, se ofrecen con varios tipos de guarniciones a elegir: patatas fritas caseras, cachelos y pimientos rojos o de Padrón, que no podían faltar.

La carta de vinos es amplia y no sólo en referencias gallegas. Ofrecen por copas los mejores albariños. Eso sí, cuesta llegar a los postres porque las raciones son más que generosas.

 

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Este restaurante, abierto hace un par de años, resulta un nuevo acierto del Grupo Oter,  que cuenta ya con más de una veintena de restaurantes en Madrid, entre ellos el Gerardo de Don Ramón de la Cruz, de exquisito servicio y calidad, y, más informales, todos los “Barriles de…” barrio que vemos repartidos por la ciudad. Ser una gran empresa y defender la calidad y el producto autóctono, sin disparar los precios durante varias décadas, es un valor que hay que resaltar y apoyar.

Algo que se pierde en este proceso de eficiencia es el trato personal del camarero que se enamora del plato que sirve, como si lo hubiera cocinado él. La empresa es lo que tiene: dar buen servicio con objetivos prácticos no deja mucho tiempo al disfrute banal de la conversación gastronómica. Pero resulta eficaz.

 

La pulpería de Mila.

C/ Lagasca, 11 11 28001 Madrid

Tlf: 91 576 00 85 // T/F – 91 577 79 24

lapulperiademila@grupo-oter.com

Un dato de interés: todos los platos se preparan para llevar, incluso al acabar de comer cuando, como sucede en la mayoría de los restaurantes gallegos, ya no se puede más pero se piensa en la cena.

Y otro dato importante: no hay aparcacoches pero en el número 27 hay un parking que resulta cómodo y el de Velázquez está al lado.

 

 

 

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