‘Stockholm’ y las relaciones tóxicas

Rodrigo Sorogoyen firma ‘Stockholm, una historia escrita junto a Isabel Peña que enfrenta al espectador a una historia dura y dramática. Cuando las relaciones sentimentales se plantean como batallas o secuestros en nombre del amor el daño puede ser irreparable.

 

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Un chico y una chica coinciden en una fiesta. Él se acerca a ella para conquistarla con un “me he enamorado de ti”. Ella le rechaza, pero él insiste. Ella vuelve a decirle que no tiene interés en irse con él, pero él está decidido y vuelve a por ella. Y la persigue por un Madrid nocturno y frío, y acaba por llevarla a su casa, aunque a ella no le apetecía mucho.

La primera hora de Stockholm es tremendamente incómoda, porque estamos asistiendo al acoso y derribo de un tipo que quiere acostarse con alguien que no quiere acostarse con él. La situación, esto es lo peor, no le parecerá extraña a ningún espectador. Nos hemos acostumbrado a que ocurra.

 

El síndrome de Estocolmo

Javier Pereira da vida a un donjuán que quiere seducir al personaje de Aura Garrido, taciturna y apática, a cualquier precio. Las conversaciones entre los dos son el eje indiscutible de la película. La fluidez con la que hablan, la rapidez de sus respuestas, las miradas profundas y los gestos, por pequeños que sean, configuran un microcosmos nocturno donde solo existen ellos y nada más que ellos.

Poco a poco, él erosiona las defensas de ella, y ella empieza a abrirse a un desconocido, guapo y divertido, del que no sabemos mucho más que su habilidad para encantar serpientes. La rendición definitiva a sus cantos de sirena viene de la mano de La Gazza Ladra de Rossini, en una espectacular escena donde la tensión se crea combinando la cámara lenta y el viaje de un ascensor que sube, baja y sube. Es en este momento cuando se confirma el secuestro y se da sentido al título de la película.

 

Preguntas comprometidas

Stockholm es una película imprescindible que pone de manifiesto problemas reales, que existen hoy en día, que surgen cuando nos embarcarnos en una relación sentimental, sea de una noche o con expectativas de futuro. Es un reflejo de la perversión del concepto “amor” en nuestros días.

¿Por qué nos parece normal que el chico sea tan insistente, si ella ya le ha dicho que no quiere tener nada con él? ¿Por qué ella acaba por ceder a las peticiones de él? ¿Atosigar, besar a la fuerza o no aceptar una negativa por respuesta son actitudes deseables en una relación?

Y la más interesante de todas, la pregunta que se desarrolla en el último tramo de la película, la que marca la diferencia y hace de ésta una película única. ¿Qué pasa cuando las tornas se cambian y es la chica la que insiste en hacer algo que el chico no quiere hacer?

¿Y el final de la película? El final de la película dará que hablar.

 

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