Miles Kane

Por Raúl Julián/ Muzikalia

 

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Paradigma de una nueva y jovencísima sucesión de mods y seguidores del british style, Miles Kane se encontró a su paso por Madrid con un recibimiento de tal ardor y fanatismo que seguramente ni él mismo esperaba. La Joy Eslava resultó tomada hasta la bandera por un público juvenil ampliamente vencido de antemano, encantado de venerar al músico como máximo representante de su propia generación, tras ver en su figura la continuación natural de mitos como John Lennon, Paul Weller o Liam Gallagher.

 

Con los gestos del ex Oasis estudiados al detalle, Kane aceptó entusiasmado el papel que se le ofrecía en bandeja, creciéndose incansable en su rol de estrella hasta completar una secuencia ininterrumpida de poses y parafernalia de cara a la exaltación generalizada. Mientras, la intensidad del espectáculo resultaba creciente con la generosa sucesión de canciones como “Taking Over”, “Better Than That”, la propia “Don’t Forget Who You Are”, “Quicksand”, “Come Closer” o una versión acústica del “Colour Of The Trap” reservada para los bises, seleccionadas de entre los excelentes Colour Of The Trap (2011) y Don’t Forget Who You Are (2013).

 

 

Una ininterrumpida retahíla de éxitos que sacrificó parte de su elegancia original para sumergirse en el histerismo generalizado y disfrutar de unas sensaciones de ida y vuelta, en plena retroalimentación con sus fieles. El vocalista y su banda resultaron ampliamente solventes en directo, pero distrayeron continuamente la atención del motivo principal para sumergirse en indiscriminados baños de masas, en una lucha de poderes entre la propia interpretación y los (excesivos) adornos que la acompañan.

 

El ex The Rascals desplegó todo su circo en la última fecha de su gira española, demostrando poseer un conjunto de canciones incontestables y tremendamente eficientes, pero también apostando peligrosamente por el gozo desprendido de una celebración masiva que en ocasiones prevalece sobre el propio interés de la obra. Un riesgo que debería aprender a controlar, aunque la mayoría del público resultase de sobra satisfecho con el vistoso y sudoroso resultado final.

 

 

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