El orgullo de los que han perdido el oremus

Por José Antonio Ricondo

O el juicio o la cordura. Yo no conocía esa palabra. Me lo recordó un amigo y sin embargo consuegro, cosa que le agradecí. Quién puede afirmar que al menos alguna vez no se ha encontrado con alguien de esta especie; no de los que lo han perdido, sino de los que aun perdiéndolo se sienten orgullosos de ello. Es decir, no hay mayor memo y torpe que el que hace apología de su idiotez e ignorancia o del que, cuando ve que toca aplaudir, aplaude, sin saber por qué y de qué manera.

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Una pareja anónima se besa en medio de graves disturbios en Vancouver (Canadá). ¿Se besan o alguien de ellos está herido?

Tampoco hace falta mucho estrujarse la neocorteza. No es difícil. Porque aun estando lejos, leyendo el periódico o viendo la televisión resulta que, temerariamente, les tienes muy cerca; además se repiten, entran en competición los de la misma camada para ver quien la mete más gorda. Y, una vez metida, se regocijan de ello porque se me antoja que, por otro lado, están muy lejos de los que les leen y ven. Ellos, tratando los temas que les ocupan de manera global, van en globo, como decía Ramón Gómez de la Serna.

Las pistas de su viaje astral conducen todas al Parlamento, comenzando desde el que lo dirige. Y, como hay cosas que te parecen inverosímiles, vas y preguntas al de al lado confiando en que su respuesta coincida con lo que estás pensando:

-Oye, ¿tú crees que estos faces leen los periódicos o les administran las noticias de una manera sesgada, como al menos antiguamente a los residentes de las casas reales, para velar por su buen ánimo?

-Pero ¿eres simple o, más bien, mentecato? Cómo no van a leer lo que pasa!

Y, claro, esa respuesta me deprime aún más. No por esos cariñosos adjetivos, sino porque me ahondan más en el absurdo, en el agujero negro. No puede ser posible. Alguien -un alcalde de ayuntamiento importante- me dijo alguna vez que los disgustos, los insultos -ahora eso es peligroso-, las afrentas a los políticos van en el mismo paquete que el cargo, que su sueldo… Será… Es inconcebible. Estoy seguro de que, blanco y en botella, han de pertenecer a algún clan, a alguna secta. Si no…

 

 

Cantegril uruguayo es sinónimo de poblaciones callampas chilenas, de pueblos jóvenes peruanos, de villas miseria argentinas, de favelas brasileñas, de tugurios costarricenses o de chabolas españolas. La de la foto -Wikipedia- es la villa 31 en Buenos Aires.Foto: wikimedia

Cantegril uruguayo es sinónimo de poblaciones callampas chilenas, de pueblos jóvenes peruanos, de villas miseria argentinas, de favelas brasileñas, de tugurios costarricenses o de chabolas españolas. La de la foto -Wikipedia- es la villa 31 en Buenos Aires.Foto: wikimedia

 

El orgullo de los que deberían estar dimitiendo. Es fácil: lo dice uno, y se va. Viene al pelo Mario Benedetti, desaparecido físicamente en 2009. Parece que estuvo en nuestro país estos dos años para escribir el poema ¿De qué se ríe?

(Seré curioso)

En una exacta

foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso

señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

Nos han hecho sentirnos como si estuviésemos acabados, como clama Lenny Kravitz en Believe

 

 

No es para menos, toda vez que parece que estemos rodeados por todas partes. Ya que, si mal es que tengamos recortados los bolsillos, el comer, el curarse, el disfrutar de la cultura y el aprender, peor -por si lo anterior fuera poco- lo es que su recortada haya pillado nuestro cerebro y nuestra alma, la ilusión, las pocas luces que podrían vislumbrarse a lo lejos del túnel de nuestras vidas. No pueden ni deben representarnos. ¿Qué puede significar este verbo, esta acción, para estos miserables? ¿Qué simbolizan?… Siguen en globo.

«Hay varias especies de miserables. Están por supuesto los asesinos, los canallas, los uxoricidas, los degolladores, los verdugos, los envenenadores, los parricidas. Pero hay miserables recónditos, ladinos, furtivos, solapados, que se enmascaran de honestos, se camuflan de héroes, se fingen generosos.
La condición de miserable es un tumor del alma, casi siempre incurable, porque el alma no admite cirugías.
Una loca ambición del miserable suele ser el poder. Aclaro que no todos los poderosos son miserables, pero sí los más encumbrados, los hacedores y/o financiadores de armas atómicas, los invasores de paisitos, los blancos que discriminan a negros y amarillos, los cazadores de palomas y de liebres, los inventores de calumnias. Hay miserables diplomados, que a veces llegar a ser miserables diplomáticos, y no faltan los que son miserables consigo mismos, esos que le hacen zancadillas a su buena fe, o sea los que se borran de su propia memoria para convertirse en solemnes granujas.
Dicen que Dios creó a los miserables para proporcionar trabajo a los ángeles justicieros. Pero los miserables son capaces de cortarles las alas.»

Mario Benedetti, de su libro Vivir adrede. Alfaguara.

 

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