¿Se puede cambiar?

Por: Héctor Anaya

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¿Existe la reinserción? ¿Es posible volver a la sociedad una vez que se ha estado en prisión? Yo creo que el primer paso para que sea posible es creer en que se puede reinsertar a un preso, algo que no es posible si la opinión pública, orientada por la prensa (o tal vez solo el sensacionalismo), se empeña en lo contrario.

En estos días en los que asesinos, terroristas y violadores, como Miquel Ricart, salen de prisión me es imposible no pensar en una película ya algo antigua: Condenada, donde una Sharon Stone destrozada y pesimista se enfrenta a la pena de muerte.  Ella, una mujer completamente distinta, rehabilitada y arrepentida de lo que hizo, no tiene ninguna opción de reinserción y, finalmente, ha de morir gracias a la jurisprudencia norteamericana. Muchos de los lectores pensarán: ¿Qué tiene que ver esto con España?, si en nuestro país no existe la pena de muerte ¿por qué estas comparaciones? Pues bien, sé que en nuestro país no hay cadena perpetua ni pena de muerte, pero también sé que aunque son pocos los que usan los términos perpetuo y muerte, es lo que en la mayoría de los casos se oculta en el fondo. Es algo que no deja de resonar en cada una de las tertulias que los amarillistas.

Si la cárcel no sirve para crear una sociedad mejor, para modificar la conducta del preso y permitir que se convierta en un elemento útil en nuestra sociedad, ¿para qué sirve? ¿Para hacinar preso tras preso? ¿Abandonarlos a su suerte como si la cárcel fuera Siberia o una isla desierta?

Mi duda es que si en vez de crear espectáculo para lograr mayores cuotas de audiencia y provocar una alarma social inútil e innecesaria, no sería mejor trasladar al excarcelado a un lugar apartado de donde cometió el crimen y asegurarle una vida discreta; si en lugar de criticar la decisión de Estrasburgo o aterrar hablando del riesgo de reincidencia del delincuente, no se podría establecer un mejor control del preso o una seguridad ciudadana mayor (y no me refiero a multar con 30 000 euros por insultar a un policía o manifestarse de forma pacífica).

También quiero hacer constar que soy consciente del dolor que esos excarcelados han provocado a cientos de familias, pero que con el ojo por ojo ya sabemos cómo acabamos. Así que no hagamos lo que muchos de los que nos meten el miedo en el cuerpo y nos acosan a todas horas con rostros de criminales pretenden que hagamos y no hagamos justicia con nuestras propias manos, ya que seguro que luego el peso de la ley cae con más fuerza sobre nosotros.

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One Response to ¿Se puede cambiar?

  1. José Antonio Ricondo Torre 9 diciembre, 2013 at 8:32

    La columna de Héctor Anaya es valiente e interesante. Lo primero porque, con lo que está cayendo, la razón que le asiste se contradice con los ‘ánimos’ en nuestra España. Lo segundo, porque esa idea tardará en ir fraguando aquí lo que queramos y tarden los medios en hacerla pedagogía. Ya no se trataría primero de hablar sobre la política de reinserción, sino al menos simultáneamente de que también los medios y los poderes comenzasen a ocuparse de verdad de esta civilización y su demencia.

    A quién se le hubiese pasado por la cabeza que en Noruega podrían haber sido asesinados, hace casi dos años y medio, 85 jóvenes valores en el país, futuros dirigentes de una sociedad bien preparada y modelo para los del sur? Pues este caso puede ser un precedente para nosotros porque las ideas y la demencia de Breivik laten en Europa y también en España. La reacción de la sociedad noruega, altamente educada, ha sido incomprendida para nosotros. Más, si cabe, la condena del loco terrorista y su paso o paseo por la cárcel, que ya quisiéramos muchos tener los recursos con los que ha contado este nazi.

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