André Boto, algo más que fotografía

Un vídeo de André Boto de la ciudad de Segovia plantea dudas sobre si su trabajo es fotografía o no. Utiliza programas de edición fotográfica, pero el resultado es otra cosa, no una imagen fotográfica.

 

NightWalking-800x485

 

André Boto fue galardonado en 2010 con el premio Fotógrafo Europeo del año por la Federación Europea de Fotógrafos. Pero si miramos su trabajo, a muchos, entre los que me incluyo, nos entran dudas: ¿Hace fotografía o pintura? Antes de opinar creo que sería buena que vierais el vídeo de una de sus últimas creaciones. Ese lugar existe, y es la ciudad de Segovia, una de las más bonitas de España.

 

 

El punto de partida es una fotografía insulsa, de recuerdo, de mira qué bonito es ese castillo (que realmente es un alcázar, es decir, una castillo o palacio fortificado) en lo alto… parece de cuento. La luz y el encuadre no son buenos, pero puede formar parte del álbum de cualquier turista que haya paseado la ciudad con ganas y no se quede en el acueducto y en la comida. Es una imagen normal y cotidiana, sin pretensiones. Un recuerdo de los paseos por la ciudad.

André Boto lo que hace es cambiar las cosas, inventarse un nuevo mundo. Modificar todo lo que no le gusta para crear algo salido de su imaginación. De hecho, la ilustración final tiene, entre otras muchas cosas, recortes de muchas fotografías. Pero lejos de estar contento, lo que hace es lo que algunos conocen como magia o milagro, pues transforma el día en noche, y hace aparecer la lluvia en un día seco.

 

¿Es una fotografía?

 

“La fotografía es la
única manifestación que
exige al autor estar ahí”

 

¿Realmente el resultado es una fotografía? Creo que no tiene nada que ver, y que estamos ante el mundo del diseño digital, pintura digital o como queramos llamarlo. La fotografía se caracteriza por capturar aquellos que sucede delante de la cámara, con la subjetividad propia del autor. Luego, delante del ordenador, o en un laboratorio, el autor, interpreta la información que tiene el archivo y consigue la imagen final. Esa interpretación se refiere al recorte, los ajustes necesarios para oscurecer u aclarar distintas zonas, y todo lo que sea necesario para que esa realidad se acerque a lo que vio el fotógrafo. Si el trabajo de campo se ha hecho bien, si el disparo es bueno no es necesario pasar muchas horas delante de la pantalla del ordenador.

El impresionante trabajo, porque no se puede definir de otra manera, de André Boto, son por lo menos cinco horas de esfuerzo. Además sólo vemos la realización, recortada para no averiguar los trucos y las capas. Según podemos ver en su página, con bastantes premios como el de fotografía de naturaleza 2009 de National Geographic, la fotografía que nos mueve a esta reflexión tiene 156 capas, ni una más ni una menos. Este chico es un verdadero maestro de Photoshop. Pero no es un fotógrafo. Es un enorme diseñador gráfico que nos deja sin palabras.

Con el nacimiento de Photoshop, que no fue el primer programa de edición digital, pero sí el que popularizó toda esta historia, apareció una nueva forma de expresión que todavía no tiene un nombre claro, que está más cerca del collage que de la fotografía. Es un intento de recrear una realidad fabulada a partir de varios fragmentos con la intención de convertirla en verdad.

Puedo parecer un viejo cascarrabias de nuevo y un enemigo de las novedades, pero no es así. Siempre he visto la fotografía como la única manifestación que exige al autor estar ahí. Y este tipo de trabajo no tiene nada que ver. Puedes estar en el desierto y recrear con imágenes propias y descargadas de Internet que estás viviendo una aventura en lo alto del Kilimanjaro. Es un trabajo creativo desarrollado sólo en el ordenador.

Para los más curiosos, la edición la ha hecho con una tableta gráfica y con la versión CS5 de Photoshop. Ni siquiera la última versión. Está claro que hay que saber manejar el programa a fondo, que cualquiera se puede maravillar con el making off, pero dudo mucho que se sienta la misma satisfacción que cuando te encuentras en Segovia, en una noche lluviosa, con el alcázar iluminado y ves a un hombre cruzar la calle con un paraguas negro y te llevas la cámara al ojo y captas ese instante. Creo que la magia está ahí, en ese momento. Lo demás son recreaciones. ¿Qué pensáis?

 

 

[ALTfoto]

Noticias Otros Medios

Deja un comentario