La vie d’Adèle

Por Amparo Gómez-Angulo Guillem

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Título original: La vie d’Adèle – Chapitre 1 & 2
Año: 2013
Duración: 180 min.
País: Francia
Director y guionista: Abdellatif Kechiche
Reparto: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens, Jeremie Laheurte, Alma Jodorowsky
Género: Drama romántico
Web Oficial: http://laviedadele-lefilm.com/

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Pese a la polémica generada a su alrededor,  La Vida de Adèle ha venido cosechando (merecidos) premios y elogios de la crítica desde su estreno en el Festival de Cannes 2013, donde fue galardonada con la Palma de Oro. Basada en la novela gráfica Le bleu est une couleur chaude (El azul es un color cálido) de Julie Maroh, competirá próximamente en la categoría de Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro. Con apenas 4 películas en su haber, el ya reconocido en Francia Abdellatif Kechiche (por las premiadas La escurridiza o Cous-cous) se consolida como director revelando al mundo una asombrosa sensibilidad para dibujar el alma humana.

adelePenetrante, desoladora, bella, auténtica, desgarradora. Así es La Vida de Adèle. Una historia de aprendizaje y crecimiento a través de la experiencia dolorosa que (casi siempre) es el primer amor. La protagonista queda absolutamente fascinada el día que ve a Emma, una carismática mujer homosexual de pelo azul. Tras encontrarse de nuevo, nace entre ellas un amor capaz de ignorar las diferencias sociales que las separan y el rechazo de quienes las rodean. Es una adolescente e indecisa Adèle la que se abandona a este primer (gran) amor y nos invita a acompañarla por los diferentes e inevitables estadios que atraviesa la relación: desde la turbación de la primera mirada y la excitación de los encuentros iniciales hasta el doloroso desgarro de la separación, pasando del deseo desmedido y el sexo febril, a la amarga indiferencia de la rutina. Un amor tan intenso y pasional como doloroso, que marca una antes y un después en su vida, dando paso a la mujer libre e independiente que empieza a ser. Adèle comienza a andar su propio camino y aprende (y nos recuerda) que, pese a todo el sufrimiento, la vida sigue.

Lo que es la típica historia de amor, sí, pero contada desde una perspectiva tan cercana y natural que la trama cobra una abrumadora (por momentos embarazosa) veracidad. Todo es de una sensibilidad y un intimismo tales que poco importa que las protagonistas sean dos mujeres, pues todos hemos sido alguna vez Adèle, obsesionados, rendidos, desgarrados por amor. Sin entrar en complejos diálogos, Abdellatif Kechiche logra emocionar y transmitir los sentimientos más profundos del alma humana por medio de bellos primerísimos planos; miradas que irradian deseo, bocas llenas que hablan de ansia o pieles que se encuentran anhelando la fusión, como máxima expresión del amor. El director, en su afán de realismo, detiene la cámara y se recrea en actos cotidianos tan naturales como comer, dormir, llorar o practicar sexo, que son filmados al milímetro en largas secuencias.

Así, introduce al espectador en lo más hondo de la intimidad de Adèle y de la misma manera que presenciamos cómo devora un taco de principio a fin, somos testigos de un encuentro sexual de 10 minutos que abarca desde el primer beso hasta el mismísimo clímax. Una escena acompañada únicamente por jadeos, gemidos y choque de pieles, tan real que uno puede removerse en su asiento y llegar a sentir que no debiera estar mirando. Perfectamente justificable si entendemos que el director busca la máxima autenticidad posible. Demasiado larga, sin embargo, para los celosos de su intimidad. Perversión, incluso, para quien sospecha de las intenciones del director. Pero, ¿no son acaso el sexo y el placer la única manera de dos enamorados de saciar su deseo?


Sí, pero Kechiche puede incomodar, y mucho. Nos desnuda, nos hurga en el alma, y no todo el mundo está dispuesto. Para ello se sirve de Adèle Exarchopoulos, que se entrega al papel protagonista y conquista desde el primer momento, inundando la pantalla con sus ojos, sus gestos, su forma de peinarse, de comer, de llorar. La (hasta ahora) inexperta actriz logra contagiarnos de la misma manera su sensación de plenitud y de vacío, su placer y su dolor. Y todo de la mano de la siempre sensual y magnética Léa Seydoux en la piel de Emma que, pese a su color de pelo y a una actuación igualmente espléndida, queda eclipsada por la naturalidad y fuerza de la inolvidable Adèle.

 

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Abdellatif Kechiche describe de manera sutil el complejo despertar vital que es la adolescencia y nos regala un bello retrato sobre el camino a la madurez a través de una experiencia universal: el amor. Un espectáculo visual y sentimental rotundo y conmovedor. Eso sí, no apto para pudorosos ni feministas susceptibles.

 

Lo mejor: la forma de llorar, desconsolada, de Adèle
Lo peor: la banalización y la censura que han provocado las escenas de sexo

 

 

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