La cruda y silenciosa agonía del Racing en 2ªB

 

  • En cinco años ha pasado de empatar al PSG y ganar al City en Europa a tirar de la recaudación de la tienda para viajar a Avilés en liga (400 km ida y vuelta)
  • Fracaso de la ampliación de capital: se reunieron 33.000 euros de los 25 millones necesarios para el bienestar económico según los administradores concursales
  • Con Pernía arrinconado y Alí Syed desprovisto del club, Ángel Lavín es de los últimos escollos a limpiar rumbo a la regeneración, ahora bajo mando judicial
  • Muchos medios han relativizado el altercado en el palco durante el Racing-Almería atribuyéndolo a los ultras, pero la realidad del acto fue sensiblemente distinta
 

 

aficion_racing_ep_110113.columnas_8Afición del Racing de Santander / Ep

 

Por Manu Mañero

 

Va líder de su grupo en la antesala del fútbol profesional, empatado a puntos con el siempre adorable Guijuelo de la tierra del pecado carnal; sólo ha perdido con su tocayo de Ferrol y con el Burgos, y mientras pena por la insalubridad de ese balompié abocado al fracaso económico y estructural en España, además ha eliminado a todo un Sevilla de la Copa del Rey –con victoria en Hispalis incluida, viaje del que volvieron en autobús (son más de 800 kilómetros evitando Madrid), pero no ha vuelto a saltar a los informativos hasta que, atusando su mortaja, ha revelado que sigue en peligro de extinción y que el futuro es casi más negro mirando a mañana que a pasado.

Pernía ha tenido que declarar en
los juzgados por las reiteradas
alegrías que se dio a costa del Racing

El Racing de Santander, que hace cinco años y como excepción a la regla, empató con el PSG en la capital francesa y venció al Manchester City en El Sardinero en la Copa de la UEFA, mantiene un pie en la tumba y el otro cada vez pisa con menos fuerza.

En julio del pasado año contamos que el club se debatía entre la vida y la muerte, situación que sin duda deslucía los fastos –populares- por su centenario, olfateando en busca de un inversor a la desesperada que bien podría haber sido el brasileño Aurelio Almeida, condenado por fraude en su país por diretes inmobiliarios. Y antes incluso de que finalizara el mes, el brasileño dio la espantá: desapareció, como los malos, dando las gracias.

Fue el 26 de julio cuando se apartó definitivamente de la posibilidad de comprar el club, después de que la semana anterior, según él, le hubieran impedido soltar el dinero contante y sonante por “todas las acciones” del Racing, que a las puertas del silencio nominal competitivo cayó sin gloria alguna en la 2ªB española con el ya folclórico suspense que estos últimos años acompaña a los potenciales descensos administrativos de terceros.

 

La baja de Almeida no dolió a nadie, salvo, quizá, a un Francisco Pernía con el que conserva una estrecha relación y que sin duda tenía en el empresario brasileño a otro delfín –más exótico que ‘Harry’, de largo- para seguir menudeando con uno de los activos más potentes de Cantabria. Pernía, ya muy contra la pared, conservaba incluso su puesto como vocal de la RFEF pese a llevar dos años fuera del Racing, al menos de iure. Hasta que Ángel María Villar, otro colegote con el que se lleva fenomenal –Dios los cría…- dio más relevancia al clamor del gentío que a la unión y fuerza de sus sillas frías, y le dio boleto a finales de septiembre del pasado año.

 

Lavín naufragó en el intento de
ampliación de capital de octubre
pero defendió sus privilegios frente
a otros trabajadores del club

Más apartado de la escena, Pernía ha tenido que declarar, eso sí, en los juzgados, por las reiteradas alegrías que se dio a costa del Racing. Tras una de las últimas, en noviembre, con motivo de una querella presentada por la Asociación de Exjugadores del Racing (entre los que se cuentan Munitis, Ceballos o Setién), el abogado de la asociación definió ante los medios su actitud durante el juicio como “sumisa”. Su luz se apaga.

La que se mantiene, y se trata en definitiva del siguiente enemigo a neutralizar como se demostró en el partido de Copa ante el Almería, es la de la persona que dejó Pernía al frente del Racing; Ángel Lavín. Ya nadie le llama Harry, porque Harry no es el nombre que figura en las denuncias e investigaciones contra él que hay en curso.

Lavín naufragó con el intento de ampliación de capital de octubre (se reunieron poco más de 33.000 euros de los 25 millones que se pretendían para garantizar la viabilidad económica del club, que adeuda tres mensualidades a sus jugadores –motivo de la protesta sobre el campo del otro día- y que tirará de la recaudación de la tienda para acometer los viajes a Avilés en liga y Almería en Copa) pero, ni corto ni perezoso, calificó de “absurda” la protesta de los jugadores y defendió sus privilegios frente a otros trabajadores del club. A día de hoy una de las realidades es que los mejores futbolistas del equipo están huyendo de la quema (ya ha salido Nieto, rumbo al Córdoba, quien llegó a jugar en Champions con el Real Madrid) y otros como el portero Mario Fernández pasaron a la fuerza de cobrar 300.000 –una cifra irreal- a 90.000 euros anuales (que para mí los quisiera yo).

Lo que los jugadores exigen a Lavín, fundamentalmente, es que no mienta. El presidente les prometió hasta en más de tres ocasiones según la AFE, que cobrarían las nóminas de las que todavía no saben nada. Y los futbolistas, aunque a veces se nos olvide porque dirigimos los ojos a los de las marquesinas y las portadas de los videojuegos, tienen bocas que alimentar y letras que pagar, también.

syed_racing_santander_ep_110114.columnas_6Alí Syed / EP

 

Lavín es ducho en el arte de desdecirse, pues en el mismo mes de julio, con apenas unos días de diferencia, pasó de decir en una entrevista en El Mundo [pdf] que el Racing ya no era competencia del indio fraudulento Alí Syed –recordado por parodiar el Waka-Waka de Shakira en el palco y por el apretón de manos con Revilla-, a afirmar que si fallaba la ampliación de capital (como sucedió), el club seguiría en manos de su empresa. El problema es que Alí Syed no pagó nunca, y en noviembre el club volvió a manos de Jacobo Montalvo, quien en menos de un mes tuvo que aguantar que una sentencia nombrara a un administrador judicial para el Racing. Su frase de entonces pasará a la triste historia del vodevil racinguista en los despachos: “para nombrar a un taquillero no hacía falta tanto numerito”.

Sería temerario poner al día la situación del Racing pasando por alto los incidentes de parte de la afición contra Lavín frente al Almería. Lo que en muchos medios nacionales –El Diario Montañés incluido- se contó como un asalto ultra al presidente del Racing no fue más que la expresión desesperada de una masa llevada al límite: porque si bien es cierto que en el altercado participaron algunos componentes de ‘La Gradona de los Malditos’ (la Grada Joven de los santanderinos), el fuego lo inició un aficionado cualquiera al que se unieron otros, y en definitiva muy pocos o ninguno de los presentes censuró la invasión, sino más bien al contrario. Ni Quique Setién, ni Bernardo Colsa (presidente de la Asociación de Peñas del Racing) ni el mismísimo Revilla, encantado de dar su opinión, fueron contundentes en la censura al gesto. Y en definitiva, la situación es que el Racing, contando euro a euro sus bienes, líder en su grupo de 2ªB y vivo en Copa tras eliminar al Sevilla y empatar con el Almería, todavía tiene demasiadas habitaciones que airear, mucho más allá del incidente en el palco, que no muestra sino la punta del negro iceberg que unos pocos forajidos han levantado en la Bahía de Santander.

 

 [ZoomNews]

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