La triste inspiración del Frankestein, de Mary Shelley

Por Sandra Ferrer

 

perfil1Si pensamos en los clásicos del terror, seguramente en la lista que hagamos aparecerá el nombre de aquel ser reconstruido con pedazos de otros y traído de la muerte en un macabro experimento científico. Realmente cuando supe que la aberrante historia de Frankenstein la había creado una mujer con el dulce aspecto que muestra en uno de sus retratos más conocidos me sorprendió bastante.

Aquella dama inmortalizada con una sonrisa casi imperceptible mirando al pintor con ojos dulces era Mary Shelley, una dama inglesa cuya vida estuvo marcada por la muerte. La de su madre, a la que no conoció pues falleció días después de su nacimiento, pero a la que veneró a lo largo de su vida, no en vano, estamos hablando de Mary Wollstonecraft , una de las feministas más famosas de todos los tiempos; la de la mujer de su amante en extrañas circunstancias; la de su propio marido; la de tres de sus hijos…

 

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Cuando se explican las razones que inspiraron a Mary Shelley a escribir Frankenstein siempre se alude a los campos escoceses en los que vivió durante un tiempo y a un sueño que tuvo poco antes de poner por escrito la terrorífica historia por petición de Lord Byron en un extraño juego de literatos en su famoso encuentro en Ginebra.

Pero yo creo que la muerte que acechó su existencia fue la que inspiró a una mujer que buscaba la respuesta a la gran pregunta y soñaba con jugar a ser Dios en un relato que ella misma hizo terminar del modo más oscuro posible.

La muerte también le llegó a Mary Shelley, un 1 de febrero de 1851, después de haberla perseguido durante los últimos años de su vida en los que sufrió un terrible tumor cerebral. No hubo entonces ningún Doctor Frankenstein que intentara resucitarla pero su obra la hizo inmortal. En cierto modo, había burlado al olvido de la muerte.

 

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