«Van a sacralizar a Cortázar hasta el escándalo», dijo su editor

Cortázar de la A a la Z, el flamante álbum biográfico ilustrado con 300 palabras del universo del escritor y que encabeza el vendaval de honores con motivo del centenario de su nacimiento, es “un homenaje sincero” dentro de una sacralización ya “escandalosa”, señala Carles Álvarez Garriga, editor de este libro, que se convierte en el último con inéditos.

 

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En 1981, Cortázar dijo “no soy muy amigo de la biografía en detalle. Eso que lo hagan los demás cuando yo haya muerto”.

A 30 años de su muerte -aniversario que se conmemora hoy miércoles- y sin olvidar esa sentencia que cita en el prólogo, Garriga sacó a la luz, junto a la viuda y albacea Aurora Bernárdez, un libro que con entradas de palabras clave y diseño del argentino Sergio Kern revela vida, obra y entorno fraternal y familiar del escritor.

Este diccionario para devotos cronopios es, según su editor, “una nueva aproximación al escritor y al hombre”, pero se sincera con una anécdota con menos impacto comercial: “Juan Cruz, periodista de El País, me dijo: `es un libro que a Julio le hubiera encantado diseñar él mismo` a lo que le respondí, `creo que le hubiera dado vergüenza`, porque un libro donde te ves 200 veces, da reparo”.

“Es una idea que tenía en mi cabeza desde hace quince años”, dijo en diálogo con Télam Garriga, uno de los mayores coleccionistas de objetos de Cortázar y quizás el lector más avezado de sus obras, cartas y manuscritos, sobre este diccionario que define cada palabra del mundo cortazariano con sus textos, fragmentos de entrevistas, fotografías, poemas, manuscritos, dibujos y objetos.

El libro, que tiene más de dos años de trabajo arqueológico, se puede observar con detenimiento y disfrutar a partir de dos ejes: “uno es el humor, que no te ríes todo el rato, sino a menudo y, el otro, es el diálogo continuo entre texto e imagen, y para eso teníamos la ventaja de que son muy buenos los fragmentos de Cortázar, puedes tomar un capítulo suelto y tiene un sentido”, cuenta Carles desde su Barcelona natal.

Más allá de las especulaciones sobre lo que Cortázar hubiera hecho o no, hay algunas verdades que el mismo autor se encargó de dejar manifestadas por escrito, aunque el mito se lo haya llevado puesto. Una de ellas aparece en la entrada del diccionario, en lo que con buen tino, los editores bautizaron “Sacralización”.

“(…) eso de la sacralización y la fama cuando consiste en las tonterías y en los oropeles, me disgustan; pero tengo, sin embargo, una conciencia muy clara de lo que he hecho y sé muy bien qué significó en el panorama de la literatura latinoamericana, la aparición de `Rayuela`. Y sería un imbécil o tendría una falsa modestia repugnante si no dijese esto”, expresó Cortázar en una entrevista de Rosa Montero en 1982.

Al respecto, Carles -que ha contribuido mucho a que perdure y se revalorice la obra- remarcó: “Cortázar ya está sacralizado, y este año lo van a sacralizar hasta el escándalo. Pero este libro es el homenaje más sincero, porque no es solemne y en ningún momento se exagera la fama; es de apariencia modesta y él sale de pe a pa, con todo lo que hizo y pasó, más feliz o menos, como su entrada a Cuba, donde da explicaciones que son un poco ridículas”.

Inspirado en el “Borges A/Z” que publicó Siruela, en este libro  hay 300 palabras del mundo cortazariano, “La idea era loca, un poco cronopia”, dice Carles que contaba con el archivo de textos de Bernárdez, su propia colección de objetos -en tres vitrinas de su casa- y más de 1.500 imágenes del fondo fotográfico que cedió la viuda al Centro Gallego de las Artes de la Imagen.

Con términos que van desde “axolotl”, “París” pasando por “asado”, “humo”, “polidor”, “Snoopy”, “mitología”, “box”, “Buenos Aires”, “Carol” hasta “lo Fantástico”, “Chivilcoy”, “Humor”, “Vejez” y la letra “R” en sí misma se suman entradas con nombres de sus amigos, sus amores, libros y personajes, hasta sus objetos de todo tipo y facsímiles de primeras ediciones y traducciones.

“Le dije a Aurora vamos a improvisar tres o cuatro palabras a ver qué le parece al director general de Alfaguara, Fernando Estévez, y lo publicitamos con una frase dichosa, `un libro para leer en el metro` (subte). No queríamos un catálogo de tapa dura que pesara 20 kilos, queríamos un libro más popular”, cuenta. La idea prosperó y pronto hubo que pensar más términos.

“Las primeras 30 fueron de cajón. Teniendo una foto de la abuela -una de las personas más importantes en la vida de Cortázar-, Aurora, Paco Porrúa, etc.; luego, todo lo referido a sus libros, con eso llegamos a cien, pero había que tener 300, entonces pensé en las etapas de su vida, la infancia, la juventud, la madurez que se da por hecho y la vejez”.

“Otros temas -sigue- son sus dos gatos Flanelle y de Teodoro; luego objetos como la pipa, su máquina de escribir, los anteojos, su medalla de nacimiento, la pintura. Se fue llenando. Los primeros dos meses salían diez palabras por día, luego se complicó más y, al final, fue casi imposible”, confiesa sobre la cocina de este libro hecho con una restricción: a cada palabra le debía corresponder una imagen.

El obstáculo mayor, dice Garriga, fue llegar a la W. “No teníamos nada hasta que encontramos una anotación inédita que es un sueño de Julio y dice: “hablaban de Hugo Wast, dirás Hugo Wasn`t” era un chiste muy bueno”, agrega.

En el anecdotario detrás del libro, Carles cuenta que lo más loco es lo que sucedió con la medalla de bautismo cuando Aurora la encontró en París y le preguntó a quién se la podía regalar. “`Bueno, evidentemente a mí`, le dije y ella sugirió `pero tú no crees en Dios`, a lo que le respondí “No, pero creo en Julio”. Y Carles se la ganó.

Entre otras perlas hay una punta de flecha Tehuelche que Porrúa encontró en la Patagonia y se la regaló a Cortázar y “ediciones de libros rarísimas como la reproducción de la primera edición de `Presencia`, el libro que firmó con el seudónimo Julio Denis en 1938 y que le dedicó a su abuelita”, señala el editor.

En el espeso buceo entre las lecturas, las 3.000 páginas de cartas y los archivos, Carles se topó con la magia. “Hubo encuentros entre imagen y texto, como en `recuerdos`, donde hay una foto del carnet de Cortázar de 1941 una suerte de pase para viajar en tren y encontré un texto en `Último round` que se refería exactamente a ese objeto. Ese, fue un encuentro Cort-Azar-Iano”.

“Cortázar de la A a la Z” no tiene nada de “oropel” sino que es un contundente y pensado homenaje que abre parte del universo personal y del pensamiento que el autor de Rayuela le dejó al mundo. “Es el último libro que yo voy a hacer de Cortázar porque no quedan más inéditos. Este es el colofón. Ya no hay más”, concluye Garriga.

 

 

[Télam]

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