Un tal Machado

Por José Antonio Ricondo

 

Dicen que lee con los niños
lo que escribió un tal Machado
que anduvo por estos pagos
antes de ser exilado.

 

Es una de las estrofas de El maestro (1973), canción escrita y cantada por Patxi Andión. ¿Quién no leyó un poema del poeta sevillano, de este hombre bueno, huyendo de perder por más tiempo el tiempo?, ¿quién, mirando los ojos ávidos y expectantes de los niños, no dejó que su alma divagase con la suya, fue al rincón de los libros y cogió ‘el de siempre’, viejo y limpio, siempre sin empolvar?

 

 

179451_640pxDon Antonio, en el Café de las Salesas. Madrid, 1934.

 

Siempre era mejor empezar la clase sin broncas, malas caras y mañanas sin sol siempre anochecidas. A los que ya hemos comenzado la década de los ’60 nadie nos habló del sevillano, siendo niños. Le ‘tuvimos que leer’ o, al menos saber que existió, para los exámenes de bachillerato, de corrida, sin saber qué decía o quería decir el poeta, para cumplir el expediente.

Siempre era mejor comentar con los niños una estrofa que sacar contra la pared -¡qué cuarenta años de paredes y paredones!, ¡qué paranoia!, ¡qué cortedad!- al niño malo, muy malo, y con orejones preparados para sadismo del ineducador, y befa y también miedo de los demás.

Porque, a pesar de que la infancia del poeta fueron “recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero”, también sus años escolares dejaron que desear en una época de plena Restauración borbónica con un analfabetismo del 65% de la población y una formación totalmente deficiente de los maestros. Así recuerda a sus 32 años, aquella soledad del alma infantil:

 

 

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
“mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón”.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

 

 

Por eso, ¿tiene sentido traer sus restos a España? Grandes poetas ha dado el país y, sin embargo, dudo de que, según están las cosas en educación y cultura, sea el momento adecuado para que aquí descanse el poeta…, cuando aquí no descansan ni los muertos. Me propongo volver a Colliure, pero no en primavera o verano. Las enormes caravanas para bajar hasta la mar de este pequeño municipio pirenaico del Rosellón lo hacen intransitable, pesado y demasiado veraneal para peregrinar serenamente adonde está el poeta.

 

 

machado
DSCF6591 A los pies de la tumba siempre con flores y versos, una inscripción nos recuerda una estrofa muy conocida suya y que nos avisa sobre la coherencia que tuvo este hombre bueno, tanto en su vida como en su muerte, con sus versos.

 

carta Moscú, 8.VIII.35.

Muy señor mío:

Le agradezco sincera y profundamente el envío de su autobiografía y retrato.
No tardaré en mandarle el número de nuestra revista donde aparecerán.
Tendría mucha gana de publicar en la edición rusa algunas poesías suyas. Podría Ud hacer para nosotros una selección?

Le saluda muy atentamente,

Redactor en jefe de la revista

“Literatura Internacional”

(Sergio Dinamov)

 

 (En Luis Díez Álvarez, Blogs UCJC, 12.10.09.)

 

En cuanto al relieve internacional que tuvo don Antonio, el periodista Luis Díez Álvarez tuvo acceso hace cinco años a la abundante correspondencia -dentro de la incalculable documentación que el Ministerio de Cultura anterior al Gobierno actual copió y rescató de los archivos rusos durante la II República y la Guerra Civil española- entre Antonio Machado y Pío Baroja y los jefes de la revista rusa Literatura Internacional.

En la carta de arriba, se prueba la admiración que el pueblo ruso, cuya Revolución aún no había cumplido dieciocho años, profesaba por Antonio Machado. La revista le requiere el envío de alguno de sus versos, su autobiografía y alguna foto.

La segunda carta, pasados cuatro años desde la primera y a tan solo 24 días de partir exilado a Francia, la escribe don Antonio. Ha recibido unos francos, firmando el acuse de recibo, por reproducir su poema dedicado al asesinato y maldad contra el poeta granadino Federico García Lorca El crimen fue en Granada:

 

otra 

Barcelona a 4 de enero de 1939

Sr. D. T. Rokotov.

Redactor de la revista “Literatura Internacional”

Moscou.

 

 

Muy Sr. Mío:

Me es grato poner en su conocimiento que a su debido tiempo envié el acuse de recibo correspondiente al importe de la cantidad por Utds. enviada (204,37) al Banque Commerciale pour l’Europe du Nord.

Dándole las más expresivas gracias le saluda atentamente.

 

 

Antonio Machado

(En Luis Díez Álvarez, Blogs UCJC, 12.10.09.)

 

 

Antonio Machado no es para explicarle. Es para leerle  y recitarle, en silencio o en público. Nos deja su más íntimo lirismo. Sus Campos de Castilla. Su dolor por la muerte de su mujer Leonor. El poeta queda sumamente angustiado y escribe:

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

 

Nos deja un aviso, una premonición, ahora que está amenazada la libertad de expresión:

 

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

 

 

Antonio MachadoRetrato que le hizo su hermano Pepe y que él utilizó para dedicárselo a un poeta ruso

 

 

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