«Laura», por Hugo Camacho

Laura

Hugo Camacho

Sus manos no parecían pertenecerle mientras montaba y activaba su arma reglamentaria. Siempre tenía aquella sensación al realizar patrones de movimientos que le habían sido implantados durante su formación. Tenía las piezas delante y con solo pensar en lo que tenía que hacer, su cuerpo ejecutaba los movimientos. Así podían mantener la mente concentrada en otras cosas mientras realizaban actividades mecánicas.

Allí estaba, saliendo del ascensor que le había llevado al piso donde vivía su objetivo con el arma zumbando en una mano derecha, que volvía a sentir como suya, por desgracia. Pensó en el nombre del objetivo, lo único que les daban además de una simple foto: Laura. En el mismo momento en que empezó a preguntarse si aquella mujer tendría hijos, sueños o aficiones, el lema del Cuerpo irrumpió en su mente y nubló cualquier posible pensamiento que le llevara a simpatizar con el objetivo. «Impondrás la verdad hasta la muerte, para la mentira no existe la piedad». Sin embargo, había algo en su interior que le impulsaba a intentar descubrir los motivos por los cuales la mujer se había servido de la mentira… Los bloqueó: le habían enseñado desde pequeño que no existe la mentira legítima.

Llegó ante la puerta número cuatro y la tiró abajo de una patada. Justo delante del agente Veron había una mujer sentada en el suelo con dos niños pequeños a su lado. Los tres lo miraron, primero sorprendidos y enseguida aterrorizados. Todo ocurrió en menos de un segundo. Pronunció el nombre del objetivo, “Laura”, y en el mismo momento en que la mujer lo miraba, su cerebro reconoció los rasgos de la foto. Era ella. La apuntó con el arma y algo dentro de su cabeza, diferente a las intromisiones mentales programadas por el entrenamiento, empezó a mostrarle imágenes en las que veía a la mujer mintiendo en la cola de racionamiento para conseguir un medicamento al que su tarjeta no le daba acceso. Otra imagen mostró a uno de los hijos de Laura postrado en la cama, enfermo, y a la mujer administrándole una pastilla blanca con un vaso de agua turbia.

De inmediato, su mente volvió a ser intervenida por el lema del Cuerpo, que no dejó de repetirse mientras apretaba el gatillo y abandonaba el cadáver de la mentirosa en el suelo, rodeado por los niños. La frase no se apagó hasta que llegó a la central: «Impondrás la verdad hasta la muerte, para la mentira no existe la piedad».

Sobre el autor

Hugo Camacho escribió este relato originalmente para el taller de ciencia ficción de Escuela de Fantasía. Trata de juntar todas las palabras que puede y algunos de sus relatos se pueden leer en Ilustrofobia (Underbrain Books) o Halloween Tales 2013 (Relatospulp Ediciones) o en su blog: El duende de la perversidad.

© Cuadro de Mary Cassat titulado «Joven madre con dos hijos».

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